A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 98
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Capítulo 98

Silas

Al ver juntos a los dos hombres que más odio en esta vida, la rabia me inunda el cuerpo. Me encantaría poder tomarme todo el tiempo del mundo para hacerlos sufrir a ambos, encerrarlos durante años y dejar que se pudran poco a poco.

Se lo merecen.

Por desgracia, debemos quemar esta mierda de sitio cuanto antes, aunque nadie va a impedir que pasen unas cuantas horas conmigo.

Tendré que ser lo más creativo posible para concentrar algo que me encantaría que durara meses en unas pocas horas.

Pero tengo claro que no los dejaré morir pronto, no le concederé una muerte sin dolor.

Gracias a que estamos en una de las salas que a mi padre le encanta usar a menudo, tengo a mano muchas de sus herramientas favoritas. Coloco una pinza en un pezón de Evander, lo que hace que se mueva un poco e intente espabilarse. La segunda va sobre Callum.

Me acerco a la máquina y comienzo a girar la perilla, que sube la intensidad de las descargas de electricidad que está recayendo sobre esos dos hijos de puta. Comienzan a gritar, el olor a cerdo quemado es asqueroso. Supongo que cada uno termina oliendo como lo que es.

Dejo que la aguja baje a cero y Callum comienza a suplicar.

—¿Ya? ¿En serio? No llevamos ni cinco minutos, no seas gallina.

—¡Sarah! Por favor, mi niña, acércate. Sácame de aquí. Lo hice todo por ti, siempre, te lo di todo. Libérame, Sarah, por favor —ruega, pues sabe lo que se le viene encima.

Escuchar cómo las palabras salen de la boca de Callum, cómo se dirige a ella enciende algo dentro de mí que de por sí ya ardía. Mis ganas de hacer sufrir a estos hijos de puta solo van en aumento.

—No te atrevas a dirigirte a ella nunca más. Me alegro mucho de que estés vivo para poder darte la muerte más dolorosa que se me ocurra. Y te aseguro que tengo una mente demasiado creativa.

Me giro hacia Sarah.

—¿Quieres irte?

—No, me merezco verlos morir. Me merezco ver cómo sufren —responde mientras intenta parecer segura, pero veo cómo su pequeño cuerpo tiembla.

—Como ordenes —afirmo mientras sigo buscando entre las herramientas de mi padre.

Saco un cuchillo y comienzo a rotar los hombros, supongo que tendrá que valer.

Hago varios cortes a lo largo de todo su cuerpo, ninguno mortal, pero que sean lo suficientemente incómodos, dolorosos.

Cuando me siento satisfecho y suelto el cuchillo, la voz que sale entre los dientes apretados de mi padre me sorprende:

—Pensé que no tendrías los cojones suficientes para tocarme, mierdecilla desagradecida.

—Llevo años deseándolo —respondo con una sonrisa de medio lado.

—Y aún así, has esperado a que me follara más veces a tu chica de las que lo has hecho tú mismo —espeta mientras se ríe—. ¿Estás seguro de que entre las tres pollas Blackwell que ha probado se quedaría con la tuya?

Mi mano se queda congelada a medio camino de coger la botella de alcohol hacia la que me encaminaba.

—¿Qué has dicho?

Mi padre cierra la boca y aprieta los dientes, pero ahora es Callum quien se ríe.

—Tantos años guardando un secreto que ahora dejas ir a la mínima de cambio por querer hacer daño a tu hijo —balbucea entre carcajadas—. Te ha hecho cantar en dos minutos. Patético, hermano. ¿Y tú eras el favorito de papá?

Mi padre y Callum se ponen a discutir uno con otro. Supongo que eso es señal de que todavía no les duele demasiado.

Cambio de idea y dejo la botella en su sitio, empuño uno de los martillos más grandes y comienzo a dar martillazos en las piernas de mi padre.

Uno.

Y otro.

Y otro.

Y otro.

El sonido de los huesos crujiendo, de la carne rompiéndose, me alegra el alma.

Cuando me detengo, sus piernas se quedan en ángulos extraños, por lo que ya no pueden sostener su cuerpo, así que todo su peso recae en las cadenas que lo sostienen.

En algunos puntos, el hueso ha perforado la piel al partirse, por lo que dejo caer el martillo sobre ellos también, consiguiendo que salten astillas de hueso y sangre por todos lados.

Los gritos de mi padre son música para mis oídos. Madox está tras de mí y Knox un poco más retirado con Sarah.

Cuidando de ella.

Como sé que hará siempre por mí.

Vuelvo por la botella de alcohol y lo vierto sobre las heridas de mi padre que grita, aúlla de dolor para puro deleite de mis oídos.

Cambio mi enfoque y me centro en Callum, y hago exactamente lo mismo que con mi padre.

Rompo todos y cada uno de los huesos de su puto cuerpo, pero empieza a cabecear, sobrepasado por el dolor.

Su cuerpo, cansado de las torturas anteriores por haber entrado en la habitación de Sarah, quiere rendirse, apagarse ante el dolor.

