A tu lado en la oscuridad (Bilogía Oscuridad 2) Capítulo 17
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Capítulo 17

Silas

Cuando nos estamos acercando al despacho de mi padre, una mano me sujeta el hombro, obligándome a parar y girarme. Knox se pone en mi campo de visión con el ceño fruncido, ¿En serio que le extraña mi comportamiento? ¿Qué mierda esperaba?

—¿Qué coño quieres, Knox?

—Saber qué cojones te pasa en este momento por la cabeza, Silas.

—Absolutamente nada, creo que todo está bastante claro.

—¿Todo el qué?

Me preparo para soltar por la boca toda la mierda que se me ocurre debido al enfado que todavía llevo encima, cuando escucho una tos nada disimulada que proviene de detrás de Knox. Darío aparece por la derecha de mi amigo.

—Vuestro padre os espera —comenta a disgusto—. No entiendo por qué lo estáis haciendo esperar.

Dicho esto, se da media vuelta y se encamina a la puerta del despacho de mi padre, pretendiendo que vayamos tras él.

Knox vuelve a sujetarme por el hombro mientras me dice en voz baja:

—Esta conversación no ha terminado aquí, Silas. No sé qué mierda te pasa, ni todo por lo que has pasado ahí dentro, pero siempre he estado aquí para ti. No será distinto ahora.

Y aún se regodea el tremendo hijo de puta.

—Tranquilo, créeme que he notado que has estado ahí para mí. Has estado muy ocupado conmigo.

Si las miradas mataran, la mirada que Knox me dedica me hubiera fulminado, pero ya no somos dos críos y no va a marearme más. Estoy hasta los cojones.

Aparto de malos modos su mano de mi hombro y entro en el despacho sin llamar.

—Aquí me tienes, padre.

Mi padre se encuentra trabajando detrás de su mesa, la de siempre. Por lo que puedo ver, en todo el tiempo que no estuve las cosas no han cambiado demasiado por aquí, aparte de que Knox es ahora una de las personas de más confianza de mi padre.

Sostiene en una mano un vaso de su whisky favorito mientras un puro espera en el cenicero a seguir siendo fumado. La habitación apesta a humo, alcohol y putas. El olor es inconfundible; mi padre lo lleva por bandera.

Los ojos de mi progenitor me devuelven la mirada, pero su cara me sigue demostrando el asco que me tiene. Sigo sin entender por qué no me mata ahora que tiene un sucesor tan claro.

—Si mi sangre no corriera por tus venas, ya hubieras encontrado sepultura en los bosques que rodean la Fortaleza.

Esta es la única oportunidad que vas a tener.

Si en algún momento en tu vida siento que quieres dejarme atrás, huir de mí, de mi control, de la Fortaleza…

Si quieres abandonar a tu familia otra vez, te meteré bajo tierra sin dudar.

El tremendo hijo de puta no duda en dejarme claro que sabía lo que quería hacer en todo momento en el orfanato. Simplemente me apetecía tener un poco de tiempo para mí fuera de estas paredes, saber quién soy sin un horario. Se ve que no es una opción para mí.

—Lo entiendo, padre.

No pienso decir más que eso, hasta ahí van a llegar mis disculpas. No voy a rogar por mi vida como sé que está buscando. No lo haré. No tengo mi vida en tan alta estima como para rogar por ella, y menos ante él. Que me mate si es lo que quiere, así al menos dejaré de tener una vida de mierda.

Pero no me pondré de rodillas por él, jamás.

No le suplicaré nunca. Antes prefiero meterme una bala entre ceja y ceja.

—Al menos te has dado cuenta de que tu vida no vale más que la de cualquiera de mis otros hijos. —exhala el humo de su puro—. Dejando esto a un lado, te he hecho llamar porque tenemos novedades en el caso del orfanato.

—No tenía constancia de que seguíais investigando sobre eso.

—Por supuesto, no voy a permitir que nadie me quite a mis hombres. Aunque nos ha costado encontrar a la persona que tenían infiltrada dentro del orfanato: se hacía pasar por uno de los niños que vivían allí.

¿De verdad les ha tomado años descubrir lo que yo hice en una puta noche?

Pero me mantengo en silencio, porque si mi padre se entera de que lo sabía y no dije nada durante todo el tiempo que estuve metido en el búnker, será peor y volveré bajo tierra. Así que encierro mis ganas de reírme de ellos y mantengo mi rostro serio.

—Hemos conseguido seguirlo hasta una casa que frecuenta de forma regular, generalmente cada tres meses.

Sabemos que el hombre que vive ahí tiene que tener algo que ver con lo que está ocurriendo pero, en los registros, la propiedad pertenece a una mujer, y a él no hemos conseguido verle la cara.

No podemos entrar sin más porque no sabemos si es él quien está al mando, ni qué es lo que hace.

Si la cagamos, podríamos poner sobre aviso a quien estamos buscando.

Cabeceo hacia un lado, solicitando permiso para poder intervenir. Mi padre accede con un movimiento de cabeza.

—La persona que está infiltrada, ¿no ha podido acercarse y fingir ser su amigo para poder descubrirlo? —Las palabras salen por mi boca con más veneno del que pretendía, pero no me arrepiento.

La cabeza de Knox se gira y abre los ojos de par en par, parece que por fin va comprendiendo el motivo de mi enfado. Pero ni una sola palabra sale por su boca; sabe tan bien como yo que ahora no es el momento.

—No, solo ha conseguido seguirlo sin joder la tapadera, por si hay alguien más dentro de ese orfanato jodiendo. Ese es el único motivo por el que ya no estás bajo tierra y te irás de nuevo a investigarlo, pero esta vez Darío irá contigo. Se quedará lejos, pero observando cada uno de tus pasos.

—Está bien, padre. Estoy a tus órdenes.

—No confío en ti. Solo quiero que lo sepas. Largaos de mi vista antes de que cambie de idea.

Knox y yo nos encaminamos hacia la puerta para salir de aquí cuanto antes y dejar atrás la puta cara de mierda de mi padre.

—Zeke, tráeme a una. Me apetece divertirme un rato. Mi hijo me ha quitado las ganas de vivir, tengo que hacer otro.

Zeke nos impide el paso para ir a cumplir la orden de mi padre mientras Knox y yo nos miramos a la cara. En ella se refleja todo el asco que sentimos en este momento. Pero un grito de mi padre nos sorprende a ambos.

—Asegúrate que sepa bailar, Zeke, no como la última. —Se gira para mirarnos—. Tuve que matar a la maldita puta.

No abro la boca, Knox tampoco. Ni siquiera sabemos qué coño decir, solamente nos apresuramos a la puerta para poder salir rápido de esa maldita habitación.