Capítulo 12 Ventaja Emocional #3
—La pregunta aquí no es la legalidad del documento, señorita Bloom. La verdadera pregunta es si su orgullo personal vale más que los cien millones de dólares que salvarán el nombre y el legado de su difunto padre.
Sienna la miró, sintiéndose profundamente humillada, expuesta y furiosa. Soltó una risa incrédula, con los ojos empañados de rabia.
— ¿Cómo puede alguien ser un ser tan miserable y calculador? Jamás me casaría por dinero con un desconocido.
Olivia inclinó apenas la cabeza, guardando los documentos en su maletín.
—Yo en su lugar lo pensaría con la cabeza fría. No todos los días un hombre ofrece cien millones para rescatar a una familia de la calle.
—No hay nada que pensar —sentenció Sienna—. Él es el socio mayoritario ahora. Si Bloom conocía el falso orgullo de los ricos mejor que nadie.
Olivia West cruzó lentamente las piernas en el sofá de enfrente, observando al atleta con una atención que bordeaba lo sutilmente coqueto. El poder y la frialdad táctica de David Blake le resultaban fascinantes.
—Quizá si ella supiera quién es el hombre detrás del dinero… estaría mucho más predispuesta a aceptar el matrimonio —comentó Olivia, lanzándole una mirada cargada de insinuación—. Una superestrella de los Celtic s es más atractiva que un inversionista anónimo.
David apenas reaccionó a la coquetería de la abogada. Mantuvo la vista fija en la ciudad iluminada a través del ventanal.
—No sabrá absolutamente nada de mí hasta que acepte firmar el acuerdo —sentenció David, con una voz profunda que denotaba un control absoluto.
Olivia arqueó una ceja, intrigada por la rigidez de su estrategia.
— ¿De verdad quieres llevar este juego de poder tan lejos, David? —Cuestionó James. Te estás jugando cien millones de dólares más lo de las acciones solo para obligarla a estar cerca de ti.
David apoyó lentamente una mano sobre la superficie del escritorio de cristal. Sus ojos verde azulados se endurecieron, transformándose en dos piezas de hielo brillante que hicieron que incluso la experimentada abogada guardara silencio.
—Quiero saber exactamente hasta dónde es capaz de llegar ella por pura ambición —sentenció, con una voz profunda que arrastraba el eco de un dolor antiguo.
James lo observó en silencio desde su asiento mientras una certeza inquietante cobraba forma en su mente: David no había regresado a Boston para dominar la pintura de los Celtics. Había vuelto para cobrar las deudas del pasado. Y se estaba tomando aquella venganza de una forma peligrosamente seria.
Más tarde esa misma noche, en el departamento de Back Bay, Sienna le relataba cada detalle de la propuesta a Evelyn desde el sofá de la sala.
—No puedo creer una sola palabra de lo que me estás diciendo —declaró Evelyn, manifestando una indignación genuina—. ¿Así que la prestigiosa firma de los Hale ahora se dedica a representar a acosadores millonarios? Qué absoluta decadencia.
Sienna guardó silencio, sabiendo perfectamente que su mejor amiga aprovechaba cualquier resquicio legal o personal para atacar el apellido Hale; una coraza defensiva que Evelyn mantenía para no admitir cuánto le seguía doliendo la ausencia de James.
— ¿Y qué piensas hacer al respecto? —preguntó Evelyn, cruzándose de brazos.
—Exactamente lo mismo que le respondí a esa abogada —aseguró Sienna, imitando el gesto—.
No pienso vender mi vida ni casarme por dinero con un desconocido.
Aunque… —hizo una breve pausa, mirando el reflejo de la noche en el cristal — no puedo negar que tengo una curiosidad tremenda.
¿Quién demonios se tomaría tantas molestias y gastaría cien millones de dólares solo para humillarme a mí?
En ese instante, un destello de malicia e intuición hizo clic en los ojos de Evelyn. Una posibilidad descabellada cruzó su mente de abogada en formación. Se incorporó rápidamente en el asiento, clavando la mirada en su amiga.
