Capítulo 10
Silas
He tardado más de lo que me gustaría, pero al fin he conseguido dar con el archivo de la información que necesito.
Únicamente verifico lo que ya sabía, pues coincide a la perfección con la que nos habían facilitado las monjas: el chaval se llama Jake, pero ni él ni su hermana viven ya en el orfanato.
Ambos salieron de aquí antes de que Knox fuera llevado a la Fortaleza.
Reviso el expediente de Knox y compruebo que toda la información que él me facilitó y que yo encontré es correcta. Lo que solo hace que todo me resulte más extraño.
Tanto Jake como Madison huyeron del orfanato sin dejar ninguna pista tras de sí.
En el registro consta la antigua dirección, donde residían con su madre.
Iré a comprobar la vivienda, pero dudo que estén allí.
Hace demasiados años y estoy seguro de que si tuvieran alguna propiedad, habría salido algún familiar lejano para hacerse cargo de ellos y poder quedarse con la casa.
Por lo que era de alquiler o algo pasó con la propiedad que ya no les pertenece, estoy seguro.
Por mucho que me joda, voy a tener que hacer uso de la señorita del bar de nuevo, porque la información que me han proporcionado los archivos no es suficiente.
Está claro que las monjas quisieron entregar a Knox para poder cobrar la suma que mi padre había pagado por Jake, ya que este huyó.
Pero no es normal una huida de ese modo, y menos cuando ya tenía gente vigilándolo, por lo que estoy seguro de que hay más mierda por medio. Aquí algo huele muy raro.
Lo que parecía algo sencillo acaba de complicarse bastante más, y estoy seguro de que a mi padre es algo que no le va a gustar ni lo más mínimo. Seré portador de tan malas noticias, así que esperemos que tenga un buen día.
Salgo del despacho dejando todo tal cual lo encontré. Necesito que las cosas sigan por aquí tal cual, que nadie sospeche de que alguien ha entrado y la vida en el orfanato pueda seguir como hasta ahora.
Me dirijo al otro lado de la sala de profesores, pero antes de dejar la llave bajo la maceta, saco de mi bolsillo trasero una caja plateada que tiene dentro una masilla.
Coloco la llave sobre ella, aprieto y deja el molde exacto de la llave para que pueda sacar una copia por si a alguien se le ocurre cambiarla de sitio.
La escondo bajo la maceta, donde estaba, y me dirijo a la puerta.
Asomo la cabeza, mirando a cada lado; agudizo el oído buscando cualquier posible ruido que pudiera delatar a alguien que camine por los pasillos.
Cuando me cercioro de que no hay nadie, salgo para encaminarme a la puerta, siguiendo el recorrido que me enseñó la profesora al entrar.
Consigo salir del orfanato sin cruzarme con nadie, pero cuando me estoy dirigiendo al patio exterior, donde está la valla con el trozo levantado para poder salir del recinto, escucho voces que intentan ser sigilosas, pero no lo son.
Una de las dos profesoras que estaban en el bar se dirige hacia la valla acompañada de un niño bastante más pequeño, pero que habla con ellas como si fuera uno más.
Interesante.
Los dejo entrar sin delatar mi posición, escondido tras un árbol.
Cuando pasan, sigo con mi ruta hacia mi moto del modo más sigiloso posible.
Ya en ella, levanto la pata de cabra y me la llevo calle abajo, ya que es una chica demasiado ruidosa para encenderla aquí; terminaría por poner en alerta a más de uno.
Cuando considero que la distancia es suficiente, me monto sobre ella y me dirijo al hotel. Me merezco una buena noche de descanso.