Capítulo 85
Knox
Llevo todo el día siguiendo a una Madison muy ocupada, pero de la nada lo deja todo y se encamina a su cafetería de siempre.
A medio camino, se detiene a hablar con alguien, y supongo que debe ser la mujer con quien siempre se sienta a tomar algo en la cafetería.
No puedo estar del todo seguro porque hasta ahora no he conseguido verle la cara, pero estoy decidido a que eso cambie hoy.
Me alegra que Madison tenga en quién apoyarse fuera de las garras de Jake, pero tengo un mal presentimiento y necesito investigar a la persona que está ahí para mi conejita.
Me muevo para intentar colocarme en el lado contrario, ya que la mujer me da la espalda. Cuando al fin lo consigo, cuando mis ojos hacen contacto visual con la cara de ella, me congelo por completo.
Es imposible.
El desayuno de hace un rato se siente pesado en mi estómago, la sensación de incredulidad es cada vez mayor. No puede ser. No. Puede. Ser. No puede ser Sarah.
¿Qué coño hace Sarah aquí?
Sé que Silas me dijo que no me pusiera en contacto con él bajo ningún concepto, pero no puedo evitar que de forma casi inconsciente mi mano viaje a mi bolsillo y saque mi teléfono.
Llamo a Silas más rápido de lo que jamás creí posible, pero salta el buzón de voz.
La conversación entre Madison y Sarah se corta rápidamente y esta segunda comienza a correr.
Ah, no.
Ni de broma.
Por primera vez en mucho tiempo, dejo que mi conejita se quede sola y corro tras Sarah; tiene muchas explicaciones que darme.
Solo puedo pensar en todas las cosas que pueden haber ido mal…
En que esta hija de puta lo ha vendido. Ha vendido a mi amigo y va tras mi conejita.
El puto Evander ha conseguido llegar a ella no sé de qué modo, pero no dejaré que toque a mi chica de ninguna manera.
Ahora entiendo el sentimiento de traición que enterró mi relación con Silas, al menos de modo parcial. Ahora entiendo el dolor de mi hermano, porque lo estoy sintiendo en carne propia.
Cómo esta hija de puta nos ha vendido a todos.
Ha llegado el momento y, aunque no esté del todo lista, necesito sacar a mi conejita de aquí cuanto antes.
Alejarla lo máximo posible de las garras de Evander, de las de Jake, incluso de la única puta amiga que tiene.
Joder, siento que esto va a terminar por romper a mi conejita, y ya solo por eso, Sarah merece la puta muerte lenta que me encantaría darle, pero a quien le corresponde clavar el cuchillo en su piel no es a otro que a Silas cuando le cuente lo ocurrido.
El teléfono sigue dando tonos pero nadie responde al otro lado, y eso me inquieta cada vez más. Cada llamada sigue terminando en el buzón de voz.
Sarah se adentra en una calle poco transitada, y es mi mejor oportunidad. Acelero el paso y la sujeto por el pelo, dándole un tirón y haciendo que choque contra el lateral de un edificio.
—¡No! Lo siento, Knox.
—¿Qué sientes? ¿Qué mierda vas a sentir, jodida zorra? Los has vendido a los dos. ¿Qué mierda te ha dado Evander que es tan importante para que traiciones a las únicas personas que te han querido en tu puta vida?
Sigo gritándole con su pelo aferrado a mi puño y presionando su cuerpo contra la pared del edificio. Las lágrimas le recorren la cara, pero no, ya no. Ya no voy a creer nada de lo que salga por su boca.
—Te lo explicaré, Knox, te prometo que todo tiene una explicación. Pero no aquí, en otro sitio donde nadie pueda vernos.
—¿Qué pasa si no quiero oírte?
—Que romperás el corazón de las dos personas que más quieres.
Hija de puta.
—Camina —gruño—, conozco un lugar.
La llevo a un almacén en venta que se encuentra a dos calles de donde estamos. Una vez dentro, la suelto, ya que aquí no tiene modo de escapar.
—Canta, pajarito. —Acompaño las palabras con una mirada cargada de odio que la hace temblar.
Sarah se sienta en el suelo y me da la espalda. Comienzo a moverme, pero su voz me para en seco…
—Por favor, así es más fácil —dice con voz rota—. Concédeme esto.
Asiento hasta que soy consciente de que no puede verme.
—Continúa —suelto con cansancio.
—Lo que vas a oír no es fácil de decir, supongo que tampoco de escuchar. Nadie lo sabe ni debe saberlo jamás. Sobre todo Silas.
—No voy a ocultarle nada a mi hermano, Sarah.
—Lo harás si quieres que viva.
—¿Todavía tienes la osadía de amenazarme?
—Ojalá fuera una amenaza. —responde con pesar.
Y en cuanto las palabras de Sarah salen por la boca, comienzo a unir puntos.
Mierda.
—¿Qué ha pasado, Sarah?
Ella coge aire de forma sonora y continúa:
—Silas salió a una misión y yo me quedé en la habitación, como siempre.
