A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 52
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Capítulo 52

Silas

Los días comenzaron a pasar como un borrón, cada día era igual al anterior.

Levantarse.

Desayuno.

Llevarle el desayuno a Sarah.

Entrenar.

Comer.

Llevarle la comida a Sarah.

Entrenar, investigar o torturar, lo que toque ese día.

Cenar.

Llevarle la cena a Sarah.

Acostarse.

La mano de Sarah siempre duerme aferrada a la mía, igual que esa primera noche, mano que ya no solté jamás.

Duerme.

Así una y otra y otra vez.

En mi ausencia, Sarah está aprendiendo lo que puede sobre absolutamente todo.

Cualquier cosa que pueda encontrar en internet le resulta interesante y quiere aprender sobre ello, así que mientras yo no estoy en la habitación, Sarah está bajo la cama pegada a un ordenador aprendiendo de todo un poco: administración, hackeo, vida cotidiana…

Le había dado solo unas nociones básicas y ella había llegado a un nivel de conocimiento increíble. La velocidad a la que aprendía era pasmosa.

El tiempo que había pasado en la fortaleza se había notado mucho en Sarah.

En su salud física, ya que estaba mejor alimentada y le había enseñado una rutina de ejercicios que seguía todos los días en mi habitación, pero también en su salud mental.

Seguía encerrada entre cuatro paredes, pero una sonrisa siempre adornaba su cara.

La complicidad que se había creado entre los dos en estos meses era cada vez mayor. Me cuesta mucho resistirme a acercarme a ella. No he vuelto a tocar a ninguna mujer desde Rose; es algo que le niego por completo a mi cuerpo. Es un placer que no merezco.

Pero cada noche, cuando la mano de Sarah agarra la mía bajo las sábanas, cierro los puños con fuerza para mantenerlos alejados de su cuerpo.

Sarah tiene más confianza en mí, en sí misma y, cada vez que me da un abrazo, me asquea el hecho de no poder evitar notar sus curvas.

Cómo sus pechos se aplastan contra mi cuerpo.

La imagen de Sarah con la camiseta mojada de aquellos primeros días me asalta la mente más de lo que me gustaría admitir.

Llevo mucho tiempo trazando con Knox un plan para poder llevar a Sarah a los bosques, para que pueda respirar algo de aire fuera de mi habitación, y esta noche será la noche.

Cuando llego a nuestra habitación, Sarah me espera, como siempre, en el ordenador. Me arrastro bajo la cama, dejando la cena a un lado. La puerta ya abierta porque me ha visto llegar por las cámaras.

—¡Hola! —me saluda súper emocionada.

—Hola, gatita. —No puedo evitar sonreír y contagiarme de su emoción—. ¿Qué has aprendido hoy?

—¿Sabes que los pulpos tienen 3 corazones?

—¿Eso significa que quieren más? —contesto entre risas.

—Seguro que aman con mucha más pasión.

Los ojos verdes de Sarah me miran con demasiada intensidad mientras me dice estas últimas palabras. Ojalá yo mereciera que alguien me quisiera de ese modo. Intento sacarme de la cabeza cosas que nunca van a pasar.

—Cena, venga. Tengo una sorpresa para ti.

Sarah sale de debajo de la cama y comienza a dar saltitos de alegría mientras yo desvío la mirada a la cena para no ver el movimiento de sus pechos al saltar. Necesito contenerme como sea, aunque cada vez es más y más difícil.

Sarah está tan emocionada que cena en tiempo récord.

Me dirijo al armario y saco una bolsa que Knox me trajo hace unos días.

Sale bastante de la fortaleza, haciendo varias misiones en el exterior, y eso ha retrasado nuestros planes, pero nos ha venido bien para comprarle ropa a Sarah.

Le tiendo la bolsa con los nervios a flor de piel.

—Espero haber acertado.

Abre la bolsa y no consigue cerrar la boca del asombro. Una lágrima cae por su mejilla.

Mierda. ¿He hecho algo mal? ¿Qué mierda hice mal?

—Lo siento, buscaremos otra cosa, no sabía…

—Es perfecto, Silas. Gracias —me dice con lágrimas todavía en su cara y dirigiéndose a darme un abrazo, tirando la bolsa al suelo en el camino.

Noto cómo sus pechos se aplastan contra mi cuerpo, cómo sus manos se juntan en mi cuello y las puntas de sus dedos me acarician la nuca.

La piel se me eriza.

La imagen de Sarah mojada en la ducha aparece en mi mente. La imagen de una Sarah empapada con mi camiseta puesta la sigue.

La abrazo, girando el cuerpo a un lado para que no note mi excitación. Para que no se sienta incómoda.

No sé si a propósito o sin querer, pero el cuerpo de Sarah se acerca más al mío y mi erección la presiona. Me congelo. Ella también. Se separa despacio y ninguno de los dos dice nada mientras saca la ropa de la bolsa y va a cambiarse.

Minutos después, una Sarah completamente enfundada en un traje de combate negro sale del baño. La ropa se amolda a cada palmo de su cuerpo y no puedo evitar devorarla con la mirada.

—Vamos. —Le tiendo la mano. Ella la coge insegura.

—¿A dónde?

La miro con la mayor sonrisa de todas.

—Fuera —afirmo con una sonrisa.