Capítulo 76
Silas
Finalmente, conseguí acceder a la ficha policial de varios rusos y tengo el nombre de algunos hombres de bajo rango, y alguien que podría ser más importante.
También he conseguido encontrar uno de los lugares de reunión habituales.
Así que, después de plantar el culo en un taburete del bar y hacer unas cuantas preguntas incómodas, un Brigadier me hace una visita.
En medio de mi investigación me topé con cierta información que le podría ir genial a la Sienkiewicz .
Resulta que la mafia polaca y la bratva tienen sus pequeños encontronazos, y los rusos planean dejar de trabajar con los polacos, así que un pequeño chivatazo a su boss podría cambiar mucho el futuro de ambas mafias.
Esa información es la que me ha llevado a estar sentado enfrente del pakhan , con un ojo morado y probablemente una costilla rota, pero frente a él al fin y al cabo.
Escuché hablar a un ruso al que reconocí de inmediato en una de las habitaciones aledañas mientras me traían. Había escuchado su voz salir por el altavoz del teléfono del despacho de mi padre demasiadas veces para no ser consciente de que era él.
Y así, sin quererlo, comienzo a atar cabos.
El hombre que está sentado frente a mí me tiende su mano de mala gana.
—Artem Romanov.
—Silas Blackwell. Un placer.
—La verdad es que no puedo decir lo mismo. ¿Blackwell? ¿Hijo de Evander?
—Por desgracia, me temo que sí. Hay una cuestión que me gustaría tratar contigo. En privado. —Hago énfasis en esta última parte—, si eres tan amable.
Artem eleva las cejas, y creo que va a decirme que no, pero hace un gesto y todos los hombres de la sala la abandonan, menos quien supongo que es su mano derecha.
—Lo que tengas que decir delante de mí, puedes hacerlo delante de Vasily.
—Antes de nada, quería pedirle disculpas, pakhan.
—veo la aceptación en la cara de Artem y sé que solo con esto he ganado mucho—.
sé que no son modos de llegar a su ciudad y mucho menos de concertar una reunión con usted.
En ningún momento he tenido en mente hablar con los polacos, pero necesitaba comentarle algo de forma urgente.
—Soy todo oídos, Blackwell.
—Le agradecería que me llamara por mi nombre, Pakhan .
Recientemente he descubierto que un hombre llamado Callum robaba a los niños que tenemos que entregar a la causa y los reclutaba para el tráfico de drogas.
—le tiendo la documentación—. creo que mi padre trabaja con él, pero todavía no puedo probarlo, al menos no del todo, aunque lo haré.
Pero me temo que uno de sus hombres también está comprometido.
El pakhan levanta la cabeza de la documentación que le acabo de dar más rápido de lo que creí humanamente posible.
—¿Qué has dicho?
—No puedo darle el nombre del hombre con el que mi padre tiene contacto, pero puedo decirle que se encuentra en este edificio. Lo he escuchado hablar en mi camino hacia esta habitación.
—Ahora mismo no hay aquí ningún hombre con el que tu padre tenga contacto, Silas.
—Temo decirle que se equivoca, Pakhan ,y, si me da la oportunidad, lo señalaré.
Veo cómo Artem medita mis palabras. Un par de segundos después, saca su teléfono del bolsillo y hace una llamada. Tras un par de tonos se escucha cómo alguien saluda al otro lado.
— Pakhan .
Necesito más de una palabra y se lo hago saber con un gesto de la mano para que lo haga hablar. No necesito más de dos, y mi cabeza se mueve arriba y abajo. Es él.
El pakhan cuelga sin despedirse.
—Silas, ¿me estás diciendo que uno de mis Brigadiers trabaja en mi contra?
—Eso creo. Y la persona que tiene para que lo espie, también.
—¿Qué quieres a cambio, Silas?
—Un trato.
—Sé exacto con tus palabras cuando pidas lo que quieres y veré que puedo hacer.
—Lo primero, es necesario que, sea del modo que sea, mi padre crea que no he encontrado nada pero que vuelvo a Montana a informar. Todavía más importante, que Knox, el hombre que debería estar conmigo, debe quedarse en Rusia.
—¿Y dónde está ese tal Knox?
—En Montana. Y no va a salir de ahí.
Le explico con pelos y señales la situación en la que nos encontramos actualmente. Está claro que lo que le estoy pidiendo no le hace nada de gracia, pero asiente, aceptando mis peticiones.
—Hay algo más.