Capítulo 72
Sarah
Las siete chicas que bailamos nos colocamos sobre el escenario y « Beautiful Liar de Beyoncé & Shakira » comienza a sonar.
Intento ejecutar los movimientos que mi hermana me ha enseñado, pero no puedo evitar dirigir la mirada a todos los hombres que hay sentados frente a nosotras.
Todas y cada una de las sillas que llevamos antes están ocupadas por hombres que sostienen en alguna de sus manos un vaso de licor y muchos de ellos se tocan por encima o debajo del pantalón mientras nos miran bailar.
La mesa de Evander se encuentra al final de la sala de espejos. Su silla es más grande que las demás y con él hay sentados tres hombres. A dos los conozco. Uno de ellos es Darío, otro es quien estuvo en la habitación y el cuarto es la primera vez que lo veo, pero está sentado a su derecha.
Sigo moviéndome en el escenario, haciendo los movimientos que mi hermana me ha enseñado y que tengo claro que no están a su altura, cuando se me indica que es momento de bajar y caminar alrededor de las mesas.
Mi hermana ha sido muy tajante con las indicaciones de hacia qué lado debería ir o no para que cada bailarina cubra una parte.
En cuanto comienzo el recorrido, y después de solo dar un par de pasos, unas manos me detienen, se aferran a mi cintura por detrás y acercan a mi trasero una polla dura.
Muy dura. Me congelo. El hombre que tengo detrás empieza a subir las manos por mi cuerpo y a mecer su pene contra mi culo.
La falda con las monedas poco hace por taparme y no llevo nada bajo ella.
Otro hombre se acerca por delante y comienza a sobarme los pechos. Lo empujo e intento apartarme, pero un tercero me sujeta por el pelo.
—¿A dónde crees que vas, perra? Esos no son modos de tratarnos —dice mientras me da un tirón.
Las lágrimas empiezan a correr por mi cara cuando el que tengo detrás consigue que abra un poco las piernas y coloca su polla entre ellas.
Se queda prieta contra mis labios y comienzo a apretar los muslos para que no se meta dentro de mí.
El que me sujetaba por el pelo ahora me sostiene las manos para que no pueda empujarlos y moverme mientras el que tengo delante me baja el sujetador y se lleva un pezón a la boca.
Mis gritos solo hace que se exciten más.
Intento huir, pero no puedo moverme con la fuerza que los tres ejercen sobre mí.
Hasta que no hay nada, hasta que siento cómo los tres son apartados a la fuerza.
Evander me devuelve la mirada con sus ojos llenos de furia.
Se gira al resto de los hombres y en un estallido de rabia dice:
—A ella no se la toca. Es mía —grita mientras desenfunda el arma y le pega un tiro en la cabeza a cada uno de los hombres que me estaban tocando.
Mi cuerpo está lleno de sangre —y de lo que estoy segura de que es materia cerebral— y no puedo parar de temblar por lo que ha estado a punto de pasar, por lo que ha pasado, por la sangre que siento que me resbala por el cuerpo.
—A ella solo se la toca con mi autorización y beneplácito, ¿he sido lo suficientemente claro?
—Sí, señor —corean todos al unísono.
—Bien. Ahora, disfrutad del espectáculo.
Entiendo por sus palabras que retomarán la fiesta y volveremos a bailar, pero Evander me sorprende al cogerme de un brazo y tirarme encima de una mesa.
—Darío, Jonah, sujetadla.
Veo cómo los hombres de la otra vez se acercan a mí.
Uno se coloca en mi cabeza y me sujeta los brazos, Darío.
Otro me gira de lado y sostiene mis piernas, quién ahora sé que es Jonah, acercándome peligrosamente al borde de la mesa.
Evander se acerca con el pantalón y la ropa interior bajada y su pene duro.
Me da una palmada en el coño que me hace gritar de dolor.
Intento moverme, pero la posición en la que sus hombres me sujetan no me lo permite.
Evander me penetra sin ningún tipo de consideración y sus hombres lo vitorean.
—Mírate en los espejos, Sarah, mira lo bien que te follo, mira la lujuria con la que te observan todos mis hombres porque todos quieren estar dentro de ti. ¿Los dejaré? Tengo que pensarlo… Me gusta demasiado lo prieto que está tu coño.
Comienza a moverse dentro de mí mientras yo intento salir de mi cuerpo, mientras las lágrimas me caen por la cara y mojan el mantel que tengo debajo.
—Estoy seguro de que te follo mejor que mi hijo, ¿verdad, Sarah? ¿Qué tal es probar la polla de tu suegro? —me susurra en el oído mientras se ríe.
Tengo ganas de vomitar, quiero salir de mi ser.
Quiero arrancarme la piel.
Evander entra y sale de mi cuerpo, cada vez más rápido, hasta que se corre dentro de mí.
—Rellenita, como más me gusta —dice mientras se retira—. Llevadla a mi habitación, todavía no he terminado con ella.
Darío y Jonah me sacan de la habitación mientras los demás corean y vitorean a Evander. Lo felicitan. Él no ha terminado conmigo, pero yo sí que he terminado con mi vida, o lo poco que Silas había traído de vuelta.