Capítulo 9 Sin Tiempo Extra #3
Algo cambió en el aire en ese preciso instante.
Sienna levantó la vista y quedó completamente atrapada en la pureza de sus ojos.
Por primera vez, despojada de las expectativas de la escuela, de los prejuicios de su madre y de la sombra de Ethan, entendió la verdad absoluta: siempre terminaba buscándolo a él porque David era la verdad en medio de todas sus mentiras.
David también lo sintió. El pulso se le aceleró al notar la forma en que ella lo miraba, con los labios ligeramente abiertos y una vulnerabilidad que la hacía ver más hermosa que nunca.
Sienna no lo pensó. Se inclinó hacia adelante y lo besó.
Fue un beso impulsivo, un poco torpe al principio debido a la urgencia y las lágrimas que aún mojaban sus mejillas.
David se quedó rígido apenas un segundo.
Solo uno. Porque llevaba —centenares de noches en vela— imaginando cómo sería la textura de sus labios.
Cuando finalmente reaccionó, el resto del universo se desvaneció.
El beso cambió de ritmo. La suavidad de las manos de Sienna aferrándose a la camiseta de David lo obligó a soltar un suspiro contenido.
Ella sintió un clic en su interior; como si después de tanto tiempo de buscar desesperadamente una emoción intensa y caótica, finalmente hubiera encontrado la paz más absoluta.
David profundizó el contacto con una lentitud reverencial, con un cuidado extremo, como si temiera que ella fuera de cristal y pudiera romperse entre sus dedos.
Sienna no pudo evitar el pensamiento: Ethan jamás la había besado así. Ethan la besaba para reclamar propiedad, para ganar un juego; David la besaba como si ella fuera lo único valioso sobre la tierra. Como si ella importara de verdad.
Ella se acercó más, acortando cualquier rastro de distancia física, subiendo sus manos hasta la nuca de él.
El corazón de David latía con tanta fuerza contra su pecho que casi dolía.
Pero entonces, haciendo uso de una fuerza de voluntad sobrehumana, David se detuvo.
Separó sus labios y apoyó su frente contra la de ella, respirando de manera agitada.
—Sienna… esto no está bien —consiguió articular, con los ojos cerrados.
Ella abrió los ojos despacio, parpadeando con una evidente confusión en medio del trance.
— ¿Por qué?
—Tienes novio —le recordó él, con una nota de dolor en la voz—. Y no quiero que te arrepientas de esto mañana.
Sienna esbozó una pequeña sonrisa, sintiendo que el corazón le daba un vuelco de pura ternura ante la caballerosidad de David.
—Terminé con Ethan, David.
David contuvo el aire por un segundo, abriendo los ojos de par en par.
— ¿Qué?
—Descubrí que no lo amaba. Que nunca lo hice —confesó ella, acariciándole el cuello con el pulgar—. Solo era un capricho.
Una chispa de pura y genuina felicidad atravesó el rostro de David. Se vio joven, aliviado y perdidamente enamorado.
—Entonces… —murmuró, con una sonrisa tímida despuntando en sus labios— ¿Eso significa que tengo una oportunidad?
Sienna soltó una pequeña risa, una mezcla perfecta de nerviosismo y emoción contenida.
—Puede ser.
Volvieron a besarse, pero esta vez fue completamente distinto. Fue un beso profundo, lento y consciente, cargado de una promesa silenciosa que ambos sellaron en la intimidad de la sala. Sin embargo, para sorpresa de Sienna, David volvió a separarse suavemente, rompiendo el contacto.
Ella lo miró con un puchero divertido. David sonrió y subió una de sus manos para acunar su mejilla con una delicadeza infinita.
—No quiero aprovecharme de que estás pasando por un momento tan vulnerable en tu casa —explicó, mirándola a los ojos—. Quiero hacer las cosas bien contigo, Sienna. Desde el principio.
La absoluta nobleza de esa frase la desarmó por completo. Las lágrimas amenazaron con volver, pero esta vez eran de alivio. Asintió con lentitud, reclinando la cabeza sobre la palma de su mano.
—Gracias, David. De verdad.
Se quedaron en un silencio pacífico, uno que se sentía lleno y cálido, reparando las heridas de la noche. David aclaró su garganta, luciendo repentinamente nervioso.
—Entonces… —Respiró hondo, intentando estabilizar su voz—. El baile de graduación es mañana por la noche. Y, bueno… ya que ambos estamos técnicamente solteros… ¿Te gustaría ir conmigo?
Sienna lo observó en silencio durante un segundo. Por primera vez en toda su etapa escolar, la idea de asistir a un evento social no le pareció una obligación para mantener las apariencias de su apellido. Mirar a David y aceptar su invitación era lo único que su corazón deseaba con urgencia.
—Será el mayor de los placeres, Blake —respondió ella, usando su apellido con complicidad.
David sonrió de par en par, una sonrisa brillante y limpia que iluminó toda la habitación. Y ahí, justo en ese instante, Sienna sintió un aleteo salvaje y dulce en el estómago. Mariposas. Genuinas y reales.
Sienna siguió el consejo de David. Buscó a su padre y lo encontró solo en el despacho, iluminado apenas por la luz tenue de una lámpara de escritorio. Se veía más cansado y desgastado de lo que lo había visto jamás, despojado de la impecable seguridad que solía mostrar ante el mundo.
Sin preámbulos, la pregunta salió rota de sus labios:
— ¿Por qué tienes una amante?
Donald cerró lentamente los ojos, absorbiendo el golpe del cuestionamiento de su hija. Tras un suspiro pesado, le señaló el sillón de cuero frente a él.
—Lamento mucho que no te hayas enterado por mí, Sienna —dijo con la voz apagada, sin ser capaz de sostenerle la mirada—. Pero mereces conocer la verdad de mi propia boca. Siéntate, por favor.
Sienna se sentó en silencio, manteniendo la espalda rígida. Su padre respiró profundamente antes de soltar una confesión que cayó con el peso del plomo entre los dos.