Capítulo 35
Sarah
Los minutos parecen horas.
El aire sigue sin llegar del todo a mis pulmones. La ansiedad hace que las manos me tiemblen tanto que pierdo la fuerza constantemente y no puedo emplearla del todo para empujar.
La puta trampilla no se mueve.
No sé qué más hacer.
Intento no pensar en que volverá.
No lo hará.
Pero es lo único que me puede salvar.
Él es el único que puede sacarme de aquí abajo.
No quiero hacerlo, pero no puedo evitar la pequeña bola de esperanza que se ancla en mi pecho.
Me lo prometió.
Prometió que volvería.
Pero ha pasado demasiado tiempo y no lo ha hecho.
Voy a morir aquí abajo, no veo otra opción viable.
Poco a poco voy perdiendo la esperanza; cada minuto que pasa, se apaga un poco más.
Me apago un poco más.
Tenía poca; no quería pensar en ello, no valgo nada para nadie. ¿Por qué iba a ponerse en peligro por mí? No tiene sentido, por eso sabía que no volvería. Pero aun así…
Mis pensamientos son demasiado erráticos. Supongo que es lo que pasa cuando te atreves a tener un poco de esperanza.
A confiar.
No debí hacerlo en ningún momento; debí saber que moriría aquí y que nadie iba a impedirlo.
Si no puedo cambiarlo por mí misma, nadie lo hará. Llevo demasiadas horas empujando esta trampilla para saber que no hay salida, que no hay opción de que vuelva a sentir el aire en la cara o el olor de la lluvia.
Debí saber que él no volvería, no por mí.