A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 67
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Capítulo 67

Silas

No entiendo el motivo, pero estoy demasiado nervioso.

Necesito llegar ya y ver que Sarah está bien.

La vi varias veces por las cámaras, en todas las ocasiones ella dormía, pero dentro de mí hay algo que no se siente bien.

Algo que me dice que no todo va bien, y creo que hasta que la vea voy a tener esta sensación aferrada en el pecho.

Ayer por la noche, Knox le mandó un mensaje a mi padre para contarle lo de la documentación y nos mandó volver lo antes posible.

Así que aquí en cuanto nos levantamos, metimos el culo en el coche y ahí es donde nos encontramos, camino a la fortaleza.

Eso sí, con el maletero cargado de cosas para Sarah.

Espero que le gusten los regalos, porque le he comprado cuanta cosa se me ha cruzado en el camino y he pensado que podría gustarle.

Esta vez dejo que los micrófonos nos graben hablando para levantar la menor sospecha posible.

Del tiempo, de algún compañero, todo insignificante para mi padre.

Nada con lo que pueda joder a nadie pero que no sea consciente de que hemos inhabilitado sus sistemas de escucha en la ida.

Llegados a este punto, yo me doy por perdido, pero Knox todavía tiene muchas posibilidades de estar lo suficientemente cerca de mi padre para poder sacar a su chica de la mierda por la que está pasando.

En cuanto cruzamos el camino de entrada, Darío nos hace una seña. Ni que nos estuviera esperando. Knox acerca el coche y baja la ventanilla, pero Darío rodea el deportivo para abrir mi puerta, aunque lo hace con demasiada energía.

—¿Qué pasa? —pregunto extrañado.

Knox no me ha dicho nada de que mi padre estuviera cabreado por algo, que es lo que me demuestra la actitud de Darío.

—Pasa lo que tenga que pasar. Te vienes conmigo.

Miro a Knox y sus ojos me devuelven una mirada extrañada.

Vale, así que él tampoco sabía nada. Le hago señas para que saque los regalos de Sarah del coche.

Si alguien más los ve, podríamos estar en problemas.

En un principio frunce el ceño, pero cuando es consciente de lo que le estoy hablando, hace un pequeño asentimiento con la cabeza, algo casi imperceptible, mientras Darío me empuja, patio a través.

Por el rumbo que está tomando solo hay dos opciones: o mi padre tiene muchas ganas de verme en su despacho o voy a hacer una visita al búnker, y no sé por qué me da que esta segunda es la respuesta correcta.

Dicho y hecho. Minutos después, Darío me mete en una habitación.

No suele ser en la que acostumbran a encerrarme, esta es la que utilizan algunos soldados —porque a esos me niego a llamarlos hermanos— para hacer uso de las chicas a las que a veces mi padre llama y deja que hagan con ellas lo que quieran.

Espero que no sea eso lo que hace que me metan aquí porque no puedo. Simplemente no puedo acostarme con otra persona que no sea Sarah.

—Relájate y acuéstate. Tu padre tardará un rato en venir —ruge antes de cerrar la puerta.

Genial.

La necesidad de ver a Sarah es casi inaguantable.

Los nervios me comen por dentro, pero lo que más me cuesta es tener que disimularlo todo; si ven algo fuera de lo común por las cámaras, puede levantar sospechas y que vuelvan a acceder a mi habitación.

Pase lo que pase, no puedo dejar que me noten nada. No puedo poner a Sarah en peligro.

Sarah.

Creo que me estoy volviendo literalmente loco, porque aún encerrado donde estoy, en mi desesperación por verla, me atrevería a jurar que aquí huele a ella.

Me tiro en la cama sin fijarme en nada, pero mi mano aterriza sobre fluidos que prefiero no saber ni qué son.

—Joder, qué putos cerdos —gruño sacudiendo la mano, asqueado.

Me limpio en otro lugar de la sábana y me siento en el suelo, seguro que está mucho más limpio que esa puta cama.

Varias horas después, mi padre decide deleitarme con su presencia. Cuando entra en la habitación, lo hace junto a Darío y Zeke. Si no supiera de buena tinta lo que hace mi padre, me atrevería a decir que esos dos le chupan la polla.

Me levanto del suelo con una mirada de desagrado de su parte. Lo habitual, vaya.

—Padre.

—Mañana a primera hora tendremos una reunión con Knox para que me contéis lo que habéis descubierto. Pasarás aquí la noche.

¿Pero qué mierda…? No sé qué cojones ha pasado ahora, pero está claro que mi padre se ha levantado con ganas de tocarme los cojones.

Lo miro, y veo las ganas que tiene de que proteste, de que replique para poder pegarme, y me encantaría, pero hacerlo supondría más días aquí encerrado y debo volver con Sarah lo antes posible.

—Sí, padre —respondo mientras aprieto los puños.

Mi padre se acerca y me da un puñetazo en una mejilla. Esta late, siento cómo el dolor se extiende por toda mi cara, pero no hago ni amago de devolverle el golpe.

—Esa por la intención de responderme. Desnúdate. Si no duermes toda la noche en esa cama, volverás aquí abajo después de la reunión con Knox —dice con una sonrisa de oreja a oreja.

No voy a buscar lógica a las acciones de mi padre; nunca la tienen. Así que obedezco, les entrego mi ropa y me acuesto sobre la cama. He pasado por cosas peores que dormir encima de semen.

Los tres hombres se dirigen a la puerta, y justo antes de cerrar, mi padre asoma la cabeza.

—Pasa buena noche con tus hermanos, hijo —se burla entre carcajadas.

Cuando escucho el click de la cerradura, caigo en la cuenta.

Es suyo.

Juro por quien sea que esté ahí arriba que este hombre recibirá de mi mano la peor de las torturas.