—Sienna… deberías aceptar.
Sienna casi se atragantó con su propia respiración.
— ¿Perdón? ¿Estás loca?
—Escúchame bien —insistió Evelyn, con una sonrisa astuta—. Vas a hacerles creer que aceptas el trato. Y cuando tengas al idiota cara a cara en la sala de juntas… simplemente te niegas a firmar el documento. Lo dejas en evidencia.
Sienna parpadeó, analizando la estrategia. La idea de contraatacar no era mala en absoluto.
—La abogada West dejó muy en claro que la identidad del inversionista solo se revelará en el momento exacto de estampar la firma.
—Pues tú también pon tus propias condiciones corporativas —decretó Evelyn con firmeza—.
Infórmale que solo vas a firmar si el comprador mayoritario está presente en el despacho.
Yo iré contigo. Es una lástima que todavía no tenga la licencia en mis manos para destrozarlo legalmente, pero Oliver Miller aceptará ser tu representante legal.
Sienna, impulsada por una mezcla de orgullo, curiosidad y los feroces alegatos de su amiga, tomó la tarjeta texturizada y marcó el número de Olivia West. En ese preciso momento, la abogada aún se encontraba en el despacho residencial de James, revisando unos anexos junto a David.
El teléfono vibró sobre la mesa de centro.
—Hola Olivia, habla Sienna Bloom.
Con un gesto rápido, cubrió el auricular con la palma de la mano, dirigiendo una mirada de complicidad a los dos hombres.
—Vaya, caballeros… parece que nuestra Directora General ha cambiado de opinión mucho más rápido de lo esperado —comentó Olivia con ironía, antes de responder con su impecable tono profesional—: — Hola, señorita Bloom. ¿En qué puedo ayudarle?
Al otro lado de la línea, la voz de Sienna Bloom sonó firme, desprovista de la vulnerabilidad de la mañana:
—He reconsiderado los términos de la transacción. Aceptaré la propuesta del fideicomiso y la alianza matrimonial, siempre y cuando su representado se presente físicamente al momento de la firma en mis oficinas. De lo contrario, prefiero ver mi apellido en la calle. Esta es mi última palabra.
—Comentaré su condición con mi cliente y le llamaré mañana para fijar la fecha —sentenció la abogada antes de colgar.
David la observó desde el sillón, debatiéndose internamente entre dos sentimientos contradictorios que le quemaban el pecho: la remota esperanza de que Sienna conservara un ápice de la dignidad que conoció en Andover y rechazara el chantaje, y al mismo tiempo, el deseo oscuro de que se vendiera para tener otra razón legítima que justificara el odio que se obligaba a sentir por ella.
—Dice que acepta la propuesta matrimonial —informó Olivia—.
—Lo sabía —murmuró David, y un deje de profunda decepción ensombreció sus ojos verde azulados.
—Pero tiene una condición innegociable —añadió la abogada, disfrutando del drama corporativo—. Solo firmará si tú estás presente en la sala. Dejó muy claro que es su última palabra.
James soltó una pequeña risa, dando un sorbo a su vaso de whisky.
—Vaya, hermano… esto se está poniendo verdaderamente interesante. Aún le quedan garras a Sienna.
—Dile que acepto —sentenció David, levantándose del sillón de un solo movimiento. Su imponente estatura dominó la habitación—. Ya no tengo absolutamente nada que ocultar. Es el momento perfecto para vernos cara a cara.
El esperado encuentro se pactó para dos días después en la sala principal de juntas de Bloom ninguno de los dos valía la pena.
Una hora más tarde, Evelyn apareció en el despacho luciendo impecable en un traje de sastre blanco perfectamente entallado.
Su sola presencia irradiaba la autoridad de la abogada más intimidante de Boston, a pesar de la falta de una licencia oficial en su cartera.
A su lado, Oliver Miller mantenía una expresión extrañamente seria, sosteniendo el maletín de cuero.
—Gracias por estar aquí, chicos —susurró Sienna, sintiendo que las manos le temblaban levemente.