A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 28
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Capítulo 28

Silas

Cuando llego, queda un minuto para que en el reloj llegue a su fin la cuenta atrás de dos horas.

En el hall del hotel le doy insistentemente al botón de llamada del ascensor, pero por más que le dé no consigo que el puto cacharro vaya más rápido.

Me maldigo por haber tomado la decisión de no haber cogido el coche.

Cuando el puto ascensor por fin hace su aparición, apremio a la gente para que se baje y le doy rápidamente al botón del piso en el que está mi habitación; espero que estén allí.

Una mujer me sigue al ascensor, pero la empujo hacia atrás.

—Ni de coña, espere al siguiente. —Me pone mala cara, pero me la suda, tengo demasiada prisa como para que me importe.

El ascensor llega a mi planta y creo que el corazón se me va a salir por la boca. Llevo los ojos al reloj y se pasa un minuto de las putas dos horas.

Mierda.

Joder.

Me encamino a la puerta de mi habitación y llamo con toda la firmeza que mi cuerpo me permite en un momento como este, porque tengo miedo de lo que me voy a encontrar al otro lado de la puerta.

En cuanto Zeke me abre, los ruidos hacen eco en mis oídos y me quedo petrificado, se me acelera la respiración y las náuseas se vuelven a hacer presentes.

No consigo dar un paso, ni adelante ni atrás. Estoy completamente bloqueado, por lo que Zeke me sujeta por la camiseta y me mete rápido en la habitación cerrando la puerta tras de mí, y lo que ven mis ojos no puede ser peor.

Hay un móvil colocado en un trípode grabando un vídeo mientras Rose continúa atada a la cama.

Ya no tiene mordaza porque la polla de Darío evita que emita algún sonido.

Él entra y sale de ella con mucha violencia; en su garganta se adivina la forma de la polla de Darío, de lo al fondo que la lleva, mientras la cara de ella está llena de lágrimas y mocos.

Por momentos, la deja sin respiración hasta que ve que no aguanta más y se retira, riéndose de cómo boquea para poder coger oxígeno y continuar respirando.

Y cuando llevo mi vista un poco más abajo, me encuentro a mi padre, mirándome con una sonrisa de oreja a oreja, ya dentro de Rose. Fija su mirada en la mía mientras se mueve dentro y fuera de ella.

Quiero vomitar.

—Hombre, hijo, por fin. Eres el siguiente con Zeke. Me temo que te toca la boca, Zeke ya se ha pedido estar dentro de su coño.

No hablo porque no puedo. Prefiero arrancarle los dedos a alguien. Prefiero peleas a muerte con mis hermanos. Pero no esto.

No más de esto, joder.

—Bueno, ¿por dónde íbamos? Ah, sí. Rose, cariño, ¿dónde está tu novio Kevin?

Darío se retira, dejándole la boca libre para que pueda contestar, y ella lo hace entre sollozos.

—Ya te he dicho que no lo sé. No lo sé. Lo siento. No lo sé. No más, por favor. Para ya.

Darío vuelve a meter su polla y a ella le da una arcada. Vuelve a moverse como si no hubiera pasado nada, buscando su liberación.

—Tesoro, creo que he sido ya bastante benévolo, te estamos dando todo nuestro amor y a cambio solo te pedimos un poquito de información.

Solo una dirección, nada más. No te preocupes, cariño, podemos estar así toda la noche.

Somos cuatro y tú solo una. Además, te recuerdo que lo estamos haciendo por las buenas, no querrás que lo hagamos por las malas.

Mi padre aumenta la velocidad de sus acometidas, comienza a bombear rápido dentro de Rose. Escucho cómo chocan piel contra piel, y me da una arcada. Intento ir corriendo al baño, pero Zeke me sujeta para que lo vea.

Quiero huir.

Quiero salir de aquí.

Quiero sacarla de aquí.

No sé qué más hacer por ella.

Me siento impotente.

Zeke me sujeta la cara para que vea como mi padre entra y sale de ella, hasta que gime y se corre, sacando la polla de dentro de su coño y corriéndose por toda la barriga dejando un hilo de semen tras otro.

—Oh, joder. Al final sí que tienes un buen coño, señorita Rose. A mis hombres les van a encantar tus agujeros.

Ella sigue llorando. El llanto consigue mover su cuerpo, zarandeándola de lado a lado. La voz de Darío hace que dirija mi vista hacia él.

—Jefe, ¿dónde se me permite?

—En la cara, Darío, que su novio la vea bien llenita de nuestra puta leche.

Dos estocadas más y Darío se retira, comienza a mover su mano y, tras unos segundos, se deja ir en la cara de Rose, que comienza a gritar en cuanto la polla abandona su boca, hasta que se escucha a mi padre sacar el seguro de su arma.

—Zeke, tu turno.

Este me suelta y se encamina a Rose bajándose los pantalones. La penetra sin miramientos y de una sola estocada, fuerte. El llanto de Rose comienza a hacerse cada vez menor; está perdiendo la poca esperanza que le quedaba.

—Rose, última vez que pregunto, ¿dónde está Kevin?

Con un hilo de voz, Rose contesta.

—No lo sé.

—Hijo, a su boca. Ya —me dice mientras pausa el vídeo actual y comienza a grabar uno nuevo.

—Vamos a mandar este vídeo para que vaya haciendo efecto mientras…

—Padre. —Mi padre se gira y me mira con tanto odio como puede.

—¿Por qué me hablas desde ahí y no tienes la polla metida en la boca de la puta? ¿Tan poco te ha gustado su coño? —contesta entre risas, pero con gesto serio, acariciando el arma en su mano.

—He registrado la habitación de Rose en el orfanato y he localizado un teléfono que solo tiene un número guardado, creo que quizá…

—Buen hijo. Dámelo, enviaré el vídeo ahí. Ahora…

—Ahora, si no te importa, me gustaría seguir investigando por si consigo encontrar a Kevin.

Y lo siento, de verdad que lo siento por Rose, pero no puedo seguir viendo esto.

Necesito salir de aquí. Soy un puto cobarde de mierda que la está abandonando a su suerte, pero no puedo forzarla y es lo que pasará si sigo dentro de esa habitación: terminaré violandola con una pistola en mi sien. Mi padre no me dará otra opción, lo sé.

—¿En serio prefieres salir a buscarlo en vez de hacer que esa garganta se apriete alrededor de tu polla? —Me mira con incredulidad—. Bueno, cosa tuya. Ve a buscar a ver qué encuentras. Por lo pronto enviaré el video desde el móvil desechable.

Respiro, al menos no ha insistido en que vuelva a Rose.

—Darío, a su boca. Zeke, muévete, quiero meterla por el culo mientras sigues dentro.

Una lágrima me resbala por la cara, mis ojos se dirigen a los de Rose, que me miran suplicantes, que la saque de aquí o que la mate. No sé qué coño me suplican.

Pero está claro que intenta que no la deje sola con ellos. No sé por qué se siente más segura conmigo. Por qué me suplica a mí y no a cualquiera de ellos, si yo le he hecho lo mismo.

Soy igual que ellos.

Yo también la violé.

Yo también la dejé en manos de mi padre.

Yo también huí.

Con un último vistazo a los ojos de Rose, salgo corriendo de la habitación sin mirar atrás.

Y con un dolor en el pecho que se que estará ahí durante mucho tiempo.