A un Paso de Odiarte Capítulo 12 Ventaja Emocional #2
51%

Capítulo 12 Ventaja Emocional #2

David bajó la mirada, contemplando sus propias manos de atleta. Había algo profundamente extraño, casi fantasmal, en estar de regreso en Boston.

—Ha sido un camino endemoniadamente largo —confesó, y su voz adoptó un tono más pausado—.

Cuando el Thunder de Oklahoma City me eligió en la primera ronda del draft, te soy sincero, me sentí decepcionado.

Pero luego decidí quedarme por dos años más; me ofrecieron lo suficiente para asegurar el futuro de mi madre y pulir mi juego.

James soltó una pequeña carcajada de orgullo.

—Y vaya que valió la pena. Te has convertido en el mejor jugador de la NBA, ganaste un anillo de campeonato hace un año y ahora estuviste a nada de otra final. ¿Cómo se sintió eso?

—Como un sueño —respondió él—. Lamentablemente, este año nos quedamos a las puertas tras perder la final de conferencia. Estuvimos tan cerca... Por eso decidí volver. Una oferta tan ventajosa sobre la mesa era simplemente imposible de rechazar.

James lo observó minuciosamente, entrelazando los dedos. Su tono se volvió serio.

— ¿Estás completamente seguro de lo que piensas hacer, David?

David no respondió de inmediato, pero la fijeza de sus ojos verde azulados fue respuesta suficiente. Con una lentitud casi ceremonial, James abrió una carpeta de piel negra sobre el escritorio, deslizando un fajo de hojas selladas.

—Ya hice que mi equipo redactara el documento exactamente como lo pediste. La propuesta corporativa está lista.

David observó el contrato. Era una obra de arte de la ingeniería legal: una trampa de oro puro, disfrazada de oportunidad implacable.

—A veces hay que dejar el pasado atrás, hermano —comentó James, suspirando—. No complicar las cosas. No buscar fantasmas.

David levantó la mirada despacio, formulando una pregunta que atravesó directo las defensas de su amigo:

— ¿Y hacer eso realmente te ha hecho feliz a ti, James?

El silencio inundó el despacho de inmediato, volviéndose pesado, casi asfixiante.

James apartó la mirada primero, incapaz de sostenerle el desafío.

En su mente se proyectó el rostro de Evelyn; la última vez que la había visto en persona.

Ahora se conformaba con husmear su vida a través de perfiles digitales anónimos, atrapado en un laberinto de orgullo y añoranza.

—No —admitió James finalmente. La palabra salió seca, rasgando su propia garganta—. No soy feliz, David. Pero aprendí a sobrevivir en la tormenta.

David lo observó en silencio, entendiendo en ese segundo la diferencia crucial entre ambos: James había aprendido a vivir renunciando a lo que amaba. David Blake, en cambio, jamás había podido hacerlo.

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, había amanecido un día hermoso, y Sienna lo odiaba por eso. El sol iluminaba Boston con una crueldad radiante, como si el mundo de su familia no estuviera cayéndose a pedazos a puerta cerrada.

La reunión de la junta familiar llevaba casi dos horas en el despacho principal de la firma, y cada minuto que pasaba empeoraba la situación.

—La solución más lógica y rápida para detener la hemorragia es vender la mansión Bloom en Andover —declaró Sienna, frotándose las sienes con evidente cansancio. Estaba harta de repetir lo mismo—. No podemos sostener los gastos de esa propiedad.

Katharine Bloom reaccionó de inmediato, irguiéndose en su silla como si la hubieran insultado de forma personal.

—Jamás —sentenció su madre, con su habitual orgullo helado—. No pienso rematar nuestro patrimonio para solventar tus malas lecturas del mercado.

Sienna cerró los ojos, intentando no perder los estribos ante la desconexión de su madre.

—Mamá, por favor, entiende. La empresa está técnicamente quebrada. No hay flujo.

Luca intervino antes de que Katharine pudiera replicar, su voz arrastrando una ligereza cobarde que hizo que a Sienna se le helara la sangre:

—De hecho… la mansión de Andover también está hipotecada en su totalidad, Sienna.

Un silencio devastador cayó sobre la oficina. Sienna abrió los ojos y giró la cabeza lentamente hacia su hermano.

— ¿Qué dijiste, Luca?

Luca desvió la mirada de inmediato, acomodándose el cuello de la camisa.

Esa simple muestra de cobardía fue suficiente para que ella lo entendiera todo de golpe.

Su madre y su hermano habían dispuesto de absolutamente todo detrás de su espalda: préstamos, segundas hipotecas, acuerdos desesperados con prestamistas.

Todo sin consultarle una sola palabra, y ahora esperaban que ella realizara un milagro financiero para salvarlos de la prisión o la indigencia.

Sienna estaba a punto de estallar cuando la puerta se abrió y su secretaria apareció con el rostro desencajado por el nerviosismo.

—Señorita Bloom… lamento interrumpir. Una abogada del bufete corporativo de la firma Hale Corporate exige verla. Dice que es un asunto de máxima prioridad.

