A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 62
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Capítulo 62

Silas

Después de que Knox se liara a golpes con un árbol para descargar la ira que se lo estaba comiendo por dentro, se subió al asiento del copiloto y no volvió a abrir la boca hasta que llegamos a casa de Callum. Incluso entonces sólo me contestó con un par de monosílabos.

Lo entendía. Podía intentar entender el dolor que le causaba enterarse de algo así.

Llevamos un rato registrando toda la casa y no ha aparecido nada nuevo, todo lo que hemos visto, lo vi la vez anterior que puse esta casa patas arriba. Todo sigue tal y como lo dejé cuando saqué a Sarah de aquí. Incluso la sangre de Callum todavía mancha el suelo.

Bajo al que era el lugar donde Sarah pasaba sus días y me siento en su cama.

No puedo evitar pensar en todo el sufrimiento que contienen las paredes que me rodean.

Mi mente reproduce unas imágenes que nunca he visto, pero con las que mi imaginación me tortura.

Cómo Sarah sufría aquí abajo día tras día, cómo sus gritos rebotaban en las paredes y no eran escuchados por nadie.

Cómo ese hijo de puta se aprovechó de ella durante tanto tiempo.

Quiero volver a matarlo con mis putas propias manos, joder.

Escucho unos pasos por las escaleras y levanto la cabeza. Me encuentro con la mirada de Knox fija en la mía. Al principio no dice nada, solo espera a que sea yo quien dé el paso, pero cuando no lo hago, decide que es momento de dejar atrás los monosílabos.

—Supongo que siempre hay una chica —dice mientras sonrío de medio lado. El cabrón me está devolviendo mis propias palabras.

—Supongo que sí, que siempre la hay —respondo con las suyas.

Se sienta a mi lado en la cama y ambos miramos la escalera. No me puedo imaginar la cantidad de veces que Sarah miró esa misma escalera, la puerta de su libertad, sin poder atravesarla.

—¿Quieres hablar de ello?

¿Quiero? No lo tengo claro, pero supongo que después de todo lo que Knox me ha contado puedo darle un poco de mi historia.

—Creo… Creo que me he enamorado de Sarah, y tengo miedo, Knox.

—¿Miedo? ¿De qué?

—De no ser suficiente. Se merece a alguien mejor.

—Se merece a alguien que la quiera, Silas. Que la quiera bien, nada más.

—Pero la fortaleza…

—Pero nada, ambos sabemos que estás haciendo lo imposible para sacarla de ahí, para sacaros a los dos. —Lo miro frunciendo el ceño—. No me lo has dicho, pero no hace falta, hermano. Lo sé.

—No sé si podré hacerlo. Además, ella tiene miedo de estar fuera.

—Pues ayúdala, y yo estaré aquí para ayudarte a ti. Salvaremos a nuestras chicas, Silas. Aunque sea lo último que hagamos.

—Aunque sea lo último que hagamos —contesto estando de acuerdo con las palabras de Knox.

Después de varios minutos mirando las escaleras, decido que ha llegado la hora de irse; he revisado cada rincón de esta casa y no hay nada.

Cuando me levanto y me dirijo a las escaleras, Knox me frena.

—¿Has registrado esta habitación?

—No, solo me centré en sacar a Sarah de aquí, y ahora… No.

—Si fueras él, ¿no guardarías tus mayores secretos en un sitio donde no entra nadie más que tú?

Hostia.

Comenzamos a buscar, pero no conseguimos localizar absolutamente nada, hasta que…

Espera un momento.

—Sarah me contó que le dejaba la comida en las escaleras, y que ella no podía subir hasta que la puerta volviera a estar cerrada, tenía prohibido incluso pisar los escalones. ¿Y si no solo dejaba la comida? ¿Y si escondía algo cerca y por eso Sarah no podía acercarse?

—Buena idea —responde Knox corriendo tras de mí hacia las escaleras.

Comienzo a mover todas las piedras posibles y encontramos una que está un poco más floja. Eso es. Cuando la sacamos, nos encontramos con una carpeta con documentación.

—Vamos, nos la llevamos al hotel y la vemos allí con calma.

Salimos de la casa y nos encaminamos hacia el hotel, pero decido parar a por algo para Sarah. La última vez que estuve aquí, solamente el súper 24 horas estaba abierto, así que esta vez decido comprar alguna que otra cosa más.

Evidentemente, el champú de vainilla no puede faltar, pero de camino hacia el supermercado me encuentro con una tienda de ropa interior. Paro el coche y me bajo.

—¿A dónde coño vas ahora? —me grita Knox desde dentro del deportivo.

—Tengo que comprar un par de cosas. Espérame en el hotel.

Knox desvía la mirada hacia la tienda y comienza a reírse.

—Eres un cabrón con suerte —responde mientras se pone tras el volante y arranca el coche.

La verdad es que sí, lo soy.

Resulta que en la tienda no solo encuentro ropa interior, sino también unos preciosos collares que sé que a mi gatita le van a encantar.

Tiene dos argollas en forma de corazón, y cuando tiras de uno de los extremos, el collar se hace más pequeño.

No puedo esperar para enseñárselo. Eso, junto al conjunto de lencería negro que le he comprado, va a hacer que Sarah esté jodidamente sexy.

Un sujetador de encaje negro, a juego con un tanga del mismo patrón y color, con un ligero.

Todo junto da la impresión de ser un arnés.

Mi polla está dura solo de imaginármela con todo ello puesto.

Antes de ir al hotel me paso por el súper a comprar su champú de vainilla y Palotes , entre muchas otras gominolas y chucherías. Knox dijo que de ese modo intentaba endulzar los sueños de Madison. Quiero hacer lo mismo con los de Sarah; estoy seguro de que nunca ha tenido dulces sueños.

Cuando llego al hotel, Knox me espera para leer la documentación pero, en el momento que lo hacemos, preferiría no haberlo hecho nunca.

Le manda un mensaje a mi padre, avisándolo de que hemos descubierto algo y que estaremos a primera hora en la fortaleza para hacérselo saber y enseñarle las pruebas.