A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 71
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Capítulo 71

Sarah

Ayer me quedé dormida entre los brazos de Silas, que se marchó hace rato para su entrenamiento diario, y tomé la decisión de dedicarme a mi pasatiempo favorito: sentarme en el ordenador.

La mayoría de las veces me siento delante sin tener ni idea de qué voy a hacer, pero siempre se me termina ocurriendo algo.

A veces busco recetas de cocina aunque nunca he estado en ninguna, pero creo que es algo que me gustaría hacer.

Otras, busco listas de recomendaciones con series o películas e intento verlas hasta que me aburro.

Ahora, he descubierto el mundo de los libros y sus géneros, la comunidad tan bonita que hay detrás, y me he enganchado a devorar un libro tras otro, aunque lo que más me gusta es buscar datos random para sorprender a Silas con ellos.

Voy decidida a sentarme a realizar mi búsqueda diaria cuando recuerdo que Evander puede verme a través de la cámara.

No quiero que sepa de la existencia de este, así que en su lugar decido coger el teléfono que Silas me regaló y me quedo recostada sobre la cama haciendo mi cosa favorita: aprender datos sin sentido y de cosas dispares.

Y eso es justamente lo que estoy haciendo cuando la puerta de la habitación me sorprende al abrirse. Me tenso por completo, pero en cuanto el olor de Silas llega a mi nariz, me relajo. No ha sido necesario siquiera que estuviera dentro del todo para saber que era él.

Espero que cierre la puerta para comenzar a hablar:

—¿Sabías que cuando una persona muere, el oído es uno de los últimos sentidos en apagarse? Aunque el corazón haya dejado de latir y las conexiones neuronales se estén apagando, el cerebro todavía puede procesar sonidos.

Silas se para delante de la puerta y me mira con los ojos abiertos de par en par.

—Me gustaba más el del pulpo —responde de manera despreocupada y con una sonrisa, pero veo tensión en sus hombros.

No es necesario que me diga nada, lo noto.

—¿Qué ocurre?

La mirada en la cara de Silas me aprieta el pecho, tengo claro que algo ha ocurrido. Lo repaso de arriba abajo en busca de heridas, y no encuentro nada, ni siquiera el sudor que debería cubrirle todo el cuerpo, por lo que deduzco que no ha ido a entrenar.

—Mi padre me ha llamado a su despacho, tengo que irme. No me da tiempo a montar algo con Knox para poder sacarte de aquí. Me voy ya y él tiene que venir conmigo.

Mi corazón se salta un latido.

—Pero no quiero que te vayas…

—Yo tampoco quiero irme, Sarah, pero no tenemos más opción si queremos que estés a salvo. Te prometo que estoy intentando portarme lo mejor posible para poder salir de aquí los dos, justamente por eso, no puedo desobedecer, no ahora.

—Lo sé, solo que… ¿Tenía que ser justo ahora?

—Tampoco es mi momento favorito para irme, pero intentaré volver lo más pronto posible.

Tenemos que ir a Rusia a investigar. No notarás siquiera que me he ido, lo sé.

—Silas apoya su mano en mi mejilla—. Hablaremos por teléfono todos los días.

Podrás ver películas o dedicarte a leer todo el rato.

Se pasará rápido, ya verás. Madox se ocupará de ti.

Asiento aunque no estoy de acuerdo; sé que tampoco es algo fácil para él.

Hacemos juntos su maleta y lo acompaño hasta la puerta. Me quedo tras ella para que nadie me vea cuando la abra. Me da un último abrazo y una lágrima me resbala por la mejilla. Él la seca con su dedo y deja un beso en mis labios.

—Volveré lo más rápido que pueda.

—Promételo. —Ambos sabemos lo que significa eso.

—Lo prometo.

Silas cierra la puerta tras de sí cuando se va, y yo no puedo hacer otra cosa que no sea acostarme sobre la cama y llorar. Algo me dice que lo peor está por llegar y que no es una coincidencia que él tenga que irse tan pronto.

Me quedé todo el día en la cama sin hacer nada, pensando una y otra vez en purgar el dolor que llevo dentro y quiere salir. Pensando en la cuchilla del baño, esperando, porque sabía que el momento llegaría.

Y llega.

En cuanto el sol se empieza a ocultar, escucho cómo la tarjeta pasa al otro lado de la puerta y sé que han venido por mí.

Espero sentada, temblando, con miedo de quién estará al otro lado de la puerta.

Cuando esta se abre, veo a uno de los hombres de Evander, uno que estuvo la otra noche en la habitación, el que me trajo de vuelta aquí.

Asoma la cabeza y ni siquiera entra, me habla desde la puerta.

—Ah, qué bien, ya me estabas esperando. Eres una chica lista. Vamos, no me hagas perder el tiempo.

Me pongo en pie y salimos juntos de la habitación. Al llegar a la puerta de salida del edificio intento poner un pie fuera, intento que mi cuerpo reaccione, pero no soy capaz, no consigo que responda. Comienzo a temblar, hiperventilo y mi visión se vuelve borrosa.

El hombre vuelve atrás suspirando y sé que me habla, pero no soy capaz de entender lo que me dice.

Me sube sobre su hombro y me lleva al búnker.

Cuando cruzamos la puerta, me deja en el suelo, pero para mi sorpresa no me lleva a la habitación de la otra vez, sino a una sala en la que hay muchas mujeres reunidas.

No pensé que hubiera mujeres aquí, y menos esa cantidad.

— Madame —llama el hombre a una de las mujeres que se encuentran allí, la que manda, supongo.

—Darío —responde mientras se acerca a nosotros.

—Ella es Sarah. Es especial para el jefe, quiero que la entrenes para ser la mejor. Tienes esta noche.

