A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 33
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Capítulo 33

Silas

Salgo de la casa y me dirijo al coche donde me espera Darío con cara de pocos amigos. Entro y me enciendo un cigarro, rezando para que no vea el temblor en mi mano.

—¿Te estabas haciendo una paja con el cuerpo caliente del viejo? ¿Por qué mierda estabas tardando tanto? He estado a punto de entrar a buscarte.

—Me has pedido que registre la casa, ¿cuánto crees que tarda en hacerlo una sola persona si lo quieres hacer a conciencia?

—Tú siempre tienes algo que decir, ¿verdad? No puedes solo callarte y ya. Tienes que tener siempre la última palabra.

—No olvides que por mis venas corre sangre Blackwell.

—Tranquilo, ten por seguro que lo recuerdo perfectamente. Es un pequeño detalle que nadie deja que se nos olvide. ¿Has sacado las fotos?

—Sí, vámonos de aquí.

Tardamos más tiempo del que me gustaría en llegar al hotel.

El viaje dentro del coche con Darío a mi lado en completo silencio es una tortura, pero más tortura es darle vueltas una y otra vez a qué hacer con Sarah.

Está claro que la tengo que sacar de ahí, pero no sé cómo hacerlo solo.

No tengo medios, y con ellos aquí será imposible.

Únicamente puedo llamar a una persona, y ahora mismo prefiero morirme que hacer sonar ese teléfono.

Cuando llegamos al hotel, mi padre se ha instalado en mi habitación y Rose continúa en la misma postura que cuando me fui.

Parece que ha pasado media vida, y la realidad es que solo hace unas pocas horas.

Está más demacrada, tiene los ojos hinchados del llanto y los labios cortados.

No hay parte de su cuerpo que no haya sido mancillado y está cubierta por los fluidos de mi padre y sus dos hombres de más confianza.

El corazón se me aprieta y tengo ganas de vomitar. Me había olvidado por completo de Rose. Ya no hay absolutamente nada que pueda hacer por ella, pero sí por Sarah. Tengo que impedir que llegue a esto como sea.

Mi padre me saca del pozo de culpa que son mis pensamientos.

—Silas, informa.

—Kevin, muerto. El hombre que se hallaba en la casa con él, Callum, muerto.

—¿Qué acabas de decir? —pregunta mi padre mientras palidece.

—Darío le pegó un tiro a Kevin entre las cejas. Entré a la casa en busca del segundo hombre que se nos indicó que estaba en la casa, lo encontré saliendo de la cocina, y disparé. Yo mismo lo maté.

Espero que esto me dé un voto de confianza con mi padre, aunque la verdad es que no me arrepiento de matar a ese hombre con lo que le estaba haciendo a Sarah. No lo dijo, pero no hace falta ser muy inteligente.

Pero, para mi sorpresa, mi padre no me felicita. Su voz sale ahogada cuando me dice ⟪De acuerdo⟫ mientras sale de mi habitación con el móvil en la mano.

Está claro que va a marcarse un tanto con sus superiores informando de que ya ha encontrado a la persona responsable. Va a colgarse la medalla. Pero no me importa, tengo demasiadas cosas que hacer todavía.

—Señores, mi cama está llena de vuestro semen, así que voy a coger otra habitación para poder dormir. Saldré mañana por la mañana para la fortaleza. Necesito algo de descanso.

Por primera vez en mi vida, nadie me pone pegas. No abren la boca. Así que más rápido de lo que mis piernas pueden llevarme, pido otra habitación en recepción y me voy varias plantas por debajo. Tengo una noche para hacerlo todo, y no tengo tiempo que perder.

En cuanto estoy en la seguridad de mi habitación, hago la llamada que jamás pensé volver a hacer, pero no tengo a quién más recurrir.

—¿Silas…?

—Hola, Knox.