A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 54
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Capítulo 54

Silas

El corazón me late sin control, a un ritmo errático. En cualquier momento se me va a salir del pecho.

Mi erección presiona con fuerza contra la cremallera de mi pantalón, que está haciendo un gran esfuerzo por contenerme.

En cuanto los labios de Sarah rozaron los míos perdí toda capacidad de pensamiento, de raciocinio. Solo actuaba por pleno instinto, dejándome llevar, y creo que nunca me había sentido de este modo.

Literalmente, siento que estoy volando.

Todavía no sé cómo, pero un pensamiento se instaló en mi cabeza, y ya no pude sacarlo. A medida que mis manos paseaban por su cuerpo, se iba haciendo más fuerte en mi mente, hasta que ya no pude ignorarlo más.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece.

No la mereces. No lo merece. No la mereces.

No lo merece. No la mereces. No lo merece. No la mereces.

Ser consciente de que es verdad es lo que más me duele.

No me merezco a Sarah, es demasiada luz para mí y lo último que quiero es apagarla con mi oscuridad.

Ella no merece nada de lo que tiene por mi culpa: la soledad, el encierro, la ansiedad, el miedo.

Se merece a un hombre mucho mejor, uno que la pueda colmar de regalos y que le de la luna.

Uno con el que pueda superar sus miedos y pasear al anochecer.

Uno que le dé una casa bonita y la trate como la reina que es.

No alguien con un futuro tan incierto como el mío, que sólo la acerca al dolor. Alguien que solo le causa ansiedad y la pone en peligro.

Sarah me mira desconcertada, sin comprender del todo mi cambio de actitud.

—Sarah, yo…

—Está bien, tranquilo. Ha sido culpa mía, está claro que no soy lo suficiente para ti. Te mereces a alguien que no esté sucia.

Escuchar salir esas palabras de la boca de Sarah es incluso más doloroso que los pensamientos que no puedo sacar de mi mente. ¿ Ella cree que no es suficiente para mí? ¿Que está sucia? ¿Pero qué mierda…?

—Sarah… —Intento ordenar mis ideas para poder meter en su cabeza cuánto se equivoca, escogiendo mis palabras con cuidado.

—No, por favor. No es necesario que digas nada más, Silas. Lo entiendo, he leído mucho sobre ello en el ordenador. Estoy sucia. Soy mercancía rota, una que no tiene posible reparación. Comprendo que necesitas a tu lado a una mujer, no a alguien como yo.

La mandíbula se me desencaja. Me duele escucharla hablar así de sí misma. Sé que lo hace desde el lado del sufrimiento, pero eso no evita que me duela tener que escucharla.

—Sarah, no quiero volver a escuchar esas palabras salir por tu boca.

Tú no tuviste culpa de lo que te pasó. Ninguna.

Lo repetiré las veces que sean necesarias.

Eres valiosa más allá de lo que hayas vivido.

Tu pasado no dictamina quién eres, solo demuestra tu valentía.

Eres digna de amor. No estás sucia, Sarah. Eres perfecta tal y como eres.

—Pero…

—No hay peros. Mereces ser querida. Mereces ser amada. Sigue habiendo luz en tu mirada.

—¿Y qué pasa si la luz se apaga?

—Que yo estaré a tu lado en la oscuridad.