Capítulo 98 #2
Los gritos de Sarah resuenan a mi espalda, en el fondo de la sala, imaginando todo el sufrimiento que vivió su madre, pensando en todo lo que tuvo que vivir al lado de Evander durante tantos años.
Me acerco a ella todo lo despacio que mis piernas en tensión me permiten.
Estoy cubierto de sangre de ambos y no sé si ella me quiere cerca, pero en cuanto ve que voy en su busca, empuja a Knox y se tira sobre mí.
Se apoya contra mi pecho dejando ir todo lo que la está rompiendo por dentro.
Cuando nos separamos, muchas de las gotas de sangre que hasta ahora decoraban mi cuerpo están también sobre Sarah pintando su piel.
Esta se acerca a Callum, tanteando al hombre.
—Por egoísta. Ni siquiera tenías un trauma o algo por lo que excusarte, simplemente fue egoísmo puro y duro.
Solamente querías ser como Evander y, como no lo conseguiste, lo orquestaste todo para sacar lo máximo posible.
Espero que te pudras en el infierno, no solo por lo que me hiciste a mí, sino porque guiaste a esa pobre mujer a matar a mi madre sabiendo del modo en que terminaría ella también.
No empuñaste la pistola pero moviste todos los hilos que había detrás para que eso ocurriera.
Sarah se acerca a la mesa y coge unos alicates. La dejo hacer, pero me quedo a su lado dándole todo el apoyo que pueda necesitar. Simplemente, estoy ahí.
—Abre la boca.
Callum me mira y empieza a negar con la cabeza.
—Os lo he dicho todo. Hicimos un trato.
—Nadie hizo ningún trato, solo te dije que hablaras. Ahora, haz caso, abre la boca.
—Florecilla, por favor. Te he criado, te he educado, te di de comer durante toda tu jodida vida. Sé buena con papá.
Sarah se tapa los oídos por las palabras que salen de la boca de Callum.
—No eres mi padre, nunca lo has sido. Nunca lo serás. Solo eres un puto viejo verde y gordo que me violaba. Pero ya no, ya no tienes poder sobre mí. Nunca más. Ahora, abre la jodida boca.
Como no responde, me acerco y con ayuda de Madox lo forzamos a abrir la boca.
Sarah introduce los alicates, pinza una muela y comienza a moverla. Los gritos de Callum hacen que me piten los putos oídos. Es molesto incluso para esto.
Soy consciente de que Sarah ha sido capaz de sacarla por el repiqueteo del diente al caer al suelo.
Se mueve a la siguiente.
Varias muelas después, la boca de Callum no es capaz de contener la cantidad de sangre que ya chorrea por los lados y comienza a ahogarse con ella, por lo que Sarah se retira.
—No te mereces morir tan rápido, hijo de puta —escupe con rabia. Se queda mirándolo fijamente, hasta que es consciente—. Mira, sin dientes, como más te gusta —le grita con una sonrisa que no le llega a los ojos. El dolor se refleja en cada una de sus palabras.
Pasa por al lado de mi padre y le da un golpe con la punta de los alicates a un trozo de hueso expuesto. Los gritos de este se incrementan y un charco se empieza a formar poco a poco a sus pies. Su voz ya está ronca y todavía no se imagina que lo peor está por llegar.
Las fracturas han dejado expuesto el hueso, rompiendo la piel en el camino y dejando el músculo y los nervios expuestos.
Mientras le damos un respiro a Callum, le doy a Sarah un mechero y esta se acerca con la llama a los músculos y nervios expuestos de mi padre.
Siente tanto dolor que hace que se desmaye al momento.
—Vaya, supongo que al final no era tan fuerte como presumía ser —afirma subiendo y bajando los hombros.
Me río.
Sarah me entrega el mechero que utilizo para encenderme un cigarro y poder darle un minuto de paz a mi mente.
—Madox, ¿puedes preparar la adrenalina? Está en la caja del fondo —señalo.
Mientras este se encamina a cumplir con mi petición, pregunto a nadie en concreto.
—¿Cuánto tiempo tenemos? ¿Cuál es exactamente el plan?
—Mi jefe nos quiere subidos en el avión a más tardar al amanecer, por lo que aún tenemos varias horas.
—¿Y quién coño es tu jefe y por qué habría de importarme? —pregunto con las cejas en alto.
—Porque hiciste un trato con él hace más o menos un año —me dice Madox con una sonrisa engreída pintada en la cara.
