A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 27
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Capítulo 27

Silas

En el momento en que la pregunta sale por mi boca, ya me he arrepentido de hacerla.

La sonrisa que asoma a los labios de mi padre no puede ser más macabra. Por mi mente viajan todas las posibilidades y cada una me gusta menos que la anterior, así que intento adelantarme a cualquier cosa que mi padre pueda ordenarme.

—Si te parece bien, padre, iré al orfanato a hablar con la profesora para ver si Kevin está escondido allí, o si nos puede dar alguna localización de dónde podamos encontrarlo.

—Anda, pues mira, a veces tienes buenas ideas. Ve, intenta averiguar lo que puedas con esa tipa, ya me informó Darío de lo bien que le sacas la información. —comenta con una risa socarrona.

Respiro aliviado con la respuesta de mi padre, pero el alivio no dura demasiado.

—Pero, Silas, si en dos horas no consigues traer a Kevin, nos ayudarás a que Rose nos cuente más. De ti depende todo, hijo.

Hijo de puta. Sabe que estoy intentando huir de lo que le van a hacer a Rose, y por supuesto que va a impedirlo de cualquier modo que le sea posible.

No solo va a hacerme sufrir a mí, sino que va a tener a Rose viviendo en la incertidumbre y la desesperación todo el tiempo que yo esté fuera.

Pienso en todas las posibilidades que tengo para poder asesinarla sin que sean conscientes, pero no veo probabilidad alguna de que eso suceda. No ahora, al menos, con ellos ahí.

Salgo del hotel encendiendo un cigarro. Me debato entre subir al coche en el que vine o ir al orfanato caminando, y me decido por esta segunda opción; si me queda poco tiempo de vida, al menos voy a pasarlo al aire libre. No quiero volver a estar encerrado.

Cuando llego al orfanato, entro por el trozo de verja que está rota y accedo al interior. Llego a la sala de profesores cruzando los dedos para encontrarla aquí, porque no sé dónde mierda más buscar sino; no tengo tiempo de esperar a que salga al puto bar.

No tengo tiempo de nada.

Para mi suerte, dentro de la sala de profesoras se encuentran las dos que estaban en el bar con Rose. La que se ha follado a Darío se levanta de la silla como si tuviera un resorte en el culo cuando me ve cruzar la puerta.

—¿Qué haces aquí? —se queda pensativa y parece encajar algo— ¿Sabes algo de Rose?

Me avasalla a preguntas y con toda la razón; llevan desde anoche que salieron del bar sin noticias de su amiga, y está claro que están preocupadas por ella, pero me temo que no hay mucho que yo pueda hacer para mitigar su preocupación.

—¿Dónde está Kevin? No tengo tiempo para mareos de que no sabéis dónde está o mierdas del estilo, y Rose tampoco lo tiene, así que abre la boca y empieza a cantar de una puta vez.

En cuanto el nombre de Rose sale por mi boca, ambas se acercan a mí corriendo. Me sujeta la camiseta con los puños e intenta tirar de mí, pero le saco bastante en peso y altura y no consigue moverme.

—¿Vosotros tenéis a Rose?

—Sí, y acabo de decirte que se le acaba el puto tiempo. Se ha metido donde no debía, por lo que necesito encontrar a Kevin si no queréis que ella pase por un calvario —respondo con pesar.

—Kevin se ha largado en cuanto vio que Rose no aparecía. Lo hemos llamado. No contesta el teléfono, no sabemos dónde está —dice atropelladamente.

—Pues necesito encontrarlo, así que mover el puto cerebro y decirme dónde coño podría estar. —El enfado se queda patente en mi voz.

—Solo sé que cada cierto tiempo visita varias casas, pero nada más. Puedo llevarte a su habitación —dice insegura mientras cambia el pie de un peso a otro.

—Hazlo, rápido.

La profesora me guía a la habitación de Kevin, que registro de arriba a abajo, pero no consigo una mierda. Después de un rato rebuscando, caigo en la cuenta.

—Llévame a la habitación de Rose.

—¿Para qué…?

—Cállate y llévame, joder.

El registro en la habitación de Rose es un poco más fructífero, ya que consigo encontrar un teléfono desechable con un único número guardado.

Me largo corriendo del orfanato y pongo rumbo rápido al hotel; quedan 15 minutos para el margen de dos horas que me dio mi padre, y sé que es un hombre más que puntual para lo que le interesa, y joderme está en lo alto de su lista, así que insto a mis piernas a moverse para intentar llegar al hotel lo más rápido posible.