A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 55
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Capítulo 55

Sarah

Nunca esperé escuchar de nadie las palabras que acaba de pronunciar Silas.

«No fue tu culpa.»

Siempre he sentido que sí lo fue. Si no hubiera sido mujer, quizá si me hubiera portado mejor… Si hubiera ayudado más a mamá… Quizá él no me hubiera llevado.

Quizá podría haber intentado escapar con más ahínco, quizá debería haber intentado matarlo más veces. Demasiados quizá…

Las represalias dolían demasiado, así que asumí que ese sería mi final, que era todo lo que la vida tenía para mí.

Estos últimos meses con Silas me están demostrando que no, que hay algo más, pero no sé si soy merecedora de ello.

Nunca había tenido que pensarlo porque no tenía ni siquiera la oportunidad de soñar con lograr salir de allí.

Por lo que escuchar ahora esas palabras me remueve pero, aun así, siento que no soy suficiente para él.

Me ha dicho que estará siempre conmigo, pero... ¿Qué parte es obligación y qué parte de él quiere hacerlo? Ese pensamiento me duele tanto como un golpe físico, así que dejo salir las palabras antes de pensar con más claridad.

—Puedes elegir.

—¿Elegir? ¿El qué?

—Dejarme atrás.

—No es una opción, Sarah. Estás atada a mí. No la ves, pero una cuerda nos mantiene unidos. No vas a poder huir, no vas a poder dejarme atrás. No a menos que tú quieras que ocurra. Que seas tú quien quiera dejarme a mí atrás.

—No quiero que te sientas responsable de mí —susurro mirando al suelo, ya no puedo sostener su mirada.

—Quiero cuidarte, Sarah. Te mereces encontrar a alguien que te merezca, pero hasta entonces, yo cuidaré de ti. —Las palabras salen de su boca con cariño, pero me revuelven el estómago.

—Puedo cuidarme sola. —Todavía no tengo muy claro de dónde sale la rabia con la que le contesto, pero sus palabras me han dolido más de lo que puedo admitir.

Doy un paso atrás y pongo rumbo al baño para poder poner espacio entre los dos. Ambos sabemos que no es cierto que pueda cuidarme sola, ambos sabemos que lo necesito como el aire para respirar, pero que lo haya hecho patente me ha molestado.

Cuando tengo el pomo de la puerta en la mano, reparo en el resto de la frase y giro rápidamente para encarar a Silas.

—¿Has dicho alguien que me merezca?

—Sí.

Una idea empieza a formarse en mi cabeza, y espero estar equivocada.

—¿Por qué has roto nuestro beso? —pregunto fijando mis ojos en los suyos.

Silas mira al suelo, rehuye mi mirada.

Bingo.

Me acerco a él de nuevo y busco sus brazos, un lugar que siempre me transmite paz.

—¿Por qué has roto nuestro beso, Silas? —repito, esta vez mi voz sale prácticamente en un susurro.

—Te mereces a alguien mejor, Sarah.

Acerco mi boca a la de él, dejando la pelota en su tejado.

—No decidas por los dos. Entenderé que quieras estar lejos de mí, si es lo que tú quieres.

Pero no te alejes porque creas que es lo mejor para mí.

Permíteme tomar decisiones. He podido tomar pocas a lo largo de mi vida, pero siento que esta es la correcta.

Que tú eres correcto. Eres la primera decisión consciente que tomo y no voy a permitir que la estropees.

—Lo siento.

—No quiero un lo siento, quiero…

Silas calla mis palabras poniendo sus labios sobre los míos. Me da miedo que vuelva a apartarse, así que respondo a su beso, pero dejo mis brazos a mis costados. Levanta sus manos y empuja mis brazos a sus hombros, rompiendo nuestro beso.

—Déjame tus marcas, gatita. —No puedo evitar la carcajada y vuelvo a llevar mis labios a los suyos, esta vez, dejando salir todo lo que hay en mí.

Poniendo todo en ese beso, que me hace subir a las estrellas.

Un beso que me eriza la piel.

Un beso que hace que salten chispas.

Un beso que me calienta.

Un beso que me humedece.

Y no puedo contenerme más, comienzo a mover mis manos por el cuerpo de Silas, dejando las marcas rojas de mis uñas en su espalda.