Capítulo 39
Sarah
El viaje sobre la moto se me hace demasiado largo. El miedo me paraliza por completo.
Miedo de Silas.
Miedo de estar fuera.
Miedo de que Padre venga tras de mí.
Miedo de ese hermano que ha aparecido de la nada.
Miedo de que siga vivo.
Solo siento miedo, y necesito que pare.
Silas me ha dicho que no me tocaría, que mataría a cualquiera que lo haga sin mi consentimiento, pero… Si ha vuelto a por mí, ¿significa que también puedo confiar en esto? ¿Qué puedo confiar en él?
Tengo demasiadas cosas en la cabeza y no consigo ordenar ninguno de los pensamientos que me asaltan, y el miedo que me aprieta el estómago no hace más que hacerlo todo más complicado.
Tener a Silas presionando mi espalda no es que sea de demasiada ayuda.
Su olor me confunde, me encantaría enterrar mi nariz en su cuello y olerlo para siempre, pero al mismo tiempo quiero tenerlo lo más lejos posible de mí.
No deja de ser un hombre, y Padre siempre ha sido muy claro con la forma de ser de todos los hombres.
¿Me hará lo mismo que Padre? No quiero.
Me arrancaron de los brazos de mi madre cuando era muy pequeña. Mi casa no gozaba con demasiados lujos, pero al menos tenía a mi lado a gente que me quería.
¿Voy a tener a alguien que me quiera donde Silas me lleva?
Aprisiono al fondo de mi mente cada pregunta que me genera un poco de esperanza en el pecho. No quiero más desilusiones y siento que eso es lo único que voy a conseguir.
Siempre más dolor.
Creí que en el momento que saliera de debajo de esa casa iba a ser feliz, pero hay demasiadas cosas aquí fuera que me saturan por completo.
El olor del aire, el ambiente húmedo, el sonido constante de la moto, las luces por las que pasamos cada pocos minutos y que se abren paso entre la niebla constante, la aspereza de la mano que Silas lleva puesta en mi cintura para mantenerme estable sobre esta trampa mortal de dos ruedas…
El dedo que Silas mueve arriba y abajo, trazando círculos sobre mi ropa, que me despierta un cosquilleo en el cuerpo que no consigo identificar. Intento concentrarme en la sensación. Me gusta. Pero unas palabras resuenan en mi oído y vuelvo a asustarme.
—Ya casi hemos llegado. —La voz de Silas suena en el casco.
—¿Dónde vamos?
—Al único sitio que conozco y donde puedo tenerte a salvo. No es lo ideal para ti, pero prometo que conseguiré algo mejor, solo necesito algo de tiempo.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
No sé por qué, pero le creo.
Pasamos el resto del viaje en silencio. No quiero desconcentrarlo de su tarea porque creo que vamos demasiado rápido, y su dedo sigue trazando círculos en mi cintura.
Creo que ni siquiera es consciente de que lo está haciendo.
Su erección hace rato que ha dejado de presionarme y no sé cómo sentirme respecto a eso.
Hace poco que Silas me ha dicho que estábamos llegando, y empiezo a reconocer el paisaje.
—¿Por qué me traes a casa?
—¿A casa? ¿Tu casa? Es imposible, Sarah, aquí está la fortaleza… —Su voz deja entrever el desconcierto.
—Supongo que era muy pequeña la última vez que estuve aquí, quizá esté confundiendo el lugar.
—Seguro, hay lugares con este bosque y esta frondosidad por varios puntos de la zona noroeste de Montana, pero si quieres, podemos intentar averiguar cómo de cerca está tu casa. Quizá tu familia todavía te esté buscando.
—¿Podemos hacer eso?
—Podemos hacer todo lo que quieras, Sarah.
Su voz me transmite mucha tranquilidad y la moto me arrulla de tal modo que me quedo traspuesta. No estoy dormida pero tampoco despierta, me encuentro en un limbo entre ambas y veo a mi madre, mi hermana, me veo a mí misma mucho más pequeña corriendo por los bosques.
—Sarah. —La voz de Silas se cuela en mi mente y me cuesta abrir los ojos.
—Perdón.
—Tranquila, te he dejado descansar el máximo tiempo posible, pero desde aquí debemos seguir a pie. Tenemos que acceder desde el bosque para que las cámaras de la entrada no te registren y no podemos hacer ruido. Una vez allí, entraremos corriendo a mi habitación y estarás a salvo.
—¿Dónde me estás metiendo?