A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 50
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Capítulo 50

Silas

Veo la vida escapar de los ojos de Rose y no puedo estar más agradecido de que no tenga que volver a vivir algo así. Suspiro y levanto la vista al cielo. Por inercia mis ojos viajan a mi ventana y se chocan con unos verdes que miran la escena, aterrados.

Quiero gritarle la verdad, mi verdad.

Quiero pedir perdón, pero debo seguir aquí hasta que se me dé permiso para marchar.

Pasan lo que parecen horas hasta que llega ese momento. Arrastro mis pies a través de los pasillos de los barracones. Quiero entrar en mi habitación y quitarme con agua hirviendo todas las sensaciones que tengo sobre mi cuerpo, pero no quiero enfrentarme a Sarah.

No puedo.

No ahora.

No después de esto.

Cruzo la puerta de mi habitación con pánico y sin saber qué decir. Sarah me espera sentada en la cama, mirando al suelo. Está claro que es un momento demasiado incómodo para los dos, así que decido que lo más sensato es no abrir la boca.

Me dirijo al baño y me meto bajo el chorro de la ducha, a ver si puedo quemar mis pecados.

El agua cae en cascada por mi cuerpo, lo más caliente posible.

Necesito… Ni siquiera sé lo que necesito.

Solo puedo pensar en Sarah y en que la he metido en la boca del puto lobo.

Quizá… ¿Quizá todavía no es demasiado tarde y puedo ayudarla a salir de aquí?

Con los brazos apoyados sobre los azulejos y con el agua cayendo todavía sobre mí, escucho la puerta abrirse. Quizá llevo demasiado tiempo dentro de la ducha, así que con el poco ánimo que me queda dentro del cuerpo intento excusarme.

—Perdón, estoy acaparando el baño, ya…

No puedo terminar de hablar, no cuando los brazos de Sarah me rodean desde atrás. El desconcierto se hace patente en mi cara en cuanto la giro para fijar mis ojos en los suyos. Ella solo deja caer su cabeza contra mi espalda, apretándome más todavía si eso era posible.

Está dentro de la ducha, conmigo, aunque todavía lleva puesta una de mis camisetas. El agua la empapa, pero parece darle igual.

No quiero alejarla de mi cuerpo, algo se siente correcto con ella así, pero tampoco me merezco consuelo de nadie, especialmente no de ella.

No lo merecería jamás.

—Sarah, yo… —Quiero hablar, pero la garganta se me cierra.

Una lágrima baja por mi mejilla. Estoy tan cansado…

—Shh, lo sé. Lo vi. Está bien.

Pero no lo está.