El nombre capturó la atención de Sienna al instante. Los Hale. La poderosa dinastía de James.

—Hazla pasar de inmediato a mi despacho —ordenó.

Minutos después, una mujer cruzó el umbral.

Caminaba con la seguridad de quien domina cada lugar al que entra; elegantemente sofisticada, obviamente inteligente y peligrosamente hermosa.

Tendría unos veintisiete años, lucía un cabello rubio perfectamente peinado en un corte sofisticado, ojos de un café intenso y una presencia corporativa que imponía respeto antes de articular palabra.

Por una fracción de segundo, Sienna pensó absurdamente en la superficialidad de Scarlett, pero no; esta mujer no irradiaba frivolidad. Irradiaba un control absoluto y letal.

—Buenos días —dijo la mujer, ofreciéndole una mano firme—. Soy Olivia West, abogada de Hale Corporate .

Sienna le sostuvo el saludo, midiendo a su oponente.

—No sabía que los Hale tuvieran intereses en nuestra constructora.

—La firma Hale no los tiene —replicó Olivia, abriendo un maletín de cuero de diseñador—. Pero el nuevo socio mayoritario de Bloom & Co. Estates , quien adquirió el cincuenta y cinco por ciento de sus acciones en la bolsa, nos ha contratado formalmente para poner las cosas en orden en esta compañía.

Sienna arqueó lentamente una ceja, recostándose en su silla ejecutiva con fingida indiferencia.

—Vaya. Por fin da la cara el inversionista fantasma. Creía que no le importaba ver cómo su dinero se esfumaba en una empresa al borde de la quiebra.

Olivia West esbozó una mínima sonrisa profesional.

—Créame, señorita Bloom —hizo una pausa intencionada, clavando sus ojos café en ella—. Le importa muchísimo su inversión. Pero hay otras cosas que mi cliente considera infinitamente más importantes que los rendimientos económicos.

El comentario desconcertó a Sienna. Olivia deslizó un grueso expediente sellado sobre la mesa de madera.

—Mi cliente está dispuesto a inyectar el capital restante para salvar y culminar el proyecto del complejo residencial de lujo en Boston.

Sienna hojeó rápidamente las primeras páginas del documento legal. Cuando llegó a la hoja de los fondos, la cifra la obligó a contener la respiración por un segundo.

Cien millones de dólares.

Era la salvación de la constructora. El legado de su padre intacto. Pero al avanzar en la lectura, sus ojos se toparon con los términos del nombramiento corporativo:

"La señorita Sienna Bloom se desempeñará como Directora General en el ejercicio de los derechos de voto controlantes del inversionista.

No obstante lo anterior, y como condición irrevocable para dicha designación, la Directora General desempeñará sus funciones bajo la asistencia, supervisión y asesoría permanente de un Asesor Financiero y Auditor Corporativo designado por el socio mayoritario. "

Sienna levantó la vista, con una ceja alzada.

— ¿Todo este despliegue a cambio de qué, abogada? ¿O es que su misterioso representado confía en mis capacidades gerenciales hasta ese extremo?

—Usted es una mujer muy inteligente, señorita Bloom —respondió Olivia, cruzando las piernas con elegancia—. Como bien sabe, todo en esta vida tiene un precio. Le sugiero que continúe leyendo la tercera página.

Al pasar la hoja, el barniz de la cordialidad legal se rompió por completo para revelar una trampa de oro macizo.

La cláusula estipulaba que, para liberar el fideicomiso de los cien millones de dólares, ambas familias debían consolidar una alianza de gobernanza a través de un vínculo civil matrimonial en el plazo de un mes posterior a la firma del acuerdo.

Un acuerdo prenupcial ya redactado venía engrapado al reverso, fijando una estricta separación absoluta de bienes, pero garantizándole a ella el control total e irrevocable de la compañía tras la boda.

Sienna sintió un vuelco violento en el estómago. Miró a la abogada con una mezcla de indignación y asco.

—Esto es coacción —reclamó Sienna, poniéndose de pie de un salto—. ¡Es un maldito chantaje! Si firmo este atropello, puedo demandar a su cliente por extorsión y anular todo el proyecto en un tribunal mañana mismo.

—Al contrario, señorita Bloom —replicó Olivia West con una parsimonia aplastante, sin perder la sonrisa—.

Esto es un contrato de inversión condicional totalmente válido bajo las leyes del estado de Massachusetts.

Nadie la está obligando ni apuntando con un arma para que firme.

Su rúbrica es enteramente libre. Mi cliente simplemente está estableciendo las estrictas condiciones financieras bajo las cuales está dispuesto a arriesgar cien millones de dólares de su propio patrimonio neto en una empresa quebrada.

Si usted decide no aceptar la alianza familiar, el trato se cae, su proyecto se liquida y todos nos vamos a casa en paz.

No hay delito en ofrecer un negocio, por más agresivo que le parezca.

La abogada se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio, dejando que el silencio presionara el ambiente de la oficina.