Capítulo 96
Knox
Después de lo que se me antojan demasiadas horas metidos en un puto avión de combate, que no puede ser más putamente incómodo para un vuelo tan largo, llegamos a las inmediaciones de la fortaleza. Allí nos espera Madox, ya vestido y armado para la misión.
—Bienvenido de nuevo, hermano. —Me tiende la mano para bajar del avión.
Dejo su mano colgada en el aire y me giro a Madison, quien se quedará en el avión custodiada por dos hombres. Si las cosas salen mal, sabe que tiene que largarse de aquí sin mirar atrás.
Me acerco y poso mis labios sobre los suyos. Está temblando como si fuera una puta hoja en un árbol un día de tormenta.
—Estaré bien, y ellos también. Tranquila —le aseguro mientras rodeo su cuerpo con mis brazos y la aprieto contra mí.
—Vuelve, por favor. Te quiero.
—Siempre vuelvo a ti, conejita. Eres mi hogar.
Me despido con un beso y salto para bajar del avión. Ahora sí, le doy la mano a Madox.
—Vamos, tenemos que salvarle el culo a mi hermano.
Los guío a la única brecha en todo el muro, a un lado de los barracones. Tendremos que buscarnos la vida para acceder al búnker, que tiene menos vigilancia, y accederemos a casa de Evander por unos túneles que la hermana de Sarah le ha mostrado a Madox.
Necesitamos como sea que esto salga bien.
Estamos a plena luz del día, ya que por la noche el búnker está más lleno de gente.
Decidimos entrar a mediodía porque sé que la mayoría de los hombres estarán comiendo en los barracones.
A no ser que tengamos alguna amenaza, hay muy pocos hombres patrullando la zona.
Evander cree que con las garitas de la entrada y algún que otro soldado es suficiente.
Hoy nos encargaremos de demostrarle que no es así.
Accedemos por la abertura lateral y nos quedamos pegados al muro, ocultos por la vegetación.
Seguimos en fila cuando cruzamos por detrás del edificio del gimnasio, y es ahí cuando pasa el primero de los guardias que está haciendo la ronda.
Madox, que es la única cara conocida en este momento, sale por detrás y hace amago de saludarlo, lo atrae hasta los arbustos y, una vez allí, entre los dos conseguimos silenciarlo, partiéndole el cuello.
Lo dejamos tirado a un lado y seguimos. Un estorbo menos.
Pasamos por detrás de la casa de Evander sin ningún problema y paramos ante la parte trasera del búnker, y aquí radica nuestro mayor problema: meter a tal cantidad de hombres por una pequeña puerta con unas escaleras muy estrechas de bajada. No sabemos qué nos vamos a encontrar abajo.
Así que mandamos a nuestra única opción y el que más está arriesgando su culo hoy. Madox se adelanta sin ningún tipo de preocupación. Cuando llega abajo, da un aviso por los comunicadores que llevamos indicándonos que es seguro bajar.
Colocamos a un par de hombres a cada lado del búnker para que vigilen la superficie, y poco a poco comenzamos a descender.
Cuando unos cincuenta hombres están dentro del búnker, damos señal de avanzar.
No llevamos ni dos minutos aquí abajo cuando Jonah sale de una de las habitaciones y nos encuentra de frente.
Comienzo a correr, pero es más rápido que yo.
Abriremos fuego solo como último recurso para no alertar a nadie pero, si no lo mato ya, dará la voz de alarma y estaremos jodidos. Corremos tras Jonah y termino de colocar el silenciador en mi nueve milímetros justo cuando cruza la puerta de su sala de vigilancia y le pego un puto tiro en la nuca.
Cuando su cuerpo toca el suelo, el silencio hace acto de presencia, La paz se impone y me quito un peso de encima. Uno menos.
Además, el imbécil, en su afán por dar la alarma, ha abierto la puerta de la zona de vigilancia, dándonos acceso a las cámaras y a la apertura de puerta de todas las habitaciones. Al menos hemos conseguido que algo salga bien.
Entro rápidamente y lo último que espero es encontrar a un soldado apuntando a la puerta, esperándome.
Madox tira de mí en el último momento, pero no puede evitar que la bala me roce el hombro.
Joder, cómo escuece.
Disparo y acierto entre ceja y ceja.
Le quito al cuerpo muerto de Jonah la tarjeta que abre la puerta de todas las habitaciones y comienzo a buscar de un modo frenético por las pantallas intentando dar con Silas.
Lo localizo en una de ellas y salgo corriendo con la tarjeta en la mano.
Madox viene detrás, intentando detenerme para ir con más precaución, pero no puedo, no cuando acabo de ver a Silas esposado y atado a una puta silla y cubierto de sangre de pies a cabeza delante de un puto televisor.
Accedo a la sala y, nada más abrir la puerta, el olor del sudor y sangre me golpea como si de un golpe físico se tratara.
Silas no aparta la mirada de la pantalla, creo que ni siquiera es consciente de que alguien ha abierto la puerta.
Me acerco con cautela, extrañado de qué lo tiene tan ensimismado.
Cuando estoy lo suficientemente cerca, consigo darme cuenta del sonido que emite la pantalla, los jadeos y los sollozos.
Aparto la vista de Silas y me encuentro con una grabación de Sarah en una habitación, tendida en el suelo y con la mirada completamente perdida. En la otra mitad de la pantalla, de donde vienen los sonidos, se emite una grabación de Sarah con Evander.
Quiero vomitar.
Aparto la mirada rápidamente de la pantalla y me acerco poco a poco a Silas.
—Hermano, ya estoy aquí. Venga, vamos por ella.
Habla, pero no aparta la vista de la pantalla.
—Ve por ella, Knox. No merezco salir de aquí, no con vida. Es mi culpa. Ella está ahí por mi culpa, lo menos que puedo hacer es acompañarla mientras sufre.
—Vamos, hermano, no es tu culpa —le hablo con cuidado mientras inspecciono la habitación buscando el modo de soltarlo—. No eres culpable de las acciones de los demás. ¿Desde cuándo está puesto eso?
—Desde el primer día. —Silas lleva meses viendo cómo violan a Sarah, culpándose cada una de esas veces—. Yo la puse en esta situación, es mi culpa. Merezco todo lo que me hagan.
La voz de Silas sale ahogada, ronca y baja, como si llevara horas gritando, como si no hablara jamás y perdiera la costumbre de usar la voz.
La última vez que lo tuvieron aquí abajo, estuve para él. No me puedo imaginar cómo está su mente ahora.
Miro a Madox, que por respeto nos da la espalda y vigila en la puerta.
—Madox, necesito ayuda para soltarlo.
Este se adentra en la habitación y solo le dirige una mirada a la pantalla, girando la cara con disgusto. Entre los dos conseguimos soltarlo y quitarle las cadenas. La mayor parte de la sangre que le cubre el cuerpo sale de sus muñecas, de intentar soltarse el mismo.
Le tiendo una pistola, sin tener muy claro si está del todo cuerdo.
—Vamos a salvar a tu chica, hermano.