Antes de que pueda abrir la boca, Knox lo hace por mí, sabiendo que llevo demasiado tiempo metido en una habitación, solo, viendo la mierda que tenía que ver y mi mente no está precisamente estable en este momento.
—Madox trabaja para Artem. Llevaba tiempo infiltrado en la fortaleza porque los rusos desconfiaban de que tu padre estuviera haciendo las cosas como debía. Por eso fue para ti tan fácil llegar al pakhan y hacer un trato con él. Madox ya nos había allanado el camino.
Miro a Knox y mi cara debe de dejar ver todo lo que mi boca no hace, porque aclara:
—Hicimos un pequeño viaje a Rusia antes de venir aquí. Necesitábamos hombres y saber si lo que Sarah nos había dicho por teléfono era correcto.
—¿Sarah os llamó? —pregunto con incredulidad desviando mi vista hacia ella.
—A la cabaña. Habló con Mads pidiendo ayuda.
—¿Cómo? —susurro sin terminar de entender.
Sarah se acerca poco a poco y se queda a mi lado. No dudo en rodear su cuerpo con mi brazo y enterrar la nariz en su pelo. Ya no huele a vainilla, no tanto al menos; queda un pequeño resquicio que no sé si está ahí o soy yo quien se lo está imaginando.
Con ese pequeño gesto, mi padre, que empezaba a despertar, se pone como loco, espabilando por completo y comenzando a moverse de un modo desesperado intentando llegar a Sarah, a llamarla a gritos, a pedirle que se aleje de mí.
Ella se queda congelada, supongo que esperando lo que sea que él le hiciera en situaciones parecidas en el pasado.
—No volverá a tocarte, gatita. Ni él, ni nadie —susurro en su oído—.
Esto ya no es una promesa, sino un jodido juramento.
Nadie volverá a ponerte un dedo encima, tendrán que pasar por encima de mi puto cadáver.
Mataré a cualquiera que se plantee tocarte, no permitiré ni un solo mal pensamiento hacia tu persona. Nadie. Nunca. Gatita.
Sarah se acuesta sobre mi pecho, dejando resbalar por la cara alguna de sus lágrimas. Ver su dolor me encoge; hace que el sentimiento de culpa esté más presente que nunca, y una idea comienza a formarse en mi mente. Es el momento perfecto.
Después de unos minutos en esta postura y sabiendo que el tiempo apremia, la separo de mí y le pregunto:
—¿Estás lista para seguir? Ya casi hemos terminado, pero viene lo peor, Sarah. Quiero que si en algún momento es mucho para ti, le pidas a Knox que te saque de aquí —digo mientras muevo mi brazo arriba y abajo por su espalda, intentando consolarla.
Un asentimiento de cabeza es todo lo que obtengo por su parte y lo entiendo; no soy el único que ha estado encerrado todo este tiempo, mi gatita también y justamente por eso la culpa me pesa tanto en el pecho.
Necesito hablar con Knox sobre ello porque estoy seguro de que Sarah va a necesitar mucha ayuda.
Me acerco a Callum y apago el cigarro sobre su frente, dejando un bonito círculo rojo. Él grita con la mandíbula rígida.
Respiro hondo. Lo que viene hará que me estallen los oídos de sus gritos. Del dolor inimaginable que va a pasar y solo puedo ser feliz con ello.
—Madox, cuchillo. —Este lo pone en mi mano—. Sujétalo fuerte; que la silla no caiga, va a empezar a moverse mucho.
Y con esas últimas palabras, me acerco a Callum y corto sus pantalones.
En cuanto es consciente de cuál va a ser mi siguiente paso, comienza a gritar y moverse como un loco.
Eso no impide que sujete su miembro con mi mano y tire, colocando el cuchillo en la base y comenzando a serrar.
Con cada pasada del cuchillo, los gritos de Callum se van haciendo más roncos hasta que, al final, ya solo queda un fino hilo de voz.
Cuando ve que he seccionado su polla de su cuerpo, se desmaya.
Dejo su miembro en una bandeja que hay a un lateral con varias herramientas. Mi padre, que ve cómo me encamino a él, y sabiendo cuál es su futuro, comienza a rogar:
—Silas, hijo, por favor. Te daré lo que quieras, dejaré que te la lleves. Será tuya para siempre. No volveré a entrometerme, por favor.
—¿Todavía no te has dado cuenta de que Sarah solo se pertenece a sí misma?
No es mía, a no ser que ella quiera serlo y de ser así, seré la persona más afortunada del planeta porque ella quiera compartir su tiempo conmigo.
