Capítulo 29
Sarah
Parece una noche como otra cualquiera. Él me ha traído la comida y está tumbado en mi cama, tocándose, preparándose, esperando que yo termine de cenar para que suba sobre él y poder follarme, cuando unos golpes en la puerta nos sorprenden a ambos.
Se levanta rápidamente de mi cama.
—Sarah, ven, rápido. Algo ha ocurrido. Acuéstate.
Obedezco, porque sé que a esta casa solo viene gente peor que él. Pero comienzo a asustarme cuando empieza a atarme a la cama.
—Papá, por favor. Me portaré bien. Atada no.
—Lo siento, florecilla. No puedo arriesgarme, ahora no.
Ni un solo ruido, te lo pido por favor. Sé la buena niña de papá que eres y te recompensaré con más de tu papi, pero absoluto silencio.
Te dejaré hacer todo lo que quieras, tendrás mi polla cuanto quieras.
Pero calladita, hija. —Habla demasiado rápido y sus movimientos son erráticos; está demasiado nervioso.
Me coloca un trozo de tela alrededor de la boca y huye escaleras arriba, dejándome cada extremidad atada a una esquina de la cama. Cierra la trampilla y se acerca corriendo a la puerta. En cuanto la persona que estaba fuera entra, comienzan los gritos.
No sé quién acaba de pasar, pero tampoco necesito saberlo para entender que, sea quien sea, está muy nervioso. No consigo captar casi nada de lo que dice, habla demasiado rápido y está demasiado alterado, hasta que… ¡PLAS!
¿Le acaba de cruzar la cara?
—¡Kevin! Relájate e intenta hablar un poco más despacio, no estoy entendiendo nada de lo que dices —grita padre.
—Se han llevado a Rose. Se la han llevado, no está, Callum. Se la han llevado, joder. Por favor, ayúdame. Haz algo y ayúdame, joder —le contesta mientras iguala sus gritos.
La cosa es seria si este tío sigue vivo después de haberlo llamado por su nombre y él no ha hecho nada...
—Ve al salón y siéntate, te prepararé una tila.
Escucho cómo los pasos de mi padre se dirigen a la cocina y el tal Kevin llega al salón, no han pasado más de unos segundos cuando un teléfono suena y comienza a reproducirse lo que entiendo que es un vídeo donde le preguntan a la tal Rose dónde está Kevin.
Se escucha el llanto y los gritos, y mi corazón se hace pequeñito por Rose; los ruidos son inconfundibles aun con las tablas que tenemos por medio.
El vídeo se ve interrumpido por una llamada. No puedo escuchar al interlocutor, pero tampoco lo necesito; está claro lo que está ocurriendo. Kevin le ha dado nuestra dirección. Sea quien sea que tiene a la chica, viene hacia aquí.
Intento hacer todo el ruido posible para que mi padre baje y pueda explicarle lo que acaba de pasar, pero sigue en la cocina haciendo el té para el puto Kevin.
No consigo llamar su atención. No puedo moverme y mis brazos no llegan para quitarme la mordaza de la boca.
Mis gritos están demasiado amortiguados para que se escuchen a través de los tablones del suelo.
Estoy jodida.
Mucho más que de costumbre.
Aunque…
¿Quizás es esta la respuesta a todas mis plegarias?
¿Voy a poder morirme de una vez?