A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 66
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Capítulo 66

Sarah

Sigo tumbada en la cama mirando al techo. Evander y sus matones hace tiempo que salieron de la habitación, pero yo todavía soy incapaz de moverme.

Las lágrimas y los mocos caen desde mi cara a la almohada; he llegado al punto de que ya no hago nada para contenerlo.

Si este es el precio de la vida de Silas, lo pagaré.

Mi cuerpo no me ha pertenecido la mayor parte de mi vida, no me importa que vuelva a dejar de serlo si con eso puedo salvarle a él.

Evander ha sido muy claro: si su hijo se entera o tiene una mínima sospecha de lo que está ocurriendo, lo matará igualmente.

Así que se lo conté todo, el doble método para entrar en la habitación, las cámaras, mi móvil…

Ha puesto a su informático a trabajar en ello.

Desde que cortaron la electricidad se han hecho con el control de las cámaras y estas han vuelto a grabar, por lo que ahora muestran una secuencia donde estoy en la cama justo antes de que los hombres de Evander entren en la habitación, por si a Silas le da por acceder a ellas que me vea.

No paro de darle vueltas a la posibilidad de hablar con Knox. Estoy segura de que él podría ayudarme, pero no quiero ponerlo en peligro también. Evander no sabe que está involucrado, y así debería seguir siendo.

Evander me ha dicho que en pocas horas ambos estarán de vuelta, pero que Silas pasará la noche en el búnker para que aprenda a no revelarme, a estar quieta y callada.

Además, me ha hablado de Liz, una de sus chicas.

Es a quien más suele recurrir, sea lo que sea que signifique eso. Va a enseñarme a bailar.

Y es a ella a quien espero ahora, pues tiene que venir a buscarme para llevarme por unos pasadizos a la mansión principal.

Se supone que solo las chicas deben conocerlos, ya que es un acceso rápido al despacho o la habitación de Evander, no llevan a ningún otro lado.

Es una información bastante sensible que todavía no consigo entender por qué Evander ha compartido conmigo tan a la ligera.

También sigo dándole muchas vueltas al motivo de que conozca a mi madre. Nada en este puto sitio tiene sentido.

El ruido de la puerta al abrirse interrumpe mis pensamientos y una chica morena de ojos verdes cruza la puerta. Ambas nos frenamos en cuanto vemos a la otra.

El corazón me martillea en el cuerpo.

Liz.

Liz.

Elizabeth.

Joder.

Después del shock inicial de ambas, se acerca rápido y me da toallitas para que me asee un poco y ropa, que intuyo debe de ser suya. Es un vestido que deja poco a la imaginación con el que no me siento nada cómoda.

—¿Qué…? —Quiero hablar, pero las palabras se me atascan en la garganta. Ella me hace un gesto negativo casi imperceptible con la cabeza.

—Vístete —me indica mientras se gira para darme un poco de intimidad.

Me visto y, para entonces, me percato de que está en una posición un tanto extraña, por lo que sigo el camino de sus ojos. En el agujero de ventilación distingo un piloto rojo muy sutil. Si ella no lo estuviera mirando, si yo no lo estuviera buscando, no lo habría visto nunca.

Entiendo por qué me ha dicho que me calle. Nos ven. Nos escuchan.

Recojo la camiseta de Silas del suelo y me pongo delante de ella.

—Estoy lista.

—Vamos, te llevaré a una de nuestras habitaciones para que puedas asearte.

En cuanto cruzamos la puerta de su habitación, y supongo que estamos a salvo de cámaras y micrófonos, los brazos de mi hermana me rodean y ambas rompemos a llorar.

Sabía que conocía ese bosque.

—Pensé que estabas muerta, Sarah.

—Me dijeron que tú lo estabas —lloro.

Ambas volvemos a los brazos de la otra. Pensé que no volvería a verla nunca.

Ese hijo de puta lo sabía.

Lo sabía y lo hizo a propósito.

—Me llamó Elizabeth, creí que era por mamá, pero… tú.

—No, no es por mí. Es por mamá. Mamá fue el único amor que Evander conoció, que conocerá jamás. Ella lo toleraba porque le hacía la vida más fácil aquí dentro. Cualquier facilidad es demasiado valiosa como para dejarla escapar. No lo olvides nunca.

—No lo haré, he llegado a un trato…

—No has llegado a ningún trato. Evander no hace tratos, Sarah. Evander toma lo que quiere sin pedir permiso y sin dudar. Lo toma sin más.

—Pero él me dijo…

—Da igual lo que te haya dicho. Escúchame bien, porque no tenemos mucho tiempo. A Evander le encanta poner a la gente a prueba. No da puntada sin hilo.

—¿Por qué no tenemos mucho tiempo? —la cabeza me da demasiadas vueltas.

Mi hermana no está muerta… Todo por lo que acabo de pasar… Siento que tengo una nube en mi mente, algo que me nubla las palabras que Liz quiere que se me queden grabadas en la mente, pero no consigo focalizarme en lo importante.

