A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 58
57%

Capítulo 58

Silas

Me giro sobre Sarah para no ser el único en recibir placer, pero en cuanto ella está debajo de mí, no sé cómo,pero sé que ha ido a un lugar muy lejos de aquí.

Sus ojos verdes me miran, pero es como si vieran a través de mí. Me quito de encima en cuanto soy consciente de ello y le doy margen de movimiento, pero ella sigue con la vista clavada en la pared. La muevo intentando hacerla volver, pero no responde.

La zarandeo. Nada.

Joder. Joder. Joder.

Cada vez me pongo más nervioso porque no sé qué hacer.

Es culpa mía por ser tan brusco, por dejarme llevar, debería haber preguntado antes de hacer nada.

No sé con exactitud por lo que ha pasado Sarah, pero puedo hacerme una idea.

Así que intento sacarla de donde quiera que esté encerrada en su mente, que salga de ese lugar que tanto dolor le causa.

Pero nada de lo que hago funciona, y me estoy quedando sin ideas.

La sacudo, la llamo, le doy golpes en el dorso de la cara, intentando hacerla reaccionar. Nada funciona.

Un pensamiento pasa por mi mente, y antes de poder desecharlo por ilógico, ya he llevado la mano a su cuello y estoy apretando. En cuanto nota la restricción de aire, los ojos de Sarah vuelven a enfocarse en los míos.

—¿Gatita? —pregunto con cautela.

Responde entre jadeos que no pueden ser de otra cosa que no sea terror.

—Estoy aquí, estoy aquí.

Respiro, aliviado. Me incorporo para ir por nuestra ropa y que Sarah se sienta más cómoda conmigo a su lado después de este momento, pero ella me frena.

—No. No dejes que me quite esto también, Silas. No dejes que me quite este momento, por favor.

Entiendo lo que quiere, pero no estoy seguro de que sea el momento ideal para seguir con lo que estábamos haciendo. Pero si algo he aprendido en los últimos meses en los que Sarah lleva viviendo en mi habitación, en la fortaleza, en mi cabeza, es que a ella no puedo negarle nada.

Absolutamente nada.

—Vale, pero iremos poco a poco e irás hablándome en todo momento. Necesito que me des indicaciones de todo. No hay nada que esté de más. Si es poco, o mucho. Si quieres que me calle o que me aleje, si lo quieres más fuerte… Quiero escucharte, gatita. ¿Lo entiendes?

—Lo entiendo. Ahora, por favor, sigue con lo que ibas a hacer. Ven por lo que te pertenece, Silas.

Mi corazón se salta un latido al escucharla decir que es mía. Ella se sonroja por su confesión pero yo no puedo estar más feliz con las palabras que acaban de salir de su boca y que llevo demasiado tiempo conteniendo que salgan por la mía.

—Eso es, gatita, eres toda MÍA. Sin restricciones. Llevas mi nombre bajo la piel.

Mi dulce gatita.

Le doy margen para que mis palabras calen como deben hacerlo.

—Márcame como tuyo, gatita. Porque te pertenezco. Déjame tus marcas, y házselo saber al mundo.