Capítulo 95
Knox
Cuando me acerco a la cabaña después de haber estado corriendo largo y tendido, veo a lo lejos a mi conejita con el teléfono por satélite en la mano. Eso solo puede significar malas noticias, así que acelero utilizando las pocas energías que me quedan.
—¿Qué ha pasado? —pregunto cuando estoy lo suficientemente cerca para que me escuche.
—Ha llamado Sarah —responde Madison.
—¿Cómo que Sarah? ¿A ese teléfono? —No doy crédito a lo que está diciendo.
No es normal que sea ella quien lo haga, y eso solo puede significar una cosa: Silas está en peligro. No sé qué ha podido torcerse tanto para que sea necesario llamar al teléfono de emergencias, pero eso solo hace que ponerme más nervioso.
—¿Qué ha dicho? Necesito que me digas cada una de las palabras que han salido por su boca, Madison.
—No lo sé, no lo he comprendido todo. Algo sobre un tal Evander que los tiene retenidos en un búnker o algo similar. Que necesitaba que lo sacaras de allí y que no tenía demasiado tiempo. No lo sé, Knox. Estaba muy nerviosa, parecía en peligro.
—Me temo que lo está, conejita. Pero no lo entiendo, llegó la confirmación de mi muerte desde Rusia, esa era la puta señal de que todo estaba bien. Creí que a estas alturas estaban viviendo allí, que no se ponían en contacto por precaución.
—No tenías modo de saberlo —me dice mientras intenta darme consuelo poniendo su mano sobre mi brazo.
—Debí haberlo sabido, debí haber sabido que si Silas no se ponía en contacto, era porque algo no iba bien, joder.
Siento el peso de la culpa por haber dejado a mi hermano tirado durante todo este tiempo. Porque si están con Evander, estoy seguro de que no han salido de allí en ningún momento.
Silas lleva un puto año metido en ese jodido agujero mientras yo seguía con mi vida.
Es algo que nunca me perdonaré.
Pero ahora mismo no tengo tiempo para esto, para compadecerme de mí mismo, necesito ponerme en marcha. Haré lo que sea que haga falta para sacarlo del puto agujero donde está y reducirlo todo a putas cenizas, tal como él quería hacerlo.
—Recoge tus cosas, conejita. Nos vamos a Rusia.
En cuanto ponemos un pie en Rusia, un Mercedes negro con cristales tintados —y supongo que blindado— nos espera en la pista de aterrizaje.
He tenido que traerme a Madison conmigo porque, sabiendo como están las cosas, no me fío de dejarla sola ni un solo segundo.
Sea cual sea el modo, está en peligro, por lo que prefiero mantener siempre un ojo puesto en ella.
—No te despegues de mí en ningún momento, bajo ninguna circunstancia. Pase lo que pase.
Asiente con la cabeza justo antes de que entremos al coche, que nos lleva directos a una de las propiedades del Pakhan . No he tenido contacto previo con él personalmente, pero me consta a la perfección que sabe quién soy.
Cuando el coche se para ante la puerta de una imponente casa, un hombre trajeado nos recibe en las escaleras.
—¿A qué debo esta visita tan repentina?
Intuyo pues que este hombre debe de ser el Pakhan .
Sé que debo de ser muy precavido con mis palabras, el hombre tiene fama de ser jodidamente bueno con la hoja de un cuchillo. Pero ahora mismo, prima más la vida de Silas que la educación.
—Me gustaría hablar en privado, Pakhan .
—Síganme.
Nos adentramos en la casa, donde nos dan paso a un despacho. Segundos después, aparece otro hombre que nos presenta como su mano derecha, Vasily.
—Soy todo oídos, Hayes.
—He sabido que Silas se encuentra retenido en la fortaleza desde la visita que te hizo meses atrás.
—Me he enterado esta misma mañana. Se ve que ayer se armó un gran revuelo en la fortaleza y mi hombre de confianza ha descubierto varias cosas. Pero mi pregunta es ¿cómo te has enterado tú?
Noto por el tono de sus palabras que cree que estamos jugando a dos bandas, pero nada más lejos de la realidad.
