Capítulo 1
Silas
Abro los ojos cuando la luz que se cuela por las cortinas me impide seguir durmiendo. Cada parte de mi cuerpo chilla de dolor, pero eso no impide que me levante de la cama y empiece mi día.
Me meto en la ducha con la esperanza de que el agua caliente me destense un poco los músculos, y aunque hace algo, el alivio es poco, por no decir ninguno.
Salgo envolviéndome una toalla blanca alrededor de la cintura y me acerco al espejo.
Mis ojos negros me devuelven la mirada y aunque intento resistirme a bajarla a mi torso, siempre me termina pudiendo la curiosidad.
Tengo tantas zonas de colores morados, amarillos y verdes, que casi no consigo recordar el verdadero color de mi piel.
Un grito emitido desde el pasillo me pone en marcha, y comienzo a hacer todo a la carrera; lo último que quiero es llegar tarde y añadir otro color a mi pecho.
Cuando llego al comedor, ya hay varios de mis hermanos sentados a la mesa. Cada vez somos más en esta fortaleza, como sigamos con este ritmo, vamos a terminar hacinados.
Me siento en mi sitio de siempre, a la cabeza de una de las mesas y mirando de frente al hombre que más odio en este mundo. Jamás le daré la espalda, porque sé que me apuñalaría por detrás sin dudar un solo segundo.
El resto de mis hermanos tienen una relación de amor/odio con él.
No conmigo; a mí me dan todo el odio que deberían dirigirle a él.
Ser el único hijo biológico de este desgraciado hace que los demás crean que tengo privilegios que ellos no, cuando la realidad es bastante diferente.
Ellos no ven que de mí hace un ejemplo, que si conmigo, que soy su sangre, es más duro, los otros aprenderán mejor.
Empezamos a comer lo mismo de todos los días: unas putas gachas con avena que no pueden ser más asquerosas. Me meto una cucharada en la boca e intento tragar cuando el reclutador hace acto de presencia y se acerca corriendo a mi padre.
—Señor, solicito permiso para hablar. —No puedo evitar poner los ojos en blanco… Putos pelotas.
—Informe —contesta mi padre de malos modos por ver interrumpido su menú de fruta y huevos para desayunar.
—Hemos conseguido sacar del orfanato al último de los niños que solicitó. Aunque me temo que no parece tan duro como los primeros informes nos habían hecho saber.
—Las monjas me dijeron que era un gran hijo de puta que la tenía tomada con su hermana, así que es posible que sea muy bueno ocultándolo todo. Llévalo a hacer las pruebas de resistencia. Veamos de qué es capaz.
Y así, la vida de otro pobre desgraciado llega a su fin.
Mi padre se levanta y hace señas para que prestemos atención.
Cada vez que un nuevo hombre cruza esas puertas nos da el mismo discurso.
Estoy cansado de escuchar esta mierda, cansado de oír todas las mentiras que salen de su boca.
Pero lo que más me duele es ver como todos lo creen con los ojos cerrados.
—Os recuerdo que sigo buscando a la persona que se haga cargo una vez me jubile.
—No puedo evitar poner los ojos en blanco, como si no lo supiera ya—.
Todos y cada uno de vosotros podéis ser el elegido.
Solo tenéis que demostrar vuestra valía.
Espero que deis lo mejor de vosotros en el entrenamiento de hoy. Fuera.
Como siempre, él alentando el compañerismo…
Algún día, toda esta gente sabrá realmente cuál es su trabajo, la mierda que hacen, y espero que para entonces, nos unamos para poder derrotar a mi padre y a todo aquel que está por encima de él.