A través del tiempo y del Atlántico Capítulo 38
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Capítulo 38

T al como Ismael predijo, anoche nos movimos a una zona de obras mientras nuestros perseguidores inspeccionaban esta, para después volver y permitirnos dormir unas horas.

Mi trabajo me costó convencerle de que me dejase el walkie-talkie y descansase mientras yo hacía junto a Nate la primera guardia.

—Nate, quería pedirte perdón por involucrarte —aseguré cuando solo quedábamos los dos despiertos.

—Helena, si cada vez que alguien malo actúa, los buenos creemos que lo ocurrido es culpa nuestra, jamás se harán responsables de sus actos.

Durante un rato, charlamos bajito sobre nuestras infancias, lo ocurrido con mi familia y el corazón tan grande que Derek ha demostrado tener, hasta que Ismael despertó y nos obligó a tumbarnos sobre unas lonas de pintor que rescatamos en nuestro escondite anterior.

Con el pecho de Nathan tras mi espalda, y sus brazos rodeando mi cintura, siento su aliento en mi oído.

—Vida, debemos movernos.

Me desperezo, me coloco el odioso vestido que pesa cómo tres trajes de novia actuales y nos disponemos a intentar localizar a mi suegro.

Tres horas después, ya con el barco atracado, la frustración se adueña de Nathan.

—¡Era casi imposible moverse con esa gente en cada esquina y sabiendo que habían conseguido acceso a las cámaras —información obtenida gracias a los valiosos transmisores— y ahora esto!

No me gusta admirar a la mala gente, pero he de reconocer que Eleanor es una mujer astuta, que ha sabido ver lo que una decena de hombres a su servicio no han hecho.

Estábamos a punto de salir a comprobar una pequeña zona aislada, en la que por descarte había muchas posibilidades de que mi suegro se encuentre retenido allí, cuando un mensaje por los walkie-talkies lo ha cambiado todo.

—Logan, Drew y Alison, la jefa nos quiere en su camarote, ¡ya! El resto seguid buscando. ¡Es un puto barco y no se han tirado por la borda! ¡Encontradlos!

Unos minutos después, fuimos testigos lejanos de la discusión que acontecía, pues el contacto de Case dejó el transmisor encendido.

—Luego te llamo, recuerda nuestro trato, si mi familia cae, la tuya también…

La voz de mi suegra de fondo corrobora que se ha saltado la norma implícita que han firmado todos los pasajeros: no subir ningún aparato electrónico ni teléfono móvil para que la experiencia sea totalmente inmersiva y realista.

Al igual que sus secuaces con los transmisores.

Tras un pequeño silencio, la voz autoritaria de Eleanor se hace con todo el espacio a los dos lados del aparato.

—¿Doce hombres buscando durante una noche entera y no sois capaces de encontrarlos?

—Señora, hemos peinado el barco dos veces, no hay ni rastro de ellos —se excusó Davis, el mayor desleal de Case y quien usurpó su puesto sin titubear.

—¿Y no habéis pensado por qué?

—¿Qué quiere decir?

—¡Que o tienen acceso a las cámaras o saben lo que hacéis en tiempo real!

En ese momento, Smith irrumpió en la conversación, reportando su ubicación.

—¡Imbéciles! Apagadlos, seguro que Case tiene uno.

—¡Mierda! Esto nos deja a ciegas —se ha lamentado el aludido justo a mi lado hace menos de dos minutos, antes de que Nathan se dejase llevar por el desánimo.

—Bien, el plan C ha fallado, por lo tanto, solo nos queda el D —explico parándome frente a los cuatro hombres que parecen estar bajo el influjo de la impotencia y desesperación.

Tras contarles el plan, Ismael me mira y asegura:

—Yo me quedo, necesitaréis a alguien que os cubra. Derek y Nate pueden valerse por sí solos fuera. Les daré cobertura hasta confirmar que han bajado del barco y volveré a buscaros. Si os movéis de aquí, volved al caer la noche, será nuestro punto de encuentro.

No voy a negar que, pese a haberle dicho a Ismael que se baje, saber que estará con nosotros me hace ser algo más optimista respecto a que el plan no fracasará estrepitosamente.

Sin móviles ni internet, estamos atrapados en esta burbuja de 1912.

La experiencia inmersiva del Titanic Phoenix ha eliminado cualquier conexión moderna, incluso para los pasajeros, si quitamos a mi suegra.

Lo único que nos quedaba es la radio del barco y llegar a ella, custodiada por dos guardias de la bruja, no parece una opción.

Una vez bajen Nate y Derek, no podremos denunciar lo ocurrido hasta que mi periodista favorito no acceda a su copia de seguridad, y sin comunicación para saber si lo han logrado, solo nos queda una opción… De ahí mi descabellada idea que pronto sabremos si funciona o no.

Han pasado largas horas de tensión e incertidumbre, pese a que no quise involucrar a Liam Miller, el operario de máquinas, no me quedó otra opción, pues a ciegas y solos Nathan y yo, necesitaba alguien que me avisase si había movimiento fuera de esta pequeña sala.

Gracias a eso hemos podido ocultarnos justo a tiempo tras un tablero que Liam nos ayudó a desanclar de la pared.

El cansancio y la tensión de estos días está mermando mi capacidad de raciocinio, escucho ruidos extraños cada segundo, y el tintineo de las luces tampoco ayuda a que mi mente logre centrarse.

—Vida, tienes que dormir, yo vigilo, mañana será un día largo y complicado —asegura Nathan acariciando mi pelo.

—Lo que necesito es ducharme y ponerme ropa limpia —arrugo la nariz pues pese a lo mucho que le quiero ambos comenzamos a oler a humanidad confinada.

En ese instante, Ismael aparece por la puerta seguido de Liam.

—Chicos, nos vamos —asegura Case.

—¿A dónde?

—A mi cuarto, si conseguís pasar sin que os detecten las cámaras podréis descansar esta noche, mi compañero y yo tenemos turno de guardia.

Y dudo mucho que entren en un dormitorio cerrado bajo llave de la tripulación —explica Liam, con ese aire seguro que siempre parece inundar su actitud y sus palabras.

Me asombra la facilidad que tiene Ismael para identificar los lugares en donde hay cámaras, la misma que tiene para hacernos mover por ángulos muertos.

Está claro que quien diseñó el sistema de seguridad no lo hizo de forma exhaustiva, más bien como forma de que los pasajeros de hoy en día se sintiesen seguros.

Algo de lo que me alegro y de lo que nos estamos beneficiando.

Tras entrar en el pequeño dormitorio compartido, compruebo con regocijo que aquí no parece que estemos en un barco de hace un siglo, esta zona es moderna y funcional, perfecta para que los empleados descansen entre sus turnos. Liam, antes de marcharse, explica:

—Esa es mi cama, podéis usarla. En el armario hay mantas y toallas limpias.

Ahí está el baño y sobre la mesa os he dejado comida caliente, imagino que lleváis días malcomiendo.

Tranquilos, la cocinera es mi hermana —responde antes de que yo pregunte, guiñándonos un ojo con complicidad—.

¡Ah!, lo olvidaba, bajo la cama hay una caja con lo que me pediste.

—Me dice sonriendo antes de salir por la puerta para seguir con su trabajo.

No creo que Liam esté a más de dos pasos de la puerta cuando yo ya estoy abriendo el grifo de la ducha. Nunca sabes lo básico que puede ser algo en tu vida hasta que llevas tres días sin poder cambiarte de ropa interior.

Tras enjabonarme a conciencia, lavarme los dientes y