A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 75
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Capítulo 75

Sarah

Llevo los dos últimos días encerrada en una habitación dentro del búnker a oscuras.

No sé qué está pasando por la cabeza de Evander, pero pasó de dejar que sus hombres me tocaran a meterme aquí para que nadie más que él pueda verme o mucho menos tocarme.

He hablado por teléfono con Silas con la supervisión de Evander, que tiene mi teléfono.

Le ha mandado varios mensajes a Silas de que hay problemas con la electricidad en la fortaleza y que por ese motivo no tiene acceso a las cámaras.

No tengo del todo claro que se lo haya creído.

Evander ha sido muy cortante en las conversaciones por mensajes, por lo que Silas cree que estoy enfadada con él. Lleva llamando todas las noches a la misma hora.

Así que aquí me encuentro. Sentada en el suelo frente a la puerta de acceso a la habitación sin poder apartar la vista de ella.

La oscuridad de la habitación se siente demasiado pesada, me oprime el pecho, me cuesta respirar.

Mis ojos, acostumbrados ya a la oscuridad, forman caras en lugares donde no hay nada.

El frío de la habitación ha calado en cada lugar de mi cuerpo.

Manos.

Pies.

Toda aquella parte de mí que esté en contacto con el suelo.

Los temblores de mi cuerpo me mueven de forma incontrolable.

La camisa rasgada y sucia de Evander no hace nada por mitigar el frío.

Ni por cubrirme.

El olor que emite mi cuerpo llega a resultar vomitivo. Una mezcla entre sudor, semen, orina y lágrimas, muchas lágrimas, está siempre presente.

Y mis oídos, cansados de escuchar un silencio tal, llevan un rato emitiendo pitidos.

Porque aquí no hay nada que ver.

No hay nada que tocar.

No hay nada que oler, más que a mí misma.

No hay nada que oír.

Solo estoy yo, conmigo misma y mi negrura.

Hasta que Evander decida que ha llegado el momento en que se vuelva a abrir esa puerta, que es tanto salvación como penitencia.

Y en ese instante, la melodía de mi teléfono va incrementando su sonido al otro lado de la puerta.

Silas.

Mi salvación, pero venía en manos de la penitencia que tenía que pagar, Evander.

Cruzó la puerta y me hizo señas. Ya sabía qué tenía que hacer si quería hablar con Silas, así que me posicioné y contesté la llamada mientras Evander entraba dentro de mí.