A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 25
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Capítulo 25

Silas

Las arcadas continúan agitando mi cuerpo aun cuando ya no queda nada más que pueda salir. Me sujeto a la taza del váter, deseando despertar de esta pesadilla.

Y ahora lo sé: prefiero ser víctima a verdugo. Que, por mucho que lo intente, jamás seré mi padre, porque lo siento, siento cómo lo poco que quedaba de mí está completamente marchito.

Darío se acerca al baño riendo.

—Chico, una vez tengas el puesto de tu padre harás esto varias veces al día, así que vete haciendo a la idea. Eso sí, las próximas veces tendrás que tomar toda la iniciativa, no podemos estar drogándote todo el rato. Es un coñazo.

¿Dro…? ¿QUÉ?

Las palabras de Darío no paran de dar vueltas en mi cabeza. Recuerdo su llegada al bar, me invitó a una copa y luego… nada. Absolutamente nada más.

Tremendo hijo de puta, me puso algo en la bebida.

Entonces, tomo la decisión. Yo me iré de este mundo, pero a él me lo llevaré conmigo, porque me ha quitado lo poco que me quedaba. Sé cuáles van a ser las consecuencias antes de hacerlo, pero ahora mismo no me importa nada más.

Me pongo en pie, llevo mi puño atrás y le doy un puñetazo en la nariz. El sonido que emite al romperse es muy desagradable, pero se lo tiene merecido. En cuanto Darío se estabiliza, comienza a manar la sangre a chorros, pero él no se inmuta; una sonrisa continúa adornando sus labios.

—Parece que la nenaza comienza a hacerse hombre. A tu padre le encantará saberlo —dice mientras se encamina hacia la puerta, dejando un rastro de sangre tras de sí.

Me dirijo a la cama a soltar a Rose, pero Darío me frena en seco.

—Yo que tú no haría eso. Tu padre está llegando, chico.

Mierda.

A Rose le espera el peor de los futuros y yo no puedo hacer absolutamente nada para cambiarlo.

Esta noche se quedará como un buen recuerdo al lado de todo lo que está por llegar y eso solo me da más ganas de abrir la ventana y dejarme caer, porque no puedo evitar pensar que absolutamente todo lo que pase en su vida de aquí en adelante será solo culpa mía.