Capítulo 88
Sarah
Cuando Evander me manda a dormir a mi cuarto, tengo claro que algo se trae entre manos. Sea lo que sea, Silas se encuentra en medio. Estoy segura de que ese es el único motivo por el que me mandaría de vuelta aquí.
No me voy a quejar, estar aquí me da margen para no tener a Evander pegado todo el rato. Ahora quiere que pasemos el tiempo juntos, que veamos películas, nos acurruquemos… Cosas de gente normal, vaya. Cosas que no quiero hacer con él por nada del mundo.
Estar aquí me da descanso de una obsesión que solo hace que ir en aumento. Últimamente hasta Zeke ha sido consciente de ello.
Me meto en la ducha, el único sitio donde no hay cámaras, ni micros, ya que los he estropeado a propósito y Evander no es consciente de ello para arreglarlo.
Me dejo ir, dejo que mis emociones fluyan, que el llanto salga.
Paso la cuchilla por mi piel y dejo que el dolor se purgue, que la sangre desaparezca por el desagüe.
Desde que estoy en el hotel y no tengo que pasar tanto tiempo con Evander, es más fácil de gestionar, pero más difícil acudir cuando me llama.
Tengo más libertad para irme en cualquier momento, y justo eso es lo que hace que crea que tiene más poder sobre mí, que tengo la posibilidad de escapar pero elijo quedarme con él.
Hace tiempo que no amenaza a Silas y he empezado a pensar que es porque ni siquiera recuerda las amenazas, pero tampoco quiero tirar de la cuerda y que le ocurra algo.
Sueño con Silas absolutamente todas las noches, con el tacto de su piel en la mía, con el sabor de sus besos, con el amor que me da en cada segundo que pasa a mi lado, incluso con disfrutar con él.
Tengo la necesidad de que borre todas y cada una de las marcas que su padre ha dejado en mi piel, que borre todas ellas con besos cargados de amor, con la devoción que ahora sé que me profesa.
Estar tanto tiempo separados y ver el amor reflejado en la cara de Knox cuando hablamos de Madison me ha dado la perspectiva, el ser consciente de que esa misma cara es la que pone Silas cuando me mira y cree que estoy durmiendo.
No me arrepiento de la decisión que he tomado porque, si mi dolor sirve para que él esté vivo, jamás tendrá lugar en mi cabeza arrepentirme.
Pero muero por la necesidad de poder vivir a su lado, de escapar de este sitio y dejar todo atrás.
De mostrarle los nuevos juegos online que he descubierto, comentarle mis lecturas, de las que me escucha hablar durante horas y de las que estoy segura que estaría más que dispuesto a recrear más de una escena…
La sonrisa me brota a la cara solo de pensar en Silas persiguiéndome en medio del bosque.
Pero, sobre todo, me encantaría enseñarle algo que sé que no puedo: todos los progresos que he tenido en lo que salir al aire libre se refiere.
Sigo teniendo mucha ansiedad, sigue habiendo una puta roca en mi pecho cada vez que el sol me besa la cara, pero lo hago, salgo.
Camino. Corro. Dejo que el viento me mueva el pelo.
No puedo esperar a compartir todo eso con Silas. Me muero de ganas por salir de aquí con él. Solo con él.
En todo el tiempo que he pasado encerrada a lo largo de mi vida, nunca he conseguido encontrar un trébol de cuatro hojas, pero la suerte consiguió encontrarme igualmente cuando puso a Silas en mi camino.
El agua de la ducha sigue abierta, pero hace ya tiempo que solo miro la pared de enfrente dejando los pensamientos volar de un lado al otro de mi mente, dejando que las lágrimas fluyan sin control.
Paso los dedos por las protuberancias de los muslos, noto las marcas y siento el rechazo de forma inmediata, por lo que salgo de la ducha y, con el pelo mojado, me pongo una camiseta de Silas y me acuesto en su lado de la cama.
Solo es necesario su olor para que sienta paz.
Pero es una paz que me rompe por dentro por lo desdichados que somos al tener que vivir en esta situación.
Pagaría lo que fuera por poder vivir entre sus brazos hasta que la luna se apague.
Unos besos dulces en mi cabeza me despiertan de un sueño que es mejor dejar atrás. De forma instintiva me aparto rechazando el contacto de Evander, pero cuando abro los ojos, me encuentro con unos ojos negros como los suyos, pero que no le pertenecen a él.
No puedo hacer otra cosa que no sea saltar de la cama y abrazar a Silas mientras lloro enterrando mi cara en la curva de su cuello.
Suelta un pequeño quejido pero no me aparta ni un solo centímetro de su cuerpo.
Noto cómo una lágrima suya choca contra mi piel.
Supongo que no soy la única que lo ha pasado mal.
Me separo de Silas con una sonrisa que se me sale de la cara. Mi corazón no puede estar más contento, la alegría, la paz… me embargan de un modo que solo con él es posible.
—Sarah, lo siento no…
—No quiero saberlo —lo corto.
Tengo que evitar que hable como sea. No puedo decirle que su padre tiene acceso a las cámaras, que tiene micrófonos, porque no tengo modo de explicar cómo lo sé, así que necesito ingeniármelas para que no hable.
—Ya hablaremos. Solo déjame estar contigo sin nada más por medio. Sin tiempo, sin hablar, solo… estar —pido mientras lo llevo conmigo a la cama.
—Me parece perfecto, mi niña.
El mote le ha salido de un modo tan normal, tan natural, tan posesivo, que no puedo hacer otra cosa que pegar mis labios a los suyos y acurrucarme contra él y, sin quererlo, nos dormimos en brazos del otro.