A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 59
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Capítulo 59

Sarah

Todavía no tengo claro si mis oídos acaban de escuchar con claridad las palabras de Silas, pero no seré yo quien espere a que le digan lo contrario, así que no dudo y me lanzo a por su boca, sellando nuestras promesas con un beso.

Un beso que nos acelera la respiración a ambos, que nos hace querer estar más cerca del otro.

Un beso con el que intento hacerle saber que soy suya en cuerpo y alma.

Noto cómo su cuerpo tiembla, y sé que se está conteniendo para que sea yo quien marque los límites, pero no hay límite que pueda marcar, no con él.

No cuando lo único que quiero es que me posea en todas las formas posibles.

Mis manos comienzan a viajar nuevamente por su cuerpo, y le tiro del pelo para hacerle reaccionar. Pero sigue tocándome como si fuera a romperme, como si fuera a volver a aquel lugar del que acabo de salir.

Me dijo que usara las palabras, y aunque mis mejillas quemen por la vergüenza de lo que va a salir de entre mis labios, solo puedo pensar en que va a ser Silas el único que lo escuche jamás.

—Fóllame, Silas.

Esas palabras lo hacen reaccionar con rapidez y lleva su boca a mi pezón, pasando la lengua por él, dando un mordisco que luego calma volviendo a dar una pasada de su lengua.

Siento cómo mi cuerpo hierve. Me muero por la necesidad de tenerlo dentro de mí, y nunca había experimentado esa sensación, esa intensidad.

Pero parece que quiere tomarse las cosas con calma, porque continúa asaltando mis pechos mientras sus manos recorren mi cuerpo, dejando la piel erizada a su paso.

—Silas, por favor.

—Joder, Sarah. Si el cielo existe, estoy seguro de que se encuentra entre tus labios mientras ruegan por mi polla.

No entiendo cómo ni por qué, pero sus palabras aumentan todavía más —si es que es posible— mi excitación.

Pero todavía noto la tensión en sus brazos y el modo en que se está conteniendo.

—Me dijiste que solo te contendrías hoy y son más de las doce. Eres un chico de palabra, Silas. No la rompas ahora.

Noto en su cara el momento exacto en que mis palabras calan en su mente. No quiere hacerlo porque tiene miedo de romperme, pero yo quiero que sea él mismo, que no cree otra realidad para mí.

—Sarah…

—No, te quiero a ti, Silas. No a una versión descafeinada, no esta que pretendes darme.

Sé tú mismo, con tu fuerza, tu lengua sucia y tus ganas de enseñarme por qué las joyas son las mejores amigas de las mujeres.

—La risa de Silas rebota en las paredes de la habitación y me alegro de haber conseguido romper un poco la tensión que tenía en su cara tras lo que me ha pasado.

—Está bien, gatita. Tú ganas —dice,mientras se pone sobre mí, esperando un asentimiento por mi parte, buscando una confirmación de que estoy bien con lo que está haciendo.

Cuando lo recibe, su mano sale disparada a mi cuello y aprieta.

—Tú lo has querido, gatita, aquí tienes lo que tanto estabas buscando.

¿Me quieres sin restricciones? Bien. Yo quiero tu coño chorreando por mí, quiero ver esos ojos verdes admirarme desde el suelo mientras estás de rodillas rogando por mi polla.

Te quiero en cada puta postura que te puedas imaginar y quiero llenar todos y cada uno de los agujeros de tu cuerpo.

¿Sigues queriéndome sin restricciones, Sarah?

—Por supuesto.

En cuanto las palabras abandonan mis labios, noto cómo la joya de Silas tantea mi entrada. El metal me hace estremecer y, en el momento en que se da cuenta, me penetra de una estocada, haciéndome gritar y arquear la espalda.

—Joder. Que dura me la pone cuando gritas y te arqueas para mí, gatita. Estás tan jodidamente apretada que me dejas sin puta respiración.

Silas comienza a moverse. Sus embestidas son contundentes. No lleva un ritmo rápido, pero sí fuerte, y yo no puedo más que ver el puto cielo.

—Mira, gatita. Mira cómo de mojada sale mi polla de dentro de ti. Cómo de empapados tienes los muslos. Fíjate bien en todo el desastre que tendrás que limpiar después con la lengua.

No sabía lo mucho que me gusta que me hablen de ese modo tan jodidamente sucio, pero no puedo contener los gemidos de placer mientras Silas continúa entrando y saliendo de mí.

Poco a poco comienza a acelerar sus empujes. Lleva su boca a mi pecho, donde juega con mi pezón y su mano se posiciona en mi clítoris. Mordisquea uno mientras traza círculos sobre el otro.

Ahora mismo hay tantas sensaciones en mi cuerpo que me abruman. Hasta que lo siento, cada vez más y más cerca, y no puedo más que abrir la boca cuando el orgasmo me atraviesa; no consigo articular ni un solo sonido.

Noto cómo mi coño aprieta la polla de Silas, que cada vez arremete más rápido contra mí, mientras yo sigo clavando mis uñas en su espalda. En el último momento, sale de dentro de mí y deja la prueba de su placer sobre mis tetas.

Llevo mi mirada a ellas y veo cómo el semen se esparce por todo mi pecho y no puedo contenerme. Con un dedo recojo un poco y lo llevo a mi boca, saboreándolo.

—Joder, Sarah. Voy a volver a correrme si sigues haciendo eso.

La sonrisa se extiende por toda mi cara. Vuelvo a hundir el dedo y me lo llevo a la boca.

—Eres una provocadora, gatita. Sigue así y me dará igual lo dolorida que estés, volveré a estar dentro de ti hasta que ruegues piedad.

La realidad es que no me importaría repetir, pero siento que sería demasiado egoísta; a Silas le exigen mucho en los entrenamientos diarios.

Lo he despertado a media noche y en pocas horas tiene que levantarse.

No quiero que no dé el nivel de los demás y por eso puedan castigarlo, así que no dudo cuando lo empujo y me recuesto sobre él, acomodándome para dormir.