A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 46
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Capítulo 46

Silas

El viaje de vuelta a la fortaleza es mucho peor de lo que pensé en un principio. Mi padre va con Darío en uno de los coches, y Zeke, Rose y yo en el otro.

Rose ocupa el asiento trasero, acostada, porque ni siquiera puede mantenerse sentada. El nudo que tengo en el estómago hace que no quiera mirarla, pero tampoco consigo apartar los ojos de ella.

He visto muertos con mejor cara que la de Rose en este momento.

Sin querer, la he condenado a algo mucho peor que la muerte, algo que no le desearía ni a mi peor enemigo, y solo puedo pensar que al menos he conseguido evitar que Sarah también terminara de ese modo. Aunque tampoco es que tuviera mucha mejor vida.

La voz de Zeke me alcanza en medio de mis pensamientos.

—No tienes por qué mirarla a través del espejo. Tu padre ha ordenado que al llegar, se la lleve a la iniciación. A los dos. —Echo de menos a Darío, de verdad que sí.

—¿Iniciación? —contesto mientras se me revuelve más el estómago.

—Sí. Hace mucho tiempo que no se hace, pero Rose es una chica especial. Tu padre quiere que la retomemos con ella. Ya escucharás el comunicado oficial, pero se nos ha ordenado dejar de matar mujeres y llevarlas a la fortaleza en las siguientes misiones.

No contesto. No puedo.

Da igual lo que pase conmigo, tengo que hacer todo y más de lo que esté en mi mano para que absolutamente nadie descubra la existencia de Sarah.

Si antes era malo que una mujer estuviera en la fortaleza, ahora será mucho peor; no todas conseguían sobrevivir a la iniciación, o eso había escuchado, y era el mejor regalo que nadie les podía dar.

Morir en la puta iniciación.

Empiezo a darle vueltas a la cabeza, pensando mil y una opciones para poder escaparme y no tener que estar presente, mucho menos participar.

—Sé por dónde van tus pensamientos, Silas. La iniciación se retoma por tu modo de actuar con Rose. Tu padre creía que ya tenía a todos sus hijos bien educados, pero nos has dejado claro que no. Serás el primero y el último.

—Pero…

—No hay peros. Y deberías darme las gracias, te lo estoy contando para que puedas hacerte a la idea. Ya sabes cuales son las consecuencias.

Consecuencias… Siempre era el puto búnker o, si era cierto lo último que me había dicho, la siguiente vez me regalaría la muerte. Sería tan feliz…

Pero…

Pero Sarah…

No puedo dejar a Sarah, no puedo dejarla sola, no puedo… Ella no tiene a nadie más. Nadie puede cuidarla, nadie sabe dónde está.

Ya no queda nada de mí, estoy completamente vacío, pero daría el caparazón que rodea mi cuerpo y haría lo que fuera con tal de proteger a Sarah, de evitar que pasara por todo esto.

Recibiré todas las cicatrices que sean necesarias para que nada toque la piel de Sarah.