¿Has captado la palabra? QUERER. Algo que parece que tú no sabes lo que significa.
Le bajo los pantalones, siendo mucho más fácil que con Callum al estar de pie, aunque estos se quedan atascados en uno de los huesos que sobresalen de su pierna.
—¿Qué te parece? ¿Te apetece probar cuánto dolor es capaz de sentir el cuerpo humano? —pregunto con una gran sonrisa de oreja a oreja.
Vuelvo a repetir la misma operación que con su hermano.
Sujeto el pene de mi padre y coloco el cuchillo en la base.
Comienzo a mover el cuchillo, que no está muy afilado y hace la tarea un poco desastrosa, hacia adelante y hacia atrás haciendo que su miembro termine en mi mano y que sus gritos resuenen por las paredes hasta que termina por desmayarse, al igual que Callum.
Supongo que ese es su límite de dolor, vaya.
Confiando en que ellos me avisen en caso de que tengamos que irnos ya, Madox, siguiendo mis indicaciones, inyecta la adrenalina tanto a mi padre como a Callum.
—Caballeros, un último regalo antes de irme.
Cojo el pene flácido de Callum de la bandeja donde los he dejado y me pongo en cuclillas para embadurnarlo en la sangre de ambos que recojo del suelo.
Me acerco a mi padre, por detrás, y le hago una seña a Madox para que lo sujete.
Con más dificultad de la que me esperaba, comienzo a introducir el pene de Callum en el culo de mi padre.
Sarah se pone ante él, con una sonrisa de oreja a oreja.
—Mira, rellenito, como a mí me gusta —escupe con tal cantidad de odio y rabia que hace que sus brazos tiemblen por la intensidad con la que aprieta sus puños.
Y esa misma intensidad la imprime en sus palabras; por el odio con el que las escupe, estoy seguro de que es algo que él le ha dicho a ella en algún momento y mi visión se vuelve roja. Mi alma llora por Sarah y lo que ha sufrido por mi culpa.
Sacamos a Callum de la silla, lo ponemos de pie y llevamos a cabo exactamente el mismo proceso. Cuando estoy terminando, la voz de Knox hace que salga de mi estado.
—Deberíamos irnos, Silas.
Pero es en ese momento que mi padre comienza a espabilar y a gritar a Callum.
—Todo esto es culpa tuya. Si no metieras las putas narices en mi orfanato nada de esto hubiera pasado, nada se hubiera destapado.
Por mucho que me contaras todo después, ya era demasiado tarde.
Si hubieras hablado conmigo, si me hubieras dicho lo que querías hacer, no hubiera mandado a estos dos imbéciles a investigarte.
Nunca has tenido dos putos dedos de frente.
—Levanta la cabeza y fija sus ojos en Knox mientras intenta mover su cuerpo sin posibilidad—.
Aunque no mentiré, me ha gustado mucho tener el control del verdadero Jake, ese que estaba al lado de Madison y que hacía todo cuanto yo le pedía, que la hacía sufrir.
No era nuestra mano quien lo hacía, pero estaba guiada por nosotros.
He saboreado con gusto el dolor de Madison sabiendo que tú también sufrías por ella.
—¡Hijo de puta! —grita Knox mientras se lanza sobre mi padre y comienza a darle un puñetazo tras otro en lo poco que queda de su cuerpo.
Madox intenta frenarlo y me pide ayuda. Entre los dos lo conseguimos, más o menos.
—Joder, Knox —grita Madox—. ¿No ves que te está cabreando a propósito para que lo mates a golpes? No soporta más el dolor, solo busca morir, y te está utilizando para ello.
—Vámonos —ordeno.
Antes de salir por la puerta, los rocío a ambos con alcohol y les tiro mi mechero, encendiendo así la llama que llevará a la fortaleza hasta las cenizas, empezando por ellos dos.
No me muevo, soportando el calor que emiten sus cuerpos, hasta que estoy seguro de que ambos han dado su última respiración, hasta que veo cómo su piel se derrite y se desprende de su cuerpo. Para entonces, gran parte de la habitación está en llamas y debemos salir corriendo.
Recuerdo las palabras de Sarah:
—¿Sabías que cuando una persona muere, el oído es uno de los últimos sentidos en apagarse? Aunque el corazón haya dejado de latir y las conexiones neuronales se estén apagando, el cerebro todavía puede procesar sonidos.
—Nos vemos en el infierno, señores Blackwell. Espero poder torturaros un poco más allí abajo. Que sufráis de mi mano todo el dolor que le hicisteis pasar a ella durante tantos años.