Capítulo 81
Sarah
Me subo al coche pensando en el viaje tan largo e incómodo que me queda por delante, pero para mi sorpresa Evander decide sacarme algo de conversación.
Al principio no deja de ser algo trivial: el tiempo, dinero…
Mierda que no me importa y a la que no contesto, pero se ve que mi actitud no le agrada del todo, porque apoya su mano en mi muslo y aprieta.
—Estoy hablando contigo, Sarah —gruñe mientras me clava los dedos.
—Lo siento, no estaba atenta —me disculpo.
—Lo he notado, y no me gusta el modo en que te retraes en ti misma. Te quiero siempre conmigo, Sarah —ruge con rabia.
Bajo la cabeza mientras susurro una disculpa, como siempre.
La posesividad de Evander pretende llegar a todos los rincones de mi alma, y ahora también mi mente.
Lo quiere todo, sin reservas, pero no puedo darle lo que ya pertenece a otro, no puedo hacerlo por mucho que quiera.
Lo único que busco es proteger a ese mismo dueño y solo consigo ponerlo en más peligro.
La voz de Evander se cuela en mis pensamientos y le miro, intentando prestar atención a las palabras que salen por su boca.
—... la muy puta se lo ganó, pero la cosa es que ahora no tenemos organizadora en ese hotel, así que ocuparás su puesto.
Hostia, pues me parece que sí que me he perdido bastante de la conversación.
—Pero…
—Tranquila, cariño, nadie te tocará, todo el mundo sabe que eres mía. Solo tienes que organizar las fiestas, yo me ocupo de solucionar que las mujeres bajen de la fortaleza para complacer a mis socios.
—¿Fiestas… sexuales? —pregunto con un hilo de voz.
—¿Acaso las hay de otro tipo? —expone Evander entre carcajadas—. Verás, cariño, los hombres tenemos necesidades, y cuando estas están satisfechas, tendemos a… ser más amables. Necesito que los hombres con los que voy a hacer negocios sean amables. Tú te encargarás de ello.
—Pero, no quiero que las mujeres…
—¿No quieres? No, cariño. Sí quieres. —Sus pesados ojos se clavan en los míos con una rabia profunda—. ¿Alguien te ha dado permiso para pensar por ti misma lo que quieres o dejas de querer? Eres una mujer, no me hagas reír.
Realmente, no sé de qué me extraño, la situación con Evander siempre es la misma.
Quiero contestar, me muero por gritarle a la cara lo mucho que lo odio y lo que me encantaría verle castrado, muerto, desmembrado, pero la imagen de Silas aparece en mi mente, así que guardo silencio y agacho la cabeza, obediente.
—Ahora cállate y abre las piernas —dice mientras me las abre con fuerza—. Devuelveme el buen humor que me has quitado.
Cuando llegamos al hotel, baja del coche y mantiene la puerta abierta para mí para que pueda salir.
—Me encantaría quedarme, cariño, pero no puedo.
Tengo una reunión importante con uno de los jefes, algo que desgraciadamente no puedo aplazar, pero nos veremos pronto.
No me eches mucho de menos —dice mientras coloca su brazo alrededor de mi cintura y me aprieta contra él, contra su erección persistente.
Mientras tanto, yo intento aguantar las arcadas.
Me aparto de su brazo mientras le digo adiós con la mano y emprendo mi camino a la puerta del hotel, intentando huir del aire libre lo antes posible.
El miedo ya me atenaza el pecho, pero pienso en Silas rodeando mi cuello para que sea más llevadero, para que me cueste menos estar aquí ahora, pero un tirón en mi brazo me frena en seco y retrocedo un par de pasos.
—De mí te despides como la mujer decente que eres, no como una puta perra. Para algo eres mi jodida mujer —gruñe mientras posa sus labios sobre los míos.
Intento retraerlos, apartarme, pero su agarre se hace cada vez más fuerte, más doloroso. Se aparta con una sonrisa.
—Nos vemos pronto, cariño. —Me suelta y se encamina al coche—.
Ah, y Sarah, queda con Madison pronto. Quiero que sufra ahora que no tiene a Knox cerca para socorrerla.
Le diré a Jake que sea un buen chico y la tenga bien complacida — ordena con una sonrisa en los labios—.
Habla con Reina, ella te enseñará tu habitación y te presentará a tus nuevos compañeros de trabajo.
Se mete en el coche y aun con la puerta cerrada consigo escuchar las carcajadas que hacen que su cuerpo se mueva de forma involuntaria pensando en el dolor de Madison.
Me gustaría tanto que él fuera el receptor de ese dolor… Cada vez me descubro a mí misma pensando en diferentes formas de hacerlo sufrir, y eso es algo que me asusta, porque necesito seguir siendo sumisa para que Silas no sufra ningún daño.
Entro, y en la recepción pregunto por la tal Reina, que me presenta a todos los trabajadores del hotel.
Estoy agotada y lo único que me apetece es darme una ducha, aunque debería quedar con Madison.
Cuando entro en mi habitación y me siento en la cama, pienso en mandarle ese mensaje para vernos mañana, porque lo último que me apetece es salir ahora, pero el cansancio termina por ganar la batalla y me quedo dormida sin pretenderlo.