A un giro del caos Capítulo 17 – Adrien #2
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Capítulo 17 – Adrien #2

El profesor entra en la sala, y la atmósfera cambia de inmediato.

Todo el mundo se pone en posición junto a la barra.

Étienne, como siempre, ya está perfectamente colocado, su expresión serena y atenta, aunque sé que su cabeza también está en otro sitio.

Sé lo que pasa entre él y el profesor, aunque nunca lo hemos hablado directamente.

El otro día le vi entrando a su despacho y solo me hizo falta poner la oreja para enterarme de lo que pasaba entre ellos dos.

Hoy noto algo distinto en él, está más tenso, más reservado.

Pero no tengo tiempo de analizarlo más, porque la clase empieza.

Nos movemos al compás del piano, primero los pliés , luego los relevés .

Mi cuerpo sigue el ritmo de forma automática, como lo ha hecho tantas veces antes.

Pero hoy, cada vez que levanto la vista, el reflejo de Mad en el espejo me distrae.

Ella está tan concentrada, tan en su propio mundo, que me pregunto si piensa en el beso tanto como yo.

¿Le habrá parecido tan importante como a mí?

¿O solo fue un momento fugaz que ya ha olvidado?

No me atrevo a preguntarlo. Ni ahora, ni más tarde.

Étienne, a mi derecha, está tan enfocado en la clase como siempre, pero noto cómo sus ojos siguen al profesor cuando pasa por su lado.

Al profesor le basta con un toque ligero en su brazo para corregir una pequeña inclinación, y Étienne asiente, como si todo fuera normal.

Simon, por otro lado, sigue haciendo chistes entre ejercicios, eso me alivia un poco.

Me esfuerzo por centrarme, por controlar mis movimientos, pero no dejo de sentir el peso de la vergüenza cada vez que mi mente vuelve al beso.

La vergüenza de no saber qué significa, de no atreverme a mirarla a los ojos ahora.

Mis piernas responden bien, mis brazos siguen la coreografía, pero mi cabeza está en otro sitio.

Sigo escuchando la voz del profesor corrigiendo, pero no a mí, no hoy.

Hoy me siento invisible. Tal vez es mejor así.

El tiempo pasa más rápido de lo que esperaba y, antes de darme cuenta, estamos en el último ejercicio.

Siento el sudor bajando por mi frente, el familiar ardor en mis músculos y, sin embargo, cuando miro a Mad por última vez antes de que la clase termine, el ardor en mi pecho es mucho más difícil de ignorar.

Nos dirigimos a las taquillas, y mientras caminamos por el pasillo, Simon sigue con su cháchara de siempre.

Algo sobre lo mucho que odia los ejercicios de balance en arabesque y cómo, un día, va a caerse en pleno ensayo y hacerse un “bochornoso espectáculo”.

Étienne, como de costumbre, lo escucha con una media sonrisa en los labios, pero está más callado de lo normal.

Sé que su mente está con el profesor, y aunque no lo dirá en voz alta, yo lo noto en la manera en que su mirada se queda perdida a veces, como si su mente siguiera en la sala de ensayo.

—En serio, ¿qué opinas? —me pregunta Simon de repente, volviendo a la realidad y golpeándome con el codo mientras caminamos. No tengo ni idea de lo que acaba de decirme.

—Eh… Sí, claro —me sale automático, y Simon me mira con los ojos entrecerrados.

—No tienes ni idea de lo que te estoy diciendo, ¿verdad? —se ríe.

—Para nada —le respondo, devolviéndole la sonrisa, pero en realidad mi mente ya está lejos.

Justo al doblar la esquina, veo a Mad. Está con sus amigas, todas charlando animadamente frente a las taquillas.

Al vernos, una de sus amigas, Camille, nos lanza una mirada rápida y una sonrisa coqueta que va dirigida a Mad, lo que me hace pensar que les ha contado algo.

Mad está apoyada contra su taquilla, escuchando a las chicas, pero claramente distraída.

La misma tensión que siento está también en el aire, entre nosotros, flotando como un secreto compartido que ninguno quiere mencionar.

Mis manos empiezan a sudar más de lo necesario.

De repente, todas las cosas que he querido decirle desde el final de la clase se me agolpan en la garganta.

Debería saludarla, al menos. Sería lo normal, lo lógico.

Las palabras no salen, y el recuerdo del beso de esta mañana se hace aún más vívido.

Me pasa como una película por la cabeza el instante en que sus labios tocaron los míos.

Simon se dirige a ellas y yo le sigo.

—Hola, chicas. ¿Planeando algo divertido para el resto del día? —pregunta, siempre tan seguro, mientras abre su taquilla como si nada le importara.

Étienne murmura algo para sí mismo y se aleja un poco, distraído en su propio mundo.

Lo dejo a su aire, yo estoy demasiado ocupado tratando de no cruzar mirada con Mad solo porque no sé qué decirle.

Aunque en realidad quiero que me mire, que diga algo, cualquier cosa, pero ella sigue hablando con sus amigas.

Solo veo el perfil de su rostro y la tensión me mata.

Camille se ríe de algo que dice Simon y le lanza un comentario que no escucho del todo. Estoy demasiado pendiente de lo que no se dice entre Mad y yo.

Antes de que pueda decidirme a comentar algo Mad levanta la vista.

Solo durante un segundo sus ojos se encuentran con los míos y por un momento todo se detiene.

Es como si el pasillo entero quedara en silencio, aunque las voces de Simon y Camille siguen resonando a mi alrededor.

Nos miramos. No es una mirada larga ni intensa, solo un cruce breve, pero en ese instante todo vuelve a mi mente; el beso y la duda.

Ella aparta la mirada primero, volviendo a su conversación con Emma, y el momento se rompe. Me quedo ahí, congelado, como un idiota. Sé que debería decir algo, pero el miedo a lo que podría pasar, o a lo que podría no pasar, me detiene. Así que simplemente cierro mi taquilla y suspiro.

Simon, como si nada, me da una palmada en la espalda.

—Vamos, Adrien, tenemos que irnos. ¿Vienes o qué?

Asiento y lo sigo, pero no puedo evitar girarme una vez más para mirar a Mad mientras nos alejamos. Esta vez no me mira. Y yo… yo me quedo con el nudo en la garganta, con las palabras que no me atreví a decir y con la sensación de que he dejado pasar algo importante.