A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 42
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Capítulo 42

Sarah

El corazón me martillea en el pecho cuando Silas aparta su dedo de mi cara, llevándose una de mis lágrimas en él.

Espero y espero. Pero su lengua nunca sale a chupar la lágrima que se encuentra en él, y ese pequeño gesto, que para él no significa absolutamente nada, para mi marca una gran diferencia. No puedo evitar que el recuerdo me atraviese.

—Esa es mi pequeña hija. Mírala como llora, como me encanta cuando esas pequeñas lágrimas corren por tus mejillas.

Intento no llorar, intento de manera desesperada que ninguna lágrima caiga por mi cara, pero no lo consigo y eso solo le da más placer. Su polla está más dura y su sonrisa es más grande.

Su lengua sale de paseo y lame mi lágrima de su dedo.

—Mmm, saladas e igual de deliciosas que mi hija perfecta.

Sacudo la cabeza intentando dejar ese recuerdo atrás.

Ya no estoy ahí, está muerto.

No volverá a hacerme daño.

Nunca más.

Silas me lo prometió, y él siempre cumple sus promesas, ¿no?

—Gracias —le digo a Silas antes de coger todo de sus brazos y encaminarme a la única puerta que hay en la habitación.

Cuando entro, un baño de gran tamaño me da la bienvenida, y voy directamente a la ducha, queriendo sacarme de encima el sudor, las lágrimas y todos los olores que quiero que se queden en el sótano de aquella casa.

Abro el grifo y pongo el agua bien caliente. Casi no puedo resistir las ganas de meterme incluso vestida y estar mucho rato bajo el chorro de agua. Dejo caer mi ropa al suelo poco a poco, y cuando estoy como Dios me trajo al mundo, recuerdo que Silas me dijo que podía cerrar la puerta.

Me acerco y paso la llave. No creo que Silas entre pero, por una vez en mi vida, quiero tener la seguridad de que puedo hacer lo que quiera aquí dentro, que nadie va a entrar cuando le venga en gana.

Ese pequeño ⟪click⟫ me da una seguridad de la que hasta ahora no había disfrutado nunca, y algo caliente se aloja en mi pecho.

Porque hoy, esta noche, él, Silas, me ha dado más cosas de las que nunca soñé con tener allí abajo.

Me meto en la ducha y me pongo bajo el chorro.

No puedo evitar el sonido que se me escapa entre los labios cuando el agua caliente resbala sobre mi piel.

Ducharme es uno de los mayores placeres de mi vida.

Subo la temperatura del agua lo máximo que puedo soportar porque necesito que me limpie.

Que limpie toda la mierda que hay en mi cuerpo.

Me pongo en la mano una pequeña porción del champú que Silas me dio y el olor me cautiva. Vainilla , dice el bote y no puedo estar más enamorada de ese olor. Huele como si el cielo se hubiera abierto para mí.

Me lavo una y otra, y otra vez. Me quedo demasiado tiempo bajo la ducha dejando que el agua lave todos los pecados que ha vivido mi cuerpo. Pero nunca consigo sentirme lo suficientemente limpia.

—Sarah. —La voz de Silas me hace dar un respingo.

—¿Sí?

—Llevas mucho rato ahí, solo quería saber si estabas bien, que no te había pasado nada.

—Todo bien, ya salgo.

Mientras me seco y me pongo la ropa que Silas me ha prestado, no puedo evitar pensar en el viaje que hemos hecho hasta aquí, en cómo mi cuerpo se relaja cuando me tiene en sus brazos o cómo la sensación de seguridad me embarga cuando su corazón late junto a mi oído.

Cómo el sentimiento de paz está presente cuando él me habla de lo que sea.

O cómo ahora, que su olor me rodea, se pega a mi cuerpo.

Y todos esos sentimientos son cosas que no entiendo. Tan solo sé sentir miedo, asco, repulsión, dolor, oscuridad, desprecio…

Y no sé qué pensar sobre lo que Silas despierta en mi cuerpo. En mi mente.

La sensación de que estoy… a salvo.