A un Paso de Odiarte Capítulo 6 Salto entre Dos #3
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Capítulo 6 Salto entre Dos #3

David no pudo evitarlo. A pesar del caos, a pesar de los nervios y de la mirada de Sienna que aún sentía grabada en la piel, dejó escapar una pequeña sonrisa.

Cuando Sienna y Evelyn llegaron, el bullicio de Andover quedó atrás. La calle era un refugio de silencio. La casa de madera clara mostraba el paso del tiempo, pero estaba cuidada.

—Bienvenidas —dijo David al abrir la puerta.

El interior olía a café recién hecho y a hogar, una mezcla que envolvió a Sienna como una manta cálida. Todo estaba en su sitio: ordenado, limpio, bañado por una luz ámbar que suavizaba las esquinas.

—He preparado ese rincón para el póker —indicó David, señalando una mesa redonda—. Pueden empezar si quieren mientras hago la pasta.

— ¿No prefieres ayuda? —se ofreció Sienna.

—No hace falta —respondió él con una sonrisa tranquila.

—Seríamos un estorbo, Sienna —intervino Evelyn con tono burlón.

—No lo dudo —remató James, soltando una carcajada que terminó de relajar el ambiente.

Las cartas comenzaron a volar sobre la mesa. James jugaba con la confianza de quien no tiene nada que perder; Evelyn dudaba, analizando cada movimiento; y Sienna  simplemente se dejó llevar.

—Subo —dijo ella, con una calma que hizo que James arqueara una ceja.

—Interesante —murmuró él.

El silencio se volvió espeso, cargado de una competitividad juguetona. Entonces, Sienna dejó caer sus cartas.

—Escalera.

James se quedó petrificado, mirando el centro de la mesa como si las cartas le hubieran hablado.

—No puede ser —logró decir.

Evelyn estalló en una carcajada.

—¡Y yo con absolutamente nada! —exclamó.

—Vaya, Sienna —James la miró con renovado respeto—. No sabía que eras una experta.

—Yo tampoco —admitió ella con una sonrisa pequeña—. Debe ser suerte. Casi nunca le gano a mi padre.

Antes de que James pudiera pedir la revancha, el aroma de la comida inundó la sala, cortando la tensión del juego. David apareció con platos humeantes de pasta con mariscos, el toque de vino blanco y tomate flotando en el aire.

—Esto se ve increíble —dijo Evelyn, ya con el tenedor en la mano.

Sienna probó el primer bocado y, por un instante, el mundo exterior desapareció. Cerró los ojos, saboreando la mezcla perfecta de texturas.

—Está delicioso, David. De verdad —dijo al abrir los ojos, encontrándose con la mirada de él. Estaba expectante, casi vulnerable—. Eres una caja de sorpresas, Blake.

—Mi amigo es bueno en todo —soltó James con una sonrisa cargada de intención—. Afortunada la mujer que termine con él, ¿no creen?

El silencio cayó como una losa. David bajó la mirada, concentrándose en su plato, mientras Evelyn observaba la escena con ojos de halcón. Sienna, por su parte, miró a David. Realmente lo miró.

Notó el tono bronceado de su piel bajo la luz cálida, y esos ojos verde azulados que parecían cambiar de color según la sombra.

Su sonrisa no era una herramienta de conquista, sino una invitación a entrar en su mundo.

Por un segundo, un pensamiento peligroso cruzó su mente, pero lo apartó de golpe.

Ella sabía lo que sentía… o eso creía. Sabía hacia quién se suponía que debía mirar.

—No sabía que los Hale lavaban platos —comentó Evelyn minutos después, viendo a James arremangarse la camisa frente al fregadero. Era parte del plan de "celestina" de James para dejar a los otros dos solos.

—Nos educan con practicidad —replicó James—. También hago un excelente asado, por si te interesa.

—Estás presumiendo.

—Ya lo comprobarás.

—Te recuerdo que los Taylor no olvidan.

James se acercó a ella con una confianza magnética.

—Los Taylor no olvidan, pero los Hale no decepcionan.

Evelyn sonrió y, antes de que pudiera responder, James acortó la distancia y la besó, sellando el trato entre burbujas de jabón.

Mientras tanto, en la mesa, David y Sienna jugaban una partida privada.

—Tengo la sensación de que me estás dejando ganar —lo desafió ella, apoyando la barbilla en su mano.

David soltó una risa baja.

—No me gustaría causarte un enojo en tu primera visita.

—Al contrario. Me gustan los retos —se inclinó hacia él, bajando la voz—. Si no te gano ahora, lo haré después.

—Esa es una gran motivación —respondió David, y esta vez, jugó en serio.

Pocos minutos después, extendió sus cartas con elegancia.

—Full house.

Sienna suspiró, pero no pudo evitar sonreír ante la derrota.

—Vaya… así que ya sabías que ibas a ganar.

—Más o menos —respondió David. Su sonrisa fue tan amplia y sincera que Sienna sintió un vuelco en el estómago. Había algo en esa mirada que la empujaba a quedarse allí, olvidándose de la fría mansión que la esperaba y de la sombra siempre compleja de Ethan.

De pronto, un pitido agudo rompió el hechizo.

—La alarma —dijo David, aclarando su garganta—. Tengo que ir a la cafetería, ya casi es mi turno.

Evelyn y James aparecieron desde la cocina, y se despidieron rápidamente, dándoles a David y Sienna un último momento de privacidad.

—Muchas gracias, Blake —dijo Sienna cuando llegaron a la puerta—. La pasta estuvo… increíble.

David la miró, y por un segundo, el aire pareció escasear en el pequeño porche.

—De nada, Sienna —respondió él en voz baja—. Puedes volver cuando quieras. Esta casa siempre está abierta para ti.