Capítulo 97
Silas
Salgo de la celda detrás de Madox y delante de Knox. Han intentado que sea sutil, pero he sido consciente de que no se fían del todo de mí. Tiene lógica, yo tampoco lo haría.
Mi mente está muy dispersa, no consigo centrarme en nada y tengo las piernas muy débiles después de tanto tiempo encerrado en una habitación tan pequeña. Movían mi cuerpo de la silla al gancho que colgaba del techo. Pero la adrenalina de sacar a Sarah de aquí hace que mi cuerpo se mueva.
Mientras Knox me hablaba, he tomado la decisión de ayudarlos a sacar a Sarah de aquí y, una vez ella esté a salvo, salir de su vida para siempre. Sé que Knox la cuidará por mí, yo solo soy un peligro para ella.
Miro la pistola que tengo en la mano, tomando la decisión de guardar la última bala para hacer el mayor acto de cobardía y dejar a mi gatita luchando sola.
Cualquiera de las dos opciones me rompe el alma, pero, al menos, con la segunda tengo la tranquilidad de que no volveré a ponerla en peligro.
No tengo idea de a dónde nos dirigimos, solo he estado aquí abajo para estar encerrado y torturado, así que toda esta zona a la que solo tienen acceso los soldados más antiguos o con más confianza de mi padre me toma totalmente por sorpresa.
Pasamos por una sala llena de espejos y la reconozco de uno de los videos. Me paro de golpe, lo que hace que Knox choque contra mi espalda. Mueve la cabeza en la misma dirección que está la mía, y supongo que se puede hacer una idea de las imágenes que estoy viendo.
—Lo haremos pagar, Silas. Te lo prometo.
Me pone una mano en el hombro, que me quito de encima con un movimiento brusco y continúo caminando.
Seguimos a Madox hasta una puerta oculta que nos mete en unos túneles.
Varios hombres nos siguen mientras que la otra mitad se han quedado dentro de la caseta de vigilancia para no hacernos notar tanto y que nos puedan ir dando indicaciones de por dónde tenemos vía libre.
O algo así dijeron entre ellos, mi mente no está del todo presente.
El pasadizo se parte en dos, y ninguno de los tres tiene la menor idea de por dónde ir. Sugiero separarnos pero se niegan en rotundo.
Así que vamos como niños de tres años dados de la manita primero por una de las calles, que nos lleva al despacho de mi padre, que se encuentra vacío, por lo que damos vuelta y seguimos la siguiente parte.
Liz le ha asegurado que sale directo a donde se encuentra Sarah, solo tendremos que pasar por una habitación.
Cuando llegamos, me dispongo a empujar la puerta, pero Madox me frena de golpe.
Me giro poniendo mala cara y me hace un gesto para que guarde silencio.
En el momento en el que lo hago, escuchamos los pasos de mi padre de un lado al otro.
Parece que camina en círculos mientras habla por teléfono con alguien.
—Me da igual, Falcón, te dije que quiero al clan de los Santos reducido a cenizas. Y lo quiero ya.
Madox abre los ojos de par en par, supongo que sabe de quién habla. Yo no tengo ni la menor idea.
—¿Por qué mierda los putos gallegos siempre tenéis que responder a una pregunta con otra? Me tenéis hasta los cojones. Ya no recibimos órdenes del Brigadier , últimamente va por libre, pues nosotros también. Menos a repartir.
Mi padre empieza a insultar a los gallegos con cualquier cosa que se le pasa por la cabeza, así que supongo que ha colgado la llamada.
Madox empuja la puerta y veo que tiene a mi padre a tiro, pero le sujeto la mano, frenándolo.
Muevo mi cabeza hacia los lados para indicarle que no merece una muerte rápida.
Se escucha abrir una puerta y a mi padre hablar. Está demasiado lejos por lo que no consigo entenderlo. Asomo la cabeza y no lo veo, así que salimos de los túneles. Cuando nos acercamos silenciosamente a donde se supone que está el cuarto de Sarah, mi padre espera en la puerta, dándonos la espalda.
Le hago a Knox una señal que entiende a la perfección y le atacamos cada uno por un lado. Mi padre se resiste y nos da algún que otro golpe. Madox se une y, siendo tres contra uno, conseguimos dejarlo K.O con bastante rapidez. No está muerto, pero por ahora es suficiente.
En cuanto paro a coger aire, soy consciente del sollozo que hay al otro lado de la puerta.
Me giro con el pánico instalado en mi cuerpo y ante mí encuentro a la mujer más guapa que he visto jamás, con los ojos verdes llenos de lágrimas y una enorme sonrisa que le adorna la cara. Corre a mis brazos y los abro para ella.
El abrazo me llega hasta el alma.
—Estás vivo —intenta decir entre sollozos—. Estás vivo.
—Ya estoy aquí, gatita, ya estoy aquí —susurro en su pelo mientras aprieto más los brazos a su alrededor.
Sarah gira su cabeza y posa sus labios sobre los míos.
Un beso que comienza lento, pero que poco a poco va subiendo en intensidad.
Un beso que sabe a casa.
Un beso que sabe a hogar.
Un beso que sabe a mi mujer.
Un beso que sabe a la mujer de mi vida.
—No me gusta interrumpir, y menos después de todo lo que habéis pasado, pero necesitamos volver abajo. Puede aparecer alguien en cualquier momento.
Nos encaminamos otra vez por los pasadizos con una Sarah que se aferra a mí como si fuera a marcharme de su lado. Cuando llegamos al búnker, su voz nos sorprende a los tres:
—¿Dónde está Callum? ¿Podemos meterlos a los dos en la misma celda? Quiero veros morir con mis propios ojos.
Los hombres de Artem nos dan las indicaciones para llegar a la celda de Callum, su risa rebota por las paredes en cuanto entramos y cerramos la puerta.
—Hola, hija. ¿Vienes a rescatar a tu papá?
—Solo he venido a ver cómo sufres, cómo mueres, cómo el puto fuego del infierno te consume —escupe Sarah con rabia.
Callum está sentado en una silla, atado. Así que, entre Madox y Knox, cuelgan a Evander en unas cadenas iguales a las que me sostenían a mí hasta hace relativamente poco.
Sacan una foto y mandan el mensaje: Evander ha caído.
Avisan a los hombres que salgan a por todos los integrantes de la fortaleza mientras nosotros cuatro estamos aquí abajo, haciendo que los dos desgraciados que tenemos ante nosotros rueguen por morir.