A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 63
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Capítulo 63

Sarah

No era consciente de que iba a echar tanto de menos a Silas como lo estoy haciendo. He pasado todo el día navegando por internet para intentar calmar la ansiedad de saber que está fuera del edificio, de saber que estoy sola. Solo quería ocupar mi tiempo con algo.

Con el avanzar del reloj me iba poniendo más y más ansiosa, hasta que llegué al punto en el que me encuentro: me molestan mis respiraciones, quiero salir de mi propia piel, y no tiene sentido, nada tiene sentido, pero solo puedo pensar en las ganas que tengo de atravesar esa puerta y salir tras Silas.

No importa donde esté, ahora sé que mi paz se va con él.

Salgo del escondite y comienzo a caminar de un lado al otro de la habitación, intentando mitigar los nervios que siento, intentando rebajar la ansiedad, la tensión que recorre mis músculos. No recuerdo esta sensación cuando padre me tenía encerrada y no consigo entender por qué la siento ahora.

Pienso en llamar a Silas, en comprobar si está bien, pero tengo miedo de que pueda estar con alguien y descubrirnos sin querer, o que le castiguen por vete tú a saber qué. Me dio el teléfono solo para emergencias, pero ¿cómo voy a saber si él necesita ayuda si no puede llamarme?

Me siento en la cama y meto la cabeza entre las manos. Tengo que relajarme como sea y confiar en que sabe lo que hace, en que Knox lo protegerá, en que volverá a mí. Que no me dejará atrás.

Estoy tan ensimismada en mis pensamientos que no oigo el primer aviso, no es hasta que el segundo hace vibrar el móvil de nuevo que soy consciente de que alguien viene. Me levanto de la cama a la velocidad de la luz.

Mierda.

Alguien está entrando.

Tengo el tiempo justo para meterme en el escondite y llevar la tabla a su sitio antes de que la puerta se abra. Mi cuerpo comienza a temblar porque no sé si he dejado algo fuera de sitio; estaba demasiado centrada en mis nervios y he descuidado mi alrededor, joder.

Mierda. Mierda. Mierda.

Supongo que esto sí que es una emergencia, así que me lanzo a por el móvil para escribirle a Silas, pero me doy cuenta de que ya tengo un mensaje esperando respuesta.

Silas:

Como no ha recibido respuesta, tengo varios mensajes con diferencia de segundos entre uno y otro.

Noto el tono de nerviosismo y desesperación incluso a través de la pantalla y mi corazón se encoge por lo mal que lo tiene que estar pasando, así que le mando un mensaje con toda la rapidez que mis dedos me permiten:

Sarah:

La respuesta de Silas no se hace esperar.

Silas:

No consigo comprender del todo la sensación de culpabilidad que tiene Silas hacia mí en todo momento. Creo que no es consciente de la vida que llevaba, o al menos no del todo. De aquí no puedo salir, pero puedo hacer muchas otras cosas. Cosas tan simples como decidir cuándo puedo darme una ducha.

Sarah:

Silas:

Sarah:

Escucho los pasos de las personas acercándose a la cama.

Podría accionar las cámaras pero me da miedo que escuchen el ruido de las teclas o los botones del ratón.

Hasta ese punto me he vuelto paranoica por culpa de Silas.

Así que intento minimizar todo lo que puedo el sonido de mi respiración y espero que termine pronto. Cruzo los dedos para ello.

Unos minutos después, y prácticamente sin dirigirse la palabra entre ellos, salen de la habitación. No sé si han conseguido encontrar lo que estaban buscando, pero al menos ya se han ido.

Me temo que esta noche me costará mucho dormir por el miedo de que puedan volver en cualquier momento, o esa es la excusa que me pongo a mí misma sabiendo que no voy a poder descansar bien sin Silas a mi lado.

Dicho y hecho, salgo del escondite y me tumbo en la cama con el teléfono lo más cerca posible y todo preparado por si tuviera que volver a esconderme rápido. Miro al otro lado de la cama, y esta se me antoja demasiado grande. Me falta algo.

Me falta él.

Paso las uñas por su lado de la cama, por el lugar en el que debería estar descansando su cuerpo y no sabe Dios dónde está. Me muevo a su lado y dejo que el olor del pelo de Silas —adherido a la almohada— entre en mis fosas nasales, y en ese momento soy consciente de lo que me hace su olor.

Tengo los pezones duros solo por el pensamiento de poner mi nariz sobre el cuello de Silas y olerlo, pero un mensaje interrumpe mi siguiente movimiento.

Silas:

Busco la cámara con la mirada, pero no consigo localizarla, así que tecleo.

Sarah:

Silas:

Sarah:

Una idea pasa de forma fugaz por mi mente y la llevo a cabo enseguida, porque si lo pienso de más, estoy segura de que no lo haré.

Me quito la camiseta de Silas, quedando completamente desnuda ante la cámara. Vuelvo al móvil y le mando un último mensaje.

Sarah:

Una sonrisa de medio lado adorna mi cara, y la seguridad de que Silas esté viendo cada parte de mi cuerpo hace que mi clítoris palpite y no pueda evitar cerrar las piernas con fuerza intentando crear un poco de presión entre ellas.

Nunca había tenido ganas de explorar, de saber qué se siente, pero Silas me da la confianza para tener ganas de hacerlo, y que él me vea a través de las cámaras, o que al menos tenga la oportunidad de hacerlo, me humedece sobremanera.

Así que, sin saber muy bien dónde mirar, comienzo a pasar las uñas por mi cuerpo, acariciando cada punto por donde pasan.

Las manos terminan en mi pecho, por lo que guío una de ellas a mi pezón y aprieto, algo que él me ha mostrado lo placentero que puede ser.

Se me escapa un gemido que intento contener y el clítoris palpita con más fuerza, por lo que llevo mi otra mano a mi coño.

Dejo que mis dedos acaricien mis labios, esparciendo la humedad por todos lados.

La subo a mi clítoris haciendo círculos, pero necesito más, mucho más.

Necesito a Silas.

Necesito que me llene. Mi ceño se frunce por la necesidad de tenerlo conmigo.

He empezado un juego que no tengo ni idea de como jugar.