—No le hagas daño a tu tío, Silas. Por favor. Yo he cuidado de Sarah todo este tiempo, está a tu lado gracias a mí. Es la mujer que es gracias a mí.

—¿Qué puta mierda dices? No eres mi tío, no eres mi familia, no eres una mierda. No has cuidado de nadie, la has hecho vivir un infierno, y yo haré que tú lo vivas ahora —escupo con rabia ante sus palabras.

—Te lo contaré, te prometo que te lo contaré todo.

—No hay nada que puedas contarme que quiera escuchar.

—¿Ni siquiera sobre el padre de Sarah? —dice mientras un intento de sonrisa ladeada se forma en su cara.

Por fuera, mi cuerpo se tensa, pero por dentro mi corazón late desbocado.

Puede ser que esta sea la única oportunidad que tengamos de saber algo sobre la familia de Sarah.

Miro hacia atrás y la veo con los ojos abiertos de par en par.

Cuando esos orbes verdes chocan contra los míos, me da un leve asentimiento.

Miro de nuevo a Callum y asiento a su vez mientras vuelvo a ponerme frente a mi padre y espero a que suelte por la boca todo lo que tenga que decirme antes de que vuelva para terminar con él.

Supongo que espera que sea más indulgente, porque va a contarme vete tú a saber qué le ronda por la mente, pero solo estoy retrasando su sufrimiento, no anulándolo. Jamás tendré una pizca de piedad con quien le quitó absolutamente todo a mi gatita.

Si la tocas, mueres .

No hay otra opción. Nadie toca a mi gatita y sale indemne. Si la haces sufrir, yo haré que sufras el doble.

—Empieza. Si te callas, volveré contigo.

La sangre mana por el cuerpo de Callum y resulta realmente asqueroso verlo cubierto de sudor, sangre y lo que estoy seguro de que es orina.

—Él siempre lo ha tenido todo —dice refiriéndose a mi padre—, yo solo quería una pequeña parte. Él se casó con tu madre, se quedó con Elizabeth, con el liderazgo, ¡con todo! Yo solo quería un poco, una pizca, pero siempre fue un egoísta.

Sigo jugando con la perilla que le manda corrientes a mi padre, y Callum fuerza su voz para hablar por encima de los gritos, que ya empiezan a resultar molestos.

—Aquí mi hermano nunca me tuvo en gran estima y siempre prefirió a Zeke, que le era más leal, su supuesta mano derecha —dice sonriendo de medio lado— pero lo que no sabe es que…

Callum se calla, coge aire y vuelve a empezar.

—Evander se casó con tu madre, y tu abuelo, que sabía que tu madre era un cero a la izquierda, decidió regalarle a Elizabeth para que tuviera un bonito agujero donde meter la polla.

Muchos años después, tu madre descubrió que lo que había entre ellos, por parte de tu padre al menos, no era solo carnal y la mató en un ataque de celos.

Pero ella ya tenía dos hijas. Lo que solo yo sabía es que esas hijas no eran de tu padre como él pensaba, y que su mano derecha haría todo lo que fuera para que no se enterara de que se había enamorado de su mujer, de su Elizabeth, y que las niñas que ella había dado a luz eran y son hijas de…

Zeke. Tu padre se enteró años después que no eran hijas suyas, pero nunca supo de quién eran hasta hoy, supongo.

Paro las corrientes que le estoy dando a mi padre para que pueda hablar, para que sienta la traición de la persona en la que más confiaba.

No voy a mentir, me alegro de que así sea.

Me alegro de ver la sorpresa reflejada en su cara; el dolor de que alguien en quien confías no es como pensabas.

Que sienta esa traición hasta en el último músculo de su cuerpo.

Porque sé que lo que ha hecho Zeke va a dolerle más que muchas de las cosas que yo pueda hacerle en esta habitación.

—Hijo de puta, lo mataré. Lo mataré por tocar a mi mujer —berrea mi padre, o lo intenta, porque los músculos siguen teniendo contracciones involuntarias, la boca se le mueve para todos lados y la baba le cae por la comisura de estos.

Vuelvo a encender la máquina y guío la pinza de nuevo a Callum, apremiándolo para que continúe.

—Sabía que tu padre no me daría absolutamente nada de lo que tiene, por lo que convencí a Zeke de que no diría nada a cambio de que él le metiera en la cabeza a Evander que lo mejor para el negocio era que yo estuviera fuera de aquí.

Que fuera libre, sin las restricciones de ser un soldado, y que nos asociáramos con la competencia de la bratva moviendo la droga de otros.

Cuando me marché, me llevé a Sarah para tener una pequeña parte de Elizabeth conmigo.

Eso sí, estaba claro que no podía irme sin hablar antes con tu madre sobre los sentimientos de Evander hacia Elizabeth.

Ella se merecía saberlo —termina Callum, moviendo arriba y abajo su cabeza, dándose una aprobación a sí mismo por lo que hizo en el pasado.

Hijo de puta. Los dos sabemos que no lo hizo por eso. Mi madre le importaba una mierda, pero estoy seguro de que sabía que ella haría algo contra Elizabeth porque no podría hacerlo nunca contra mi padre.