Hubo varios cortes de luz muy raros, pero no le di la mayor importancia, aunque debí haberlo hecho.
Eso hizo que uno de los sistemas de aviso de Silas se desconfigurara, por lo que, cuando entraron los que ahora sé que son Darío y Jonah en nuestra habitación, no tuve margen para hacer nada.
—No…
—Me temo que sí. Se ve que alguien avisó de que había escuchado ruidos. La primera vez pude esconderme, la segunda también, en la tercera no tuve tanta suerte. Darío y Jonah me llevaron ante Evander, y me amenazó con lo único que yo valoro. Con lo único que tengo. Lo único por lo que lucharía.
—La vida de Silas —susurro, quizá más para mí que para ella.
—La vida de Silas —confirma—. Esa misma noche volvisteis de una misión y lo obligó a pasar toda la noche en el búnker solo para demostrarme que podía hacerlo. Desde entonces, os envía a misiones para poder estar conmigo.
—¿Cuándo dices estar contigo…?
Siento que no es fácil para Sarah decirme algo así, pero necesito saberlo todo. Tengo que poder ayudarla de algún modo a salir de ahí.
—Si lo que estás preguntando es si me viola, sí, lo ha hecho en múltiples ocasiones. Ha dejado que sus hombres me toquen, me marquen, del mismo modo que lo hace con las mujeres que viven en el búnker.
—¿Qué mujeres?
—Me temo que hay mucho que no sabes pero no tenemos tiempo. No puedo desaparecer así. Me vigila. Está atento a todos mis movimientos para tomar represalias contra Silas al mínimo fallo. No puedo dejar que lo mate, Knox. Lo siento, pero no puedo.
La desesperación de Sarah se deja entrever en sus palabras y por mucho que intento pensar no se me ocurre un modo mejor de hacer las cosas de lo que ya lo estamos haciendo.
—Lo entiendo, dame lo esencial para que pueda ayudarte.
—No voy a permitir que pongas a Madison en riesgo, Knox. No me lo perdonaría. Así que vas a quedarte al margen.
La lealtad de Sarah hacia mi conejita me atenaza el pecho. Levanto el brazo para intentar agradecérselo.
—No te distraigas, Knox, tengo prisa. Mi madre vivió en la fortaleza y se quedó embarazada de alguno de los hombres de Evander.
De esa unión nacimos mi hermana Liz y yo.
Todavía no entiendo de qué modo, pero alguien me sacó de la fortaleza y me entregó a Callum, con quien conviví hasta que Silas me encontró.
Pero mi hermana lleva toda la vida allí.
Evander cree que no lo sabemos, pero fuimos conscientes de ello en el mismo momento que nos vimos por primera vez, pero no queremos darle más munición a Evander contra nosotras.
—Todo eso lo entiendo, pero ¿qué pintas siguiendo a Madison?
—Evander sabe desde el principio, o al menos desde hace mucho tiempo, tu relación con ella, y lo que Jake le hace pasar.
Solo estoy aquí para vigilar las cosas que hace Jake, pero con intención de hacerte sufrir a ti.
Viendo cómo Evander ha estado todo el tiempo rondando a Madison no sé en qué momento va a decírtelo ni que tiene preparado, pero sabemos que no hace las cosas por hacer.
—Joder, Sarah. Joder. ¿Y esperas que no le cuente nada a Silas? Tenemos que hacer algo, cambiar el plan.
—No. No le vas a decir nada porque entonces no podrá pensar con la cabeza fría y lo necesitamos así.
Continúa con vuestro plan. No sé qué tenéis entre manos y no quiero que me lo digas, pero sé que Silas intenta sacarnos de allí.
Solo necesito aguantar hasta que todo pueda llevarse a cabo y, si se entera ahora, no pasará.
Moriremos todos porque Evander no dudará en meternos una bala en la cabeza.
Porque sabes que en cuanto Silas se entere de lo que estoy viviendo, tirará todo por la borda y vendrá a por mí sin pensarlo.
Entiendo por dónde va, entiendo lo que dice, pero que sea tan tajante con no decirle nada a Silas me hace desconfiar. Mucho.
—Te daré algo de margen, pero quiero que sepas que si no recibo la confirmación que debo recibir cuando todo tenga que llevarse a cabo, me pondré en contacto con Silas y será él quien decida. No confío del todo en ti, Sarah, no cuando Evander está por medio.
Sarah baja la cabeza y parece entenderlo. Me rompe el alma no poder darle mi confianza plena.
Sarah se encamina hacia la puerta y me roza el brazo al salir.
—Lo entiendo, tú solo mantenlos a ambos a salvo. Por favor —ruega mientras se adentra en el callejón y se aleja corriendo.
Me siento entre la espada y la pared. Vuelvo a llamar a Silas, intentando comprobar si está bien, pero sigue sin contestar el teléfono. Puede estar en Rusia, pero me da miedo equivocarme.
Cuando soy consciente del tiempo que ha pasado, pongo rumbo a buscar a mi conejita. Si Sarah tiene razón, necesito sacarla ya de aquí.