A un Paso de Odiarte Capítulo 6 Salto entre Dos #2
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Capítulo 6 Salto entre Dos #2

—¿Te gusta? —soltó Ethan de la nada.

Sienna lo miró de reojo, sorprendida por la falta de preámbulos. — ¿Quién?

—Blake.

—No —respondió ella de inmediato, demasiado rápido quizás—. Es mi amigo.

Ethan asintió, Como si ya sabía la respuesta.

—Terminé con Margaret —dijo después de un minuto.

Sienna se giró por completo hacia él. — ¿Qué? ¿Cuándo?

—Hace semanas.

Sienna no respondió, pero el aire dentro del coche cambió de densidad. La sombra de la duda empezó a gatear por su nuca.

— ¿Por qué? —preguntó en un susurro.

Ethan sonrió. No era la sonrisa mediática que le daba a los entrenadores; era algo más oscuro, más real.

—La distancia… y el hecho de que algunas cosas han cambiado. Ahora veo las cosas mucho más claras.

Y por primera vez en su vida, Sienna sintió que el camino que creía conocer bajo sus pies empezaba a desvanecerse.

La mañana en Andover despertó con un frío cortante que parecía filtrarse por las rendijas de los viejos casilleros de metal. La quietud de la noche anterior se había esfumado, reemplazada por el estruendo de pasillos llenos y el eco de secretos mal guardados.

Sienna cerró su casillero con un golpe seco.

— ¿Y? —Soltó, mientras se apoyaba contra la fila de casilleros—. ¿Cómo les fue?

Evelyn, a diferencia de ella, cerró el suyo con una calma exasperante. Se giró lentamente, luciendo esa sonrisa ladeada que Sienna nunca terminaba de descifrar.

—Bien —respondió. Hizo una pausa dramática, dejando que el ruido del pasillo las rodeara—. Aunque fuimos solo dos.

Sienna frunció el ceño.

— ¿David no fue?

—Prefirió dejarnos solos. No había reproche en su voz—. Se fue a casa sin decir mucho.

Sienna asintió, procesando la ausencia de David, pero Evelyn no le dio tregua. La observó con ojos analíticos, inclinando la cabeza como si estuviera frente a un rompecabezas a medio armar.

—Cuéntame tú... ¿Cómo te fue con Ethan?

Sienna dudó. Fue apenas un segundo, un parpadeo de más, pero en el universo de Evelyn, eso era una confesión completa.

—Terminó con Margaret —soltó Sienna por fin.

Evelyn se tensó. El aire entre ellas pareció congelarse.

— ¿Perdón?

—Hace semanas, al parecer —Sienna exhaló un aire que no sabía que estaba reteniendo—. Dijo que las cosas habían cambiado.

— ¿Y eso te da esperanzas? —La pregunta de Evelyn fue un dardo directo, sin anestesia.

Sienna negó, pero sus manos, que jugueteaban con la correa de su mochila, la traicionaban.

—No lo sé —admitió, bajando la vista al suelo pulido—. Ethan nunca me ha mirado de esa forma. No quiero construir castillos en el aire.

Evelyn dio un paso hacia ella, bajando el tono de voz, volviéndolo íntimo, casi peligroso.

—Si fuera tú, mirarías un poco más a tu alrededor, Sienna.

— ¿Qué quieres decir?

Evelyn no respondió. Se limitó a sonreír con esa sabiduría silenciosa que tanto irritaba y fascinaba a Sienna.

—Que a veces estamos tan ocupadas mirando el horizonte... que no vemos lo que tenemos pisándonos los talones.

— ¿Interrumpimos?

La voz de James cortó la tensión como un cuchillo. Estaba justo detrás de ellas, con David a su lado, quien mantenía las manos hundidas en los bolsillos de su chaqueta y la mirada sospechosamente fija en un punto lejano.

—Para nada —dijo Evelyn, recuperando su máscara de ligereza—. Llegan en el momento justo.

James se inclinó apenas hacia ella y rozó sus labios en un beso breve, natural.

—Veníamos a invitarlas a casa de David —anunció con una chispa de travesura—. Póker y pasta.

—Muy buena pasta —recalcó James, dándole un codazo a un David que parecía querer ser tragado por la tierra. Era evidente: David no estaba al tanto del plan.

Sienna se cruzó de brazos, una sonrisa genuina asomando por primera vez en el día.

—Vaya, no sabía que cocinabas, Blake.

David se encogió de hombros, rompiendo finalmente su silencio.

—Es algo sencillo. Nada del otro mundo.

—Pues a mí me gustaría comprobarlo —soltó Sienna. Fue una respuesta rápida, instintiva.

David parpadeó, sorprendido, y por un instante sus miradas chocaron. Hubo algo ahí, un chispazo de reconocimiento que David apagó rápidamente apartando la vista.

—Suena bien —sentenció Evelyn—. Nos vemos allá.

En cuanto las chicas se alejaron lo suficiente para que el perfume de Sienna dejara de flotar en el aire, David se giró hacia James con los ojos entrecerrados.

—¿Qué demonios acabas de hacer?

James sonrió, rebosante de una autoconfianza envidiable.

—Ayudarte, amigo.

—Dijiste que querías estar a solas con Evelyn.

—Y lo estaré —James se encogió de hombros mientras empezaba a caminar—. Pero no podía dejar pasar la oportunidad de que Sienna te vea en tu elemento.

David negó con la cabeza, soltando un suspiro de frustración.

—Pierdes el tiempo, James.

—Quizá —James soltó una risa baja y se inclinó hacia él como si le contara el mayor secreto de Andover—. Pero cuando pruebe tu pasta... al menos estará interesada en algo. ¿No dicen que el amor entra por el estómago?