A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 86
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Capítulo 86

Sarah

Después de la conversación que tuve con Knox ayer, lo que menos me esperaba es que Madison me llamara para vernos y tomar algo hoy, pero no voy a desaprovechar la que puede ser la última vez que Knox permita que Madison se me acerque.

A pesar del frío que hace este octubre, salgo corriendo del hotel dejando atrás mi cazadora por la emoción.

En cuanto pongo un pie en la calle, como siempre, el miedo de estar al aire libre y no resguardada entre cuatro paredes hace que me cueste avanzar.

Como cada vez, comienzo a pensar en Silas y en que está a mi lado acompañándome, y la bolita de ansiedad que tengo en el pecho consigue aflojar un poco, consiguiendo que respirar sea más fácil.

Cuando llego al bar, me pido un pumpkin spice latte, me siento en nuestra mesa de siempre y me pongo a trabajar la paciencia porque sé que Madison llegará tarde, como cada vez que nos vemos.

Veinte minutos después, la veo cruzar la puerta y, mientras se entretiene pidiendo su café en la barra antes de venir a sentarse conmigo, consigo ubicar a Knox entre las sombras, sentado en su R1 negra y con el casco puesto.

Hago un leve gesto con la cabeza a modo de saludo y él responde del mismo modo.

No sé toda la historia entre Madison y Knox, pero me gustaría que me la contaran algún día.

Madison se me une y, como siempre, me quejo.

—¡Qué raro, solo has llegado veinte minutos tarde! —le digo exasperada.

—Lo siento, estaba haciendo la maleta —me contesta mientras una sonrisa comienza a expandirse por su cara.

Me percato de la maleta que ha dejado en el suelo, a los pies de su silla.

Abro los ojos de par en par. Anda que no se ha dado prisa en sacarla del pueblo, pero, joder, Madison nunca ha salido de aquí. Me mira esperando una reacción, y le digo lo primero que se me pasa por la cabeza intentando disimular.

—¿Qué coño dices? La ruptura con Jake te ha trastornado la puta cabeza. Nunca has salido del pueblo —le digo intentando fingir sorpresa.

—Lo sé, y creo que justamente es lo que necesito. Salir, respirar otro aire, buscar un lugar que me haga estar en paz. Así que he buscado por internet; me voy a Alaska a conectar con la naturaleza, a caminar por el bosque —responde soñando con todo lo que va a hacer.

La cara de Madison refleja toda la ilusión que le hace este viaje. Pero necesito que me dé algo que poder decirle a Evander, algo que no la ponga en peligro.

—Vale, levántate. Voy a llevarte al hospital. Definitivamente estás drogada, no estás pensando de forma lógica. ¿Qué va a pasar con tu trabajo? —intento transmitir toda la preocupación que puedo, aunque por dentro estoy dando saltos de alegría por que se largue de aquí.

—Lo he dejado. Ya no hay motivo para preocuparse.

Me quedo congelada porque es información que puedo darle a Evander sin comprometerla. No quiero que siga hablando porque no quiero tener nada que Evander pueda sonsacarme para hacerle daño. Pero Madison sigue contándome con mucha ilusión:

—Esta mañana me encontré un trozo de papel delante de la puerta del hotel que ponía: «Tongass National Forest».

El puto Knox no puede ser menos discreto. Me río por dentro porque el cabrón está llevando a Madison a donde le da la gana, y ella no es consciente. Estoy segura de que ha dejado el papel escrito de su puño y letra.

—Lo googleé —continúa Madison— y resulta que está en el sudeste de Alaska. Me enamoré de los paisajes, así que tengo que verlo por mí misma.

Joder, no quería saber dónde iba. Necesito borrar esa información de mi cabeza.

—Me alegro de que te hayas dado cuenta de que Jake no merece la pena y vayas a descubrir quién eres y lo que te gusta —le digo mientras pienso en cómo Silas también lo hizo por mí—. Te lo mereces, Mads.

Se le llenan los ojos de lágrimas, se pone de pie y me abraza, un abrazo que me carga el alma.

—Me gustaría quedarme más rato contigo, pero he venido justo antes de ir al aeropuerto. He comprado un billete de avión hace unas horas y si quiero llegar al vuelo, tengo que salir ya.

Asiento.

—Espero que encuentres lo que buscas, Madison. Estaré aquí cuando vuelvas.

Es posible que no sea verdad, que no esté cuando vuelva, pero un trocito de mí siempre estará con ella.

Madison sale por la puerta y se queda parada. Veo la indecisión, no sabe qué dirección tomar y, cuando estoy a punto de salir, para guiarla al aeropuerto, la moto de Knox le obstaculiza el camino de vuelta a Jake.

Estoy segura de que mi amiga se lo ha tomado como una señal más del destino y no como lo que es: un cabrón obsesionado que quiere que sea suya, pero que la quiere con locura.