A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 48
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Capítulo 48

Silas

No hay forma de que me pueda librar de la puta iniciación, pero aguantaré.

Lo haré por ella.

Por Sarah.

Porque por encima de todo, no puedo dejar que nadie entre en mi habitación y la descubra. He puesto las trabas suficientes para que le dé tiempo a esconderse, pero tampoco quiero tentar a la suerte.

Hablamos de mi padre, no de cualquier aficionado.

Un experto en tortura, en hacer sufrir a la gente, y si por algún casual descubría no solo de la existencia de Sarah sino que había querido protegerla, alejarla de él…

El sufrimiento por el que pasaría ella sería muchísimo peor que el de cualquier otra mujer.

Empezaba a dudar de si le había hecho un favor sacándola de donde estaba. Quizás hubiera estado mejor allí abajo sepultada, muriendo de hambre, y no teniendo la posibilidad de caer en manos del puto Evander, de mi puto padre…

Mi mente es un hervidero de pensamientos de dolor, arrepentimiento, pesar… Veo los ojos de Rose a través del espejo, unos ojos que no reflejan nada. Vacíos por completo.

No podría soportar ver los ojos verdes de Sarah así, por lo que debo hacerlo.

Haría todo lo que hiciera falta para que los ojos de Sarah no tuvieran una mirada tan vacía como la de Rose, aunque estoy seguro de que esa misma mirada había decorado durante mucho tiempo el rostro de Sarah, que posiblemente mi aparición fue lo que le había dado la poca esperanza que alumbraba su vida.

El traqueteo del coche me indica que estamos más cerca de la fortaleza de lo que me gustaría y que falta mucho menos de lo esperado para que comience la pesadilla de Rose, mi pesadilla.

Cruzamos las puertas de la entrada y nos dirigimos con los coches al patio trasero, donde tienen lugar las reuniones al aire libre.

La mayoría de mis hermanos ya esperan allí la llegada de mi padre.

Me empiezan a temblar las manos, por lo que saco un pitillo de la cajetilla y lo enciendo, dando la calada más larga de mi vida.

Necesito calmarme como sea, no puedo mostrarme así ante nadie si no quiero hacer frente a las consecuencias.

Zeke baja del coche, cierra la puerta para dirigirse al asiento trasero y bajar a Rose. La miro una última vez por el espejo retrovisor.

—Lo siento —digo con una voz tan baja y rota que no creo que haya llegado siquiera a escucharla.