Capítulo 47
Sarah
Abro los ojos a un nuevo día, unos rayos de sol se cuelan por la ventana dándome a entender que es muy temprano, pero no he encontrado ningún sitio donde ver la hora.
El olor de las sábanas me envuelve de tal modo que me arrulla al sueño; huelen a Silas, huelen a algo que me calma y me da paz. Esta noche he dormido mejor que nunca en mi vida.
No puedo dejar de pensar en el momento en que Silas cruce la puerta de su habitación, en si va a ser un momento incómodo.
¿De qué vamos a hablar?
¿Qué vamos a hacer?
¿Vamos a dormir en la misma cama?
¿Él dormiría en el futón de nuestro escondite?
¿ Nuestro ?
Suyo.
Su.
De él.
Eso quería decir.
La posición del sol en el cielo me demuestra el paso del tiempo y con él, mis nervios empeoran cada vez más. Mil preguntas acuden a mi mente, y todas ellas se quedan sin respuesta.
Para pasar el tiempo me meto en la ducha y en realidad es un lujo tenerla a mi disposición; poder entrar y salir de ella cuando quiera, disfrutar de que el agua salga caliente. Lujos que se dan por sentado pero que yo atesoro, guardo y disfruto a más no poder.
El jabón que Silas me ha comprado huele a puto cielo, y me encantaría poder sumergirme en ese olor para siempre.
Él olía a una mezcla de tabaco, dulce y algo que no sé identificar.
Salgo del baño con el cuerpo relajado, pero la mente dando vueltas. Y todas esas vueltas y pensamientos terminan por salir y hacerme caminar de un lado al otro de la habitación, tensa, nerviosa, a la espera.
No sé qué hacer.
Antes solo esperaba.
Esperaba a que se fuera.
Esperaba que no bajara.
Esperaba rezando para pasar el día sola.
Esperaba, sin más.
Sin esperanza.
Pero ahora…
Ahora espero inquieta.
No sé qué va a pasar, qué hará Silas, cómo reaccionará, cómo compartiremos ambos un sitio tan pequeño, y eso… eso es algo que me pone muy nerviosa.
¿Y si decide que no quiere compartir su espacio conmigo?
Y solo hace falta que esa pregunta ronde mi mente para que mis pulmones se cierren, mi pulso se acelere y las lágrimas empiecen a brotar.