Capítulo 43
Silas
En cuanto Sarah entra en el baño, no pierdo el tiempo y saco uno de los ordenadores de mi escondite.
Necesito hacer varios cambios en las configuraciones de seguridad para que ella pueda quedarse en mi habitación de un modo seguro.
Habilito tres tarjetas para que abran de forma perfecta, y cambio varias claves para que las llaves maestras den error y tarden más en funcionar.
De ese modo, si alguien llega sin avisar, le dará tiempo a esconderse.
Además, devuelvo la conexión a mi habitación para que pueda ver la televisión, y le preparo uno de mis ordenadores quitando toda la información sensible, para que pueda utilizarlo en caso de que quiera.
Cuando termino, miro el reloj y me doy cuenta de que Sarah lleva demasiado tiempo metida en el baño.
Me pongo de pie y comienzo a ponerme nervioso.
No paro de caminar de lado a lado en mi habitación.
Sarah lleva demasiado tiempo encerrada y no puedo dejar de ver imágenes de ella cortándose las venas, haciéndose daño.
Quizá no tendría que haberle dicho que podía cerrarse con llave, porque ahora mil escenarios catastróficos pasan por mi mente.
Estaba demasiado metido en el ordenador para ser consciente del tiempo que había pasado. Del tiempo que lleva ahí dentro.
Llamo a la puerta, pero no hay respuesta. El agua de la ducha todavía se escucha correr. Estoy demasiado tentando a coger el ordenador y ver qué es lo que está pasando dentro de ese baño.
Las cámaras de mi habitación y el baño son mías, no tienen conexión con el resto de la fortaleza, pero las necesito para saber si alguno de los perros de mi padre ha entrado aquí sin que yo lo sepa.
Pero, ahora mismo, la idea de utilizarlas para otra cosa no para de dar vueltas en mi cabeza.
Abro el ordenador repitiéndome que solo lo hago para saber que está bien. El programa se inicia mientras me convenzo de que voy a mirar un segundo y cerrar, nada más. Pero cuando la imagen de Sarah desnuda en mi baño inunda la pantalla, no puedo despegar los ojos de ella.
Está de espaldas a la cámara, así que veo cómo los ríos de agua bajan por su pelo y obedecen a las leyes de la gravedad llevando el agua a su culo respingón del que no puedo apartar los ojos. Se mueve un poco y me deja adivinar el contorno de un pecho precioso.
Mierda.
Joder.
No. No. No.
Salgo del programa de cámaras y cierro el ordenador. Esa imagen de Sarah me va a perseguir el resto de mis días.
Me acerco a la puerta y vuelvo a llamar, esta vez soy más insistente y consigo que ella me escuche. Cuando Sarah sale del baño con mi ropa, mi corazón se salta un latido. No pensé en esto cuando se la di y ahora sé que estoy muy jodido.
No volveré a ver mi ropa del mismo modo. No podré imaginarla si no es en el cuerpo de ella.