—¿Una noche? No puedo entrenarla para ser la mejor en una noche —replica Madame .

Antes de que pueda procesar lo que está pasando, Darío le cruza la cara y esta empieza a sangrar por el labio. El resto de las chicas guardan silencio y se ponen en fila en la pared contraria de la habitación. Darío las mira una a una, infundiendo terror en ellas.

—¿He sido lo suficientemente claro o necesitas algún incentivo más? ¿Quizá necesites una visita con Jonah?

—No —contesta rápidamente—. La entrenaré para ser la mejor.

Y sin una palabra más, el tal Darío se va y me deja con estas mujeres entre las que se encuentra mi hermana, pero a la que intento no mirar. Madame se me acerca y, cuando creo que va a presentarse, me empuja por el hombro y me tira al suelo a sus pies, dejándome de rodillas delante de ella.

—Aquí no eres más que otro trozo de carne caliente, así que obedece, es lo único que debes hacer. Liz es nuestra mejor bailarina, ella te enseñará. Ahora, chúpame el zapato.

Me quedo congelada sin saber qué hacer.

—¿Qué...?

Una patada en mi estómago me deja sin respiración.

—Acabo de decirte que lo único que tienes que hacer es obedecer —espeta con rabia mientras vuelve a acercarme el pie—. Saca la lengua y déjalo reluciente.

Lo hago, obedezco, porque no quiero que sea Silas quien pague las consecuencias de mis actos. Paseo mi lengua por la punta de su zapato de tacón, intentando dejarlo lo más limpio posible. La vergüenza me calienta la cara y siento la humillación en lo más profundo de mi alma.

—A mí se me trata con respeto, que te quede claro. Levántate y ve con Liz mientras las demás nos preparamos para esta noche. No vuelvas a cuestionar una orden.

Me levanto rápido y espero que mi hermana se acerque para llevarme a donde quiera que tenga que llevarme, que resulta ser una habitación aledaña. Mi hermana no hace ni un solo gesto que pueda delatar que me conoce y yo la imito.

Pone música mientras pregunta:

—¿Sabes bailar?

—No —respondo tajante.

—Joder. Pues tienes que aprender deprisa, esta noche hay una fiesta de las grandes y vendrán la mayoría de los soldados. Ponte esto.

Mi hermana me da un paño con monedas pequeñas que me coloco alrededor de la cintura y un sujetador a juego y lleva en la mano uno igual para ella.

—Comenzaremos con algunos movimientos básicos.

—¿Puedes hablarme de lo que va a pasar? ¿Quién es Madame ?

—No, lo verás con tus propios ojos. Ahora atiende.

Sé que Liz está resentida, estoy segura de que cree que he tenido una vida perfecta fuera de este sitio, pero no sabe que he sufrido igual que ella.

—Sarah, no me estás prestando atención. Atiende, joder. No puedo perder el puto tiempo.

Me molesta sobremanera el modo en que me habla y no puedo seguir mordiéndome la lengua.

—Mi vida tampoco ha sido fácil fuera, Liz. He pasado por mucha mierda. He vivido metida en un puto sótano, mientras me violaba un hombre de forma constante.

—¿Y pretendes darme pena con eso? Ya hablaremos cuando pases esta noche. Si es que consigues pasarla, claro.

El modo en que me habla mi hermana no hace otra cosa que cabrearme más, pero sé que no vamos a sacar nada en claro, así que decido callar; estoy segura de que retomaremos esta conversación en otro momento.

Mi hermana se coloca en posición para enseñarme lo que sea que Evander quiere que aprenda. Ambas estamos situadas ante un espejo que cubre toda la sala. Al otro lado hay un pequeño escenario. Creo que prefiero no preguntar qué narices es esto.

—Separa los pies, colócalos a la altura de la cadera.

Mi hermana me va dando órdenes y ajustando mi postura del modo que ella considera que es el adecuado.

—Flexiona las rodillas. No saques culo. Bien.

Una orden tras otra moldea mi cuerpo a la postura en la que quiere dejarlo.

Coloca sus manos en mis caderas y comienza a moverlas.

—El torso no se mueve, solo la cadera. Empuja la cadera derecha al lado. Bien, vuelve al centro. Ahora la izquierda. Vale. Movimientos cortos y rápidos.

Lo hago con sus manos en mi cadera y luego las retira para que sea yo sola quien hace el movimiento.

Lo que me parece una eternidad después me da la aceptación de que lo estoy haciendo bien y pasamos al siguiente, uno donde tengo que hacer círculos, otro donde dibujo ochos con la cadera, movimientos con el pecho…

Madame tenía razón, es imposible que me aprenda todo esto hoy, es imposible que me salga bien, parezco un pato mareado. Después de mucho rato frente al espejo, suena un pequeño pitido que me sobresalta, pero parece que mi hermana lo escucha a menudo.

—Es la señal de que debemos empezar a preparar la sala para el espectáculo. Vamos, no nos queda tiempo.

—Se me da como el culo —protesto.

—Lo sé, pero no puedo hacer milagros, te colocaré atrás. Si no tienes idea de qué hacer, siéntate sobre su regazo y mueve el coño sobre su polla, suele distraerlos lo suficiente.

Miro a mi hermana con los ojos como platos. No puedo creer lo que acabo de escuchar.

Ambas nos dirigimos a la habitación donde me dejó Darío y ahí nos encontramos con el resto de las chicas, algunas ya están preparadas para bailar, mientras otras pasan con mesas y sillas al espacio donde estaba aprendiendo con mi hermana, montando una especie de club.

Mi hermana decide que lo mejor que podemos hacer es un ensayo para que al menos sepa por dónde tengo que bajar y pasearme por las mesas que me tocan.