Capítulo 31
Silas
Está claro que la muerte de este hombre me ha trastornado, porque no es posible que esté ahora mismo reviviendo la misma escena que dejé atrás en el hotel.
Rose no puede estar atada a esa cama.
Rose no puede estar aquí abajo.
Estaba en el hotel.
Con mi padre.
Con Zeke.
Definitivamente me estoy volviendo loco .
Ha llegado el momento en el que toda la mierda que he vivido ha rebosado y ahora tengo alucinaciones.
Rose atada a esa cama me va a perseguir toda la vida. Creí que era algo que solo iba a quedarse en mi cabeza, pero se ve que es algo que también va a estar fuera de ella.
Me acerco poco a poco, cagado de miedo, pensando en las mierdas que me tengo que meter para que esto deje de ser tan real. Toco la cuerda que la ata a la cama y siento el tacto áspero de esta.
Definitivamente, como una cabra.
La persona que está atada se revuelve desde que puse un pie en la zona de la escalera. Por su boca salen sonidos inteligibles.
Me acerco despacio, con toda la precaución que poseo, y cuando acerco la vela a su cara, soy consciente de que no es Rose. Una mujer rubia de ojos verdes me observa, y creo que nunca había visto unos ojos que me devolvieran la mirada con tanto miedo y a la vez me embelesaran de tal modo.
Guardo mi pistola y poso la vela en una mesa junto a la cama.
La chica lleva puesta una camisa de hombre raída que no hace demasiado por tapar su cuerpo consumido por el hambre y la suciedad.
Guío mis manos hacia la tela que cubre su boca, pero antes hago un gesto con mi dedo en mis labios, indicándole que guarde silencio.
—Si quieres salir de aquí con vida, por favor, hazme caso. No queremos que nadie se alerte con tus gritos y vuelvan a entrar en la casa.
Solo recibo un asentimiento, pero no necesito más.
Saco mi navaja del bolsillo y voy cortando las cuerdas que la mantienen retenida una a una.
Cuando llego a la última, ella intenta quitarse la mordaza de la boca, pero no lo consigue, por lo que me meto un trozo de cuerda en el bolsillo y la ayudo a quitarse la tela que le aprisiona la boca.
—¿Dónde está? —dice entre sollozos.
—Si te refieres a los dos hombres que estaban en esta casa, muertos.
—No tengo claro si eso es algo bueno o malo para mí.
—Yo tampoco.
Nos miramos un segundo a los ojos y siento como algo se mueve en mi estómago. Son ganas de vomitar, estoy seguro. Me pongo en pie y comienzo a moverme de forma apresurada por la habitación.
¿Qué mierda voy a hacer con ella ahora?
Me ha visto la cara por lo que no puedo dejarla escapar. Pero tampoco se la puedo entregar a mi padre; acabo de ver por lo que ha pasado Rose.
Por más que pienso y camino, no se me ocurre absolutamente nada, y el tiempo se me escurre entre los dedos sin poder detenerlo. En cualquier momento Darío cruzará esa puerta porque estoy tardando demasiado.
Ella se abraza las piernas hecha una bolita sobre la cama. El llanto la hace temblar y estoy tan cansado de que todas lloren en mi presencia…
No sé cómo transmitirle una seguridad que ni siquiera yo mismo siento.
Me acerco a la cama para intentar hablar con ella, pero se retrae más en sí misma. Está bien, lo haremos desde lejos.
—¿Cómo te llamas? —Intento romper el hielo de algún modo para que sienta que puede confiar en mí.
—Sarah.
—Hola, Sarah, soy Silas. Y tenemos un problema.
—Me he dado cuenta. Yo soy el problema, ¿verdad?
—El problema es que no puedo dejarte aquí porque ya no hay nadie vivo, no puedo dejarte huir porque sabes quien soy, y no puedo llevarte conmigo porque no quiero que caigas en manos de mi padre.
Así que sí, tenemos un problema al que no consigo encontrar solución.
—Decido ser sincero aunque no entiendo el porqué, simplemente ha salido todo. Sencillo. Demasiado sencillo.
—Entiendo.
—No, no lo haces.
—No, en realidad no lo hago. Pero si tu padre es la mitad de lo que era Callum, vuelve a sacar la pistola y mátame aquí y ahora, porque no quiero seguir viviendo mi vida así. Nunca más.
La seguridad con la que Sarah me dice que le pegue un tiro me impacta, y no necesito saber más; solo con mirar alrededor me puedo hacer una idea de la mierda de vida que ha tenido Sarah y entiendo su motivo para no querer seguir adelante.
—Sarah, te prometo que te mataré antes de que caigas en manos de mi padre, no dejaré que nadie te toque. Pero necesito que me esperes aquí, volveré a por ti.
—No lo harás, dejarás que me muera de hambre aquí abajo.
—Siempre cumplo mis promesas, Sarah. Justamente por eso nunca prometo nada.
Ella desvía la mirada, no quiere tener esperanza y la entiendo. Nunca ha tenido nada. Nunca ha tenido a nadie. Veo a Sarah, pero me veo a mí. Y pase lo que pase, no puedo dejarla aquí.
Joder.
¿Por qué simplemente no me voy dejando que se muera de hambre? Todo sería muchísimo más sencillo de ese modo. Pero no, el imbécil de Silas siempre lo tiene que hacer todo del modo más difícil.
—Volveré, Sarah. Esta noche. No puedo decirte cuánto tardaré, pero puedo prometerte que volveré por ti. No hagas ruido. Aunque escuches algo arriba, quédate en silencio. Dos golpes con el puño, tres palmadas. Así sabrás que soy yo quien está al otro lado de esa puerta.