Capítulo 16
Silas
El agua de la ducha corre sin parar mientras camino de un lado a otro dentro de mi baño.
Knox me espera sentado sobre mi cama, al otro lado de la puerta.
No me puedo creer que me haya fallado de ese modo, que yo me haya fallado de ese modo a mí mismo abriéndome a él, confiando en él.
Su traición me ha dolido más que todo el tiempo que he pasado encerrado en ese búnker.
Se cuentan con los dedos de una mano las personas en las que he confiado, y nunca ha salido bien.
No sé por qué pensé que esta vez sería diferente.
Supongo que algo en mi interior me decía que no debía de fiarme de Knox, ese es el motivo por el que no le conté lo que había bajo mi cama.
No compartí con él el único sitio donde siento que puedo ser yo mismo, sin máscaras, sin corazas. Simplemente, Silas.
Pero su traición me ha dolido más que nada. Más que cualquier cosa que me hubiera podido hacer mi padre hasta ahora… Se metió dentro de mi cabeza… Pensé que tenía un amigo. Quizá tenía demasiadas ganas de tenerlo. Pero no podía estar más equivocado.
Por eso nunca debes confiar en nadie. Eres tú y solo tú contra el mundo. Cuanta menos gente, mejor.
Unos golpes en la puerta del baño me sacan del bucle de pensamientos que giran sin parar en mi cabeza.
—Silas, debes darte prisa, tu padre nos espera y no queda demasiado tiempo.
Y me habla como siempre, como si no hubiera pasado nada. Hay que joderse.
Abro la puerta de la ducha con demasiada fuerza y se estrella contra el cristal contrario.
No se rompe de milagro, y no hace nada por menguar el cabreo que tengo.
Me meto bajo el chorro de agua y pongo la temperatura lo más caliente que mi piel puede soportar.
Esta se llena de rojeces, pero necesito un poco de dolor físico para escapar de lo que empieza a nublarme la mente y lidiar con la traición de Knox.
Aunque ni todo el agua caliente del mundo puede evitar que una lágrima termine resbalando por mi mejilla.
Paso el puño con fuerza por mi moflete quitándola rápidamente y haciendo como si nunca hubiera estado ahí.
Cuando salgo del baño, me encuentro con que Knox sigue exactamente en la misma postura que lo dejé. Me encamino a mi armario para coger la ropa y vestirme, pero antes de que consiga llegar, siento la presencia de Knox en mi espalda.
—Lárgate, Knox.
Se frena en seco, una ceja en lo alto, como si mi comportamiento no tuviera sentido para él.
—¿Qué mierda te pasa?
—Que te largues.
Supongo que nota el tono, porque se va y vuelve a ocupar su puesto anterior sentado sobre mi cama.
En cuanto estoy vestido, nos encaminamos a través del patio a la casa de mi padre, directos a su despacho.
Ya en la puerta de su edificio, se nos acercan dos guardias que, al verificar que Knox va a mi lado, nos permiten el paso.
¿En quién mierda se ha convertido esta persona?