—Sarah, joder. Céntrate. Sé por lo que acabas de pasar y sé que es un momento complicado, ya tendrás tiempo de lamerte luego las heridas, pero necesito que entiendas esto por el bien de las dos.

Mi hermana siempre ha sido demasiado insensible con todo lo que no tiene que ver con ella. Necesito un abrazo y poder acurrucarme con Silas y lo único que obtengo son palabras apresuradas y susurradas en la lejanía.

—Estoy segura de que esto es una prueba y necesito que la pasemos, porque no puedo…

Necesito que no me castiguen. No sé qué tiene Evander contra ti, o qué está usando para chantajearte, pero si no es muy importante para ti, déjalo ir.

Nadie es lo suficientemente importante para estar aquí abajo, Sarah.

—¿Entonces por qué estás tú aquí?

—Porque no tengo más remedio, pero tú aún puedes tener salida.

Necesito que finjas que no me conoces. La última vez que nos vimos éramos demasiado pequeñas, es posible que no nos acordemos la una de la otra.

Trátame como a cualquier otra mujer que esté aquí abajo, no quiero ni una sola muestra de que me conoces, Sarah.

No pueden tener más munición contra mí. Por favor.

Las palabras rápidas y rotas de mi hermana me hacen ser consciente de que yo he vivido un tormento con Callum y ahora con Evander, pero ella también.

Yo pude revelarme con Callum y no quise hacerlo, pero Evander tiene algo contra ella por lo que no puede levantar la cabeza, pero estoy segura de que no me dirá lo que es.

—Tranquila, lo haré. Lo haré lo mejor que pueda.

—Lo mejor que puedas no me vale, Sarah. Necesito que lo hagas perfecto. Voy a ponerte una inyección para que no puedas quedarte embarazada. Tienes que ponértela cada tres meses, me da igual como lo hagas, pero lo haces. Sin excepción.

—¿Cómo se supone que voy a hacerlo? No puedo venir aquí cuando quiera.

—¿Cómo que no? Tendrás tu habitación asignada aquí abajo.

Mierda. No sé cómo contárselo a mi hermana del mismo modo que ella no quiere contarme nada. Es demasiado difícil para mí hablar de Silas ahora.

—Viviré en los barracones. Habitación cien.

—Le diré que busque el modo de hacértelas llegar.

Mientras hablábamos mi hermana ha preparado el anticonceptivo.

—Gírate.

Se ve que no soy lo suficientemente rápida para Liz y ella misma me da la vuelta, me levanta el vestido y me pincha en el glúteo.

—Au —protesto.

—Deja de quejarte y métete en la ducha. Rápido.

Me encamino al baño, a la ducha. Dejo que el agua corra por mi cuerpo y se lleve todo lo que acaba de ocurrir.

Me siento sucia, igual que siempre. La sensación de querer salir de mi ser me acompaña de forma permanente.

Cuando me decido a abandonar el chorro de agua caliente, escucho cómo la puerta de la habitación se abre.

—Señor. —contesta mi hermana mientras la puerta se está abriendo.

—¿Dónde está la nueva?

—En la ducha, señor. Se me indicó que la llevara a limpiarse. Se ha metido allí en cuanto hemos entrado y todavía no ha salido. Pensé que era lo que él quería.

Salgo de la ducha y me cubro con una de las toallas que mi hermana tiene cerca y me encamino a la habitación. Escucho el golpe antes de verlo. Mi hermana tiene la cara roja por el bofetón que uno de los hombres de antes acaba de darle.

—Que sea la última vez que la metes en un sitio sin cámaras, puta. Recuerda que tu lugar es obedecer, no pensar. —Enfoca sus ojos en mí. Los pasea por mi cuerpo con una mirada lasciva—. Vámonos, cariño.

Mi hermana abre los ojos de par en par, pero el hombre no despega los ojos de mí, por lo que es consciente. No entiendo el porqué, pero por su reacción supongo que es algo de nuestro pasado, aunque mi memoria lo ha borrado por completo.

Dejo caer la toalla al suelo y me pongo la camiseta de Silas que traje conmigo de la otra habitación. Al momento su olor hace que me sienta mejor.

Sigo al hombre, que me lleva por unos túneles que aparecen en una habitación; la de Evander por lo que me han contado. El sol entra a raudales por las ventanas. Debe ser al menos mediodía. Silas estará a punto de llegar, por eso las prisas.

El hombre me lleva a mi habitación, oculta de cualquiera que pase por el patio en el camino a los barracones.

En cuanto hemos puesto un pie fuera, ha tenido que subirme sobre su hombro porque mi cuerpo ha dejado de responder y se ha rendido al pánico.

Me lleva hasta la habitación y me tira dentro, cerrando la puerta en mi cara.

Me quedo en el suelo, ni siquiera hago el amago de levantarme, mientras dejo que toda la mierda me embargue y me rompo, me rompo en el suelo de la puta habitación.

Ya no tengo que contenerme. Ya saben que estoy aquí. Así que dejo que me escuchen. Lloro, grito, lo saco todo.