A un giro del caos Capítulo 13 – Adrien
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Capítulo 13 – Adrien

Madeleine se levanta del sofá. Casi que me ha dado pena venir porque ya estaba completamente tapada con la manta a punto de dormirse. Me quedo en el marco de la puerta esperando no sé muy bien a qué.

—¿Qué quieres contarme?

Agradezco que haya roto el silencio. Además, lo ha hecho de forma cautelosa y tanteando el terreno, lo que me indica que está dispuesta a hablar conmigo.

Me siento tranquilo y con la seguridad suficiente para comenzar a relatar lo que llevaba años callándome.

—En el incendio —esas tres palabras y todo lo que traen a mi mente consigo hacen que me cueste continuar y trague saliva como si está pesase—, cuando estábamos saliendo —hago otra pausa.

Madeleine no me quita ojo y asiente con la cabeza para animarme a continuar—, sé que fuiste tú quien me ayudó.

De no haber sido por ti a lo mejor no estaría aquí contándote esto.

Hay silencio durante muchos segundos. Tantos que me da tiempo a pensar en todas las opciones que puedo recibir como respuesta.

Madeleine sigue sin decir ni hacer nada. Supongo que no esperaba este tema de conversación y mucho menos que le fuese a decir eso teniendo otras tantas cosas de las que podríamos hablar.

—Te dejo sola si quieres.

Me levanto y, tras mirarle a los ojos, empiezo a caminar hacia el pasillo para irme a mi habitación.

La duda e inseguridad me empiezan a invadir cuando no recibo ningún tipo de respuesta por su parte.

Igual era mejor seguir como hasta ahora, sin decir nada.

Ahora va a ser más incómodo ensayar con ella después de saber que conoce esa parte de la historia.

—Espera —me pide con un hilo de voz casi inaudible.

Me giro en su dirección y me quedo de pie frente a ella. Le miro esperando a que diga algo y, menos mal, no tarda mucho en empezar a hablar.

—¿Por qué me dices esto ahora?

Sigue incrédula y a mí solo me queda ser sincero con ella.

—Creo que te lo tendría que haber dicho hace mucho tiempo. Supongo que nunca me he atrevido lo suficiente.

Madeleine sigue con una expresión de incertidumbre, de no saber lo que está ocurriendo ni cómo debería actuar. Yo sigo aquí frente a ella. Con la mirada perdida que de vez en cuando repara en sus ojos, que muestran el cansancio y la duda.

—Cuando desperté en el hospital te busqué. Nadie quería decirme dónde estabas ni si te encontrabas bien. Me asusté mucho, Adrien.

—Lo sé. Les dije que no lo hicieran —confieso con miedo a que reaccione como merezco.

—¿Por qué?

Sus ojos comienzan a estar acuosos al igual que los míos. Llevo un rato tratando de retener las lágrimas que cada vez luchan con más fuerza por salir.

—Me sentía débil, sin fuerzas, un idiota. Sabes que nunca me gustó abrirme emocionalmente con nadie y en ese momento… No sé, con verme bastaba para saber cómo estaba y no quería que nadie lo hiciera.

—Y después rehiciste tu vida como si nada hubiera pasado —añade por mí algo que perfectamente podría haber salido de mi boca.

—Sí. Eso es lo que pasó. No estoy nada orgulloso de ello. Quería que lo supieses.

—Gracias por contármelo y abrirte.

La verdad es que esperaba que se lo tomase peor.

Había imaginado este momento con Madeleine a la defensiva y sin querer escucharme porque le hice daño al desaparecer de su vida de una manera tan brusca.

Después de todo lo que había pasado lo mejor hubiera sido haber estado juntos desde el mismo momento en el que todo se derrumbó.

Ha sido ahora cuando he entendido que no tenía ninguna necesidad de guardarme las cosas para mis adentros y cargar con ellas solo. No cuando hay personas que se preocupaban por mí y me querían.

Estiro mis brazos en muestra de querer darle un abrazo, pero espero a que sea ella la que se acerque a mí. No quiero forzarla.

Termina por ser un abrazo que no se da prisa por terminar. Lo siento fuerte, cálido y como si estuviera vertiendo todo lo que las palabras no pueden expresar. Su corazón está latiendo contra mi pecho y me doy cuenta de que el mío también late con la misma intensidad.

Cierro los ojos y dejo que el abrazo me envuelva por completo, sintiendo cómo las barreras que alguna vez existieron entre nosotros se desmoronan.

Sin pensar en nada más. Un abrazo de reconciliación.

Ya no lucho más contra mis lágrimas y dejo que alguna se deslice por mis mejillas.

En el momento en el que Mad se da cuenta me abraza con más fuerza.

Nos separamos poco a poco. Aún con nuestras pieles en contacto. Ella también tiene algunas lágrimas corriendo por sus mejillas. Se las limpia cuando ve que me fijo en ellas y estoy a punto de decirle que no tiene que hacer eso, ya no. Estoy dispuesto a que vuelva a confiar en mí.

—Creo que será mejor que descansemos y nos durmamos —opina aún con ese tono calmado de antes e intentando frenar los brincos que da su respiración por culpa de las lágrimas.

—Vale, si tienes frío puedes coger una manta del armario.

—Gracias.

—Nada, buenas noches.

—Buenas noches.

Después de todo lo que ha pasado en estas últimas horas me cuesta dormirme. Entre unas cosas y otras son más de las cuatro de la madrugada. Doy vueltas en la cama como si fuera una noria. Mi cabeza no deja el remolino de pensamientos y emociones que ahora mismo me gustaría callar.

* * *

A la mañana siguiente —o unas horas más tarde en realidad— me despierto con un dolor de cabeza insoportable. Voy hacia la cocina para desayunar algo y tomarme una pastilla. Al pasar por el salón veo la manta que había dejado para Madeleine en una esquina del sofá.

Sigo mi camino hacia la cocina para ver si está allí, pero tampoco.

Se habrá levantado antes que yo y se ha ido sin hacer nada de ruido.

Aunque me tientan las ganas, no le escribo ningún mensaje.

A lo mejor ha querido irse para no verme después de lo que hablamos antes de irnos a dormir.

No me extrañaría. Puedo entender que necesite tiempo para reflexionar.

Para desayunar —o comer, mejor dicho— me caliento un vaso de leche y le echo un par de cucharadas de cacao en polvo.

Lo remuevo mirando la taza fijamente. Me sigue retumbando la cabeza.

Lo peor de todo es que tengo que salir a hacer la compra sí o sí porque no me queda nada de comida.

Además, como es domingo, tengo que ir a uno de esos supermercados que están abiertos todos los días del año y no me pilla demasiado cerca.

Me doy una ducha de agua fría para refrescarme y espabilarme.

Después me visto con un chándal, cojo algo de dinero, el móvil, las llaves y salgo del apartamento.

Cualquier otro día me pondría los auriculares para que la música me haga más ameno el camino, sin embargo, no creo que eso favorezca mucho a mi dolor de cabeza.

Hoy no tengo ni lista de la compra. Doy un par de vueltas por los pasillos del supermercado y voy depositando en la cesta todo aquello que creo que me vendrá bien a lo largo de la semana o que ya va siendo hora de que lo reponga.

Me suele pasar que se me gasta algo y tardo semanas en comprar otro nuevo porque solo me acuerdo de que no queda cuando lo voy a utilizar, luego se me olvida.

Una vez hecha la compra y teniéndola ya ordenada en los armarios y nevera, me siento en el sofá con los apuntes del examen de Psicología que tengo la semana que viene. No sé cuántas veces los habré leído ya una y otra vez. Nunca me parecen suficientes, soy demasiado perfeccionista.

Termino yendo a mi habitación a por un cuaderno y bolis para hacer esquemas. O me activo un poco o me duermo. Así es como paso gran parte de la tarde hasta que empiezo a tener algo de hambre y me preparo una merienda.

Cuando me vuelvo a poner a repasar una notificación me tienta a coger el móvil.

MENSAJE ANÓNIMO: No intentes buscar la verdad o todo volverá a arder.

¿Es una amenaza?

¿Cómo sabe que quiero investigar lo que pasó?

Pienso en Madeleine, ella es la única que lo sabe. No se lo he contado a nadie más. De inmediato niego con la cabeza, no ha podido ser ella. No cuando este tema le toca tan de cerca como a mí. No sería capaz de bromear con ello.

Estoy a punto de mandarle una captura de pantalla del mensaje cuando al final decido no hacerlo. Se lo enseñaré mejor en persona.

Dejo a un lado los apuntes y esquemas de Psicología y enciendo mi portátil. Quiero buscar las noticias que salieron sobre aquel día. Nunca las he leído y puede ser interesante saber lo que conoce la prensa y las personas ajenas al incidente para poder buscar la verdad.

Creo una carpeta para almacenar todo lo que voy encontrando allí y poder enseñársela a Madeleine en algún momento.