Capítulo 34
Silas
—Hola, Knox.
—No pensé que me llamarías, y mucho menos tan pronto.
—Si te sirve de consuelo, yo tampoco, pero me temo que necesito tu ayuda. La vida de una persona inocente corre peligro, y si ahí dentro hay algo del Knox que yo conocí, me ayudarás. La verdadera pregunta es, ¿puedo yo confiar en ti?
—No, Silas. La verdadera pregunta es, ¿creerás lo que te digo si te cuento la verdad?
—Supongo que tendremos que averiguarlo sobre la marcha. Baja con mi moto, lo más rápido que puedas y sin ser detectado. El hotel de siempre, habitación 133.
—Entiendo.
—Ah, y Knox. Trae dos cascos.
—¿Dos?
—Sí, dos.
Cuelgo sin dar mayor explicación, tenemos poco tiempo y necesito que se ponga en marcha cuanto antes.
Mientras Knox se pone en camino hacia aquí, decido salir del hotel y acercarme a la gasolinera por productos de aseo.
No encontraré nada de ropa pero, con suerte, podremos ponerle algo mío que le cubra más de lo que lleva.
Llevo en la gasolinera más tiempo del que realmente me gustaría admitir, pero he cogido una cantidad ingente de productos para que pueda asearse con comodidad.
He olido todos y cada uno de ellos, y todavía no tengo claro por qué me encantaría acercarme a su pelo y que tenga el olor de vainilla del champú que he comprado para ella.
Siento que encajan a la perfección.
Sarah es vainilla.
Intento alejar los pensamientos de Sarah de mi mente, de esos ojos verdes mirándome y queriendo confiar en mí; de ese pelo rubio en el que me encantaría hundir la nariz y la suavidad de su piel, por la que me gustaría pasar los dedos.
Cuanto más intento dejar de pensar en ella, más lo hago, por lo que pago en la gasolinera y me voy corriendo a la habitación, a la espera de que Knox aparezca y me ayude con todo este lío.