—La mujer de Silas consiguió escapar el tiempo suficiente para poder hablar con la mía y hacernos saber que Silas estaba en peligro.
—Y ella también lo está —responde Artem.
—Necesitamos que la ayudes, por favor. No puede pasarle nada a Sarah.
—Madison… —le llamo la atención poniendo una mano sobre su pierna.
Lo último que quiero es que Artem o cualquiera de sus hombres se fije en ella.
No parece ser esa clase de hombre, pero he escuchado los rumores sobre su padre y él hace poco que ocupó el cargo, solamente unos meses antes de que Silas viniera por primera vez a Rusia, y de tal palo tal astilla.
Solo Silas parece ser la excepción a esa regla, y no quiero averiguar lo contrario si es Madison quien está sobre la mesa.
—Tranquilo, entiendo que está preocupada por su amiga. —Le dedica a Madison una sonrisa tranquilizadora—. He oído hablar de ti, Madison. Podéis estar tranquilos, intentaremos que ninguno de mis hombres te haga sentir incómoda.
¿Por qué este jodido imbécil le sonríe a mi mujer? ¿Es que tiene ganas de morir y aún no se lo ha dicho a nadie? Imágenes de mis manos alrededor de su cuello, asfixiándolo, pasan por mi mente.
Madison me da una patada por debajo de la mesa. Quizá le estaba mirando muy fijamente, pero él ha empezado, sonriéndole a mi mujer.
Le voy a borrar la puta sonrisa a base de balazos.
—¿Quieres saber lo que sé, o prefieres seguir matándome con la mirada? —Como ve que no respondo, añade—: No me interesa tu mujer, Knox.
—Perdónale, a veces se pone un poco territorial —responde Madison por mí.
Dejo pasar los comentarios de ambos por el bien de Silas, pero me temo que tengo una conversación pendiente con mi conejita. No soy territorial, solo me disgusta que miren lo que es mío, mucho menos que le sonrían de ese modo. Bueno, igual sí soy un poco celoso.
—¿Qué sabe tu informante? ¿Es de fiar?
—Va a ser tu enlace conmigo cuando lleguéis a la fortaleza. Todo pasará a través de él, y creo que sí, que lo consideras alguien de fiar.
—¿Yo?
—Claro. Tengo entendido que tienes muy buena relación con Madox.
—Tremendo cabrón, jamás lo hubiera sospechado.
—Y justo por eso es mi mejor espía. Verás, Madox ha descubierto que Evander tiene a Sarah retenida en su casa y a Silas en el búnker. Llevan así al menos diez meses. La hermana de Sarah se había mantenido callada por miedo a las represalias, Evander la tiene bien amenazada. Además…
—¿Sarah tiene una hermana? —pregunta Mads completamente descolocada.
—Sí, poca gente lo sabe, muy poca, y así debe de seguir siendo, al menos de momento. Como decía, todo se ha destapado porque Callum se coló en la habitación de Sarah y Evander lo ha encerrado y se pasa el día torturándolo, igual que a Silas.
—Pero… Se suponía que Callum estaba muerto —digo sin entender nada—. Silas le disparó.
—Pues, a no ser que sea un fantasma, está muy vivo.
Estoy montando un operativo con mis hombres para poder acceder a la fortaleza y desmantelarla por fin, siguiendo el plan que tracé con Silas en su momento.
Creímos que se había ido a investigar sobre su padre y por eso no se ponía en contacto.
Me siento en parte responsable de su situación.
No voy a aliviar su culpa, que cargue con ella como yo hago con la mía.
—Como decía, mañana por la tarde todos mis hombres habrán llegado y partiréis todos juntos en el mismo avión. Una vez en Montana, Madox y tú estaréis al frente de la operación. No la cagues, os necesito a los dos trabajando para mí.
—¿Trabajando?
—Una de las condiciones del trato con Silas fue que una vez la fortaleza fuera polvo, trabajaréis directamente para mí, sin más intermediarios. Ambos buscamos lo mismo, terminar con la calaña como Evander Blackwell.