A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 77
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Capítulo 77

Sarah

Evander me ha hecho llamar, y Darío ha venido por mí para llevarme a su habitación.

Cuando nos encaminamos a la salida del búnker, hacia los túneles, escucho a mi hermana gritar y me tenso.

Sé que no debería reaccionar y menos cuando es mi hermana, pero no puedo evitarlo.

Me suelto del agarre de Darío y corro en dirección a donde creo que está mi hermana, en la zona de ensayo.

Cuando estoy llegando, vuelvo a escuchar un quejido e insto a mis piernas a ir más deprisa, pero me quedo completamente congelada al dar el giro para acceder a la habitación.

Darío, que venía corriendo tras de mí, no consigue frenar a tiempo y me empuja con su pecho hacia delante.

No puedo creer lo que mis ojos están viendo, estoy completamente paralizada, pero el ruido que hemos hecho al entrar en la habitación ha alertado a mi hermana y a la persona que se encuentra en este momento dentro de ella, la persona que ha parado sus movimientos y me mira con la boca abierta de par en par.

Mi corazón se acelera, me cuesta respirar.

—Hola, Florecilla. —dice mientras sonríe.

No puede ser, estaba muerto. Se suponía que Silas lo mató, no puede ser que esté aquí.

Mi cuerpo comienza a temblar en el momento en el que él empuja a mi hermana, saliendo de ella y viene corriendo hacia mí. Darío lo frena en seco.

—Eh, es del jefe. No se toca, Callum.

—¿Del jefe? Mis cojones, ha estado conmigo desde que era una niña.

Me escondo detrás de Darío, no quiero que me toque.

No puede ser.

No puede estar aquí.

Mi hermana se ha levantado, se cubre como buenamente puede y sale de la habitación dejándome con los dos hombres.

Intento salir tras ella, pero Darío me retiene.

—Tienes cosas que hacer, Sarah.

—Chuparle la polla a su padre, es lo que tiene que hacer. Apártate de mi hija, Darío —grita enfadado.

—Creo que Evander no estaría de acuerdo.

—Que le jodan a Evander, no descansaré hasta que sea mía, como lo ha sido siempre. Puedes decírselo también. Echaré abajo cada puta puerta de este sitio hasta que la encuentre.

Darío le da un puñetazo en la cabeza y Callum cae desplomado al segundo, quedando inconsciente en el suelo.

—Joder, esto va a ser un dolor de huevos.

Y la realidad es que fue un dolor de huevos. Evander se puso como un jodido loco, más de lo normal, vaya. Decía algo de que no se iba a rendir el imbécil, que supongo se refería a Callum, así que ha decidido matar dos pájaros de un tiro, o eso ha dicho.

¿Yo? Tengo sentimientos encontrados con la situación.

Evander ha tomado la decisión de sacarme de la fortaleza, pero él se ha venido conmigo, claro. Nos desplazamos al sur, a una pequeña ciudad, y nos quedamos en un hotel.

Resulta que estoy aquí para vigilar a la chica de Knox.

Evander me ha contado toda la historia mientras se reía de ellos porque pensaban que estaba al margen de todo.

Lo único que tengo que hacer es acercarme a ella y vigilarla.

Evander está buscando cualquier cosa para usar contra Knox, pero mientras la chica esté bajo la mano de Jake, está bajo la mano de Evander.

Mi trabajo es vigilarla cuando él no está cerca de ella.

Según Evander, son unas vacaciones que nos vamos a tomar como pareja. Solo escuchar del modo que lo dice hace que el estómago se me retuerza.

Estoy segura de que él cree que somos pareja, y no sé en qué mundo retorcido queda todo esto.

Esa misma tarde, Evander me hace salir sola del hotel. Llevo un localizador para que él sepa en todo momento dónde estoy.

Estoy temblando, no puedo hacerlo, tengo demasiado miedo de estar fuera.

El cuerpo me tiembla, mi corazón se acelera, tengo la visión borrosa, pero sigo dando un paso tras otro porque Evander ha amenazado con meterle una bala entre ceja y ceja a Silas, así que me trago todo lo que me atenaza el pecho y sigo caminando.

Por él, por Silas, por mi chico aunque él no lo sepa.

Y, con ese pensamiento fugaz, una sonrisa tímida asoma a mis labios.

Lo imagino a mi lado, tirando de mi collar, restringiendo el aire que me entra en los pulmones y anclándome a él, a mi punto seguro, y mi ansiedad se rebaja.

Entro en el bar al que Madison acude todos los días y, cuando veo que se acerca, me choco con ella, tirándole mi café por encima.

—Dios mío, lo siento muchísimo, yo pagaré la tintorería. No te he visto —digo mientras pongo una servilleta tras otra en el abrigo de Madison.

—Tranquila, está bien, ha sido un accidente. —contesta risueña.

Joder, siento que esto va a ser muy difícil.

—Déjame al menos invitarte a un café, es lo mínimo que puedo hacer.

Nos sentamos juntas en una mesa y la conversación fluye de un modo natural.

Y ahí, en ese momento, me doy cuenta de que Silas me ha dado mucho más de lo que creía, me ha dado también la posibilidad de hablar con otros sin tener miedo.

Y no importa lo que pase, pero conseguiré salir de aquí, conseguiré sacar a Silas, a Madison y a quien haga falta.

O eso es lo que quiero creer.

Lo que necesito creer.

Porque la única culpable de que todos estén bajo amenaza soy yo.

Y soy quien tiene que solucionarlo.

He visto a Madison casi cada día desde ese primer encuentro en la cafetería, y cada vez nos sentimos más a gusto la una con la otra. Terminamos por intercambiarnos números de teléfono. Me jode, pero empieza a forjarse una bonita amistad.

La moto de Knox siempre está al otro lado de la cafetería, pero hasta ahora he conseguido evitar que me vea.

Lo vi subir a ella el primer día y desde entonces la mantengo siempre en mi radar intentando que me vea lo menos posible.

Se supone que tiene que estar en Rusia, no aquí, pero no seré yo quien se lo diga a Evander.

Estoy sentada a la mesa con Madison tomándome un pumpkin spice latte . He descubierto hace poco que me encanta esta mierda y ya no puedo dejar de beberla. Me sigue costando salir a la calle, pero imaginar que tengo a Silas tras de mí y saber que lo hago para salvarlo me ayuda a seguir adelante.

Madison no para de hablar sobre algo que ha ocurrido en el trabajo cuando me suena el móvil. Me tenso, extrañada, ya que está claro que no puede ser nada bueno.

Miro la pantalla. Evander.

Debe de ser algo bastante importante para que me llame cuando sabe que estoy con Madison.

Acepto la llamada.

—Dime.

—Vuelve en cuanto puedas. Silas ha llamado, va a subirse a un avión en Rusia ahora, tenemos que regresar a la fortaleza.

Cierro los ojos y algo me calienta el alma por dentro solo con pensar en que no queda nada para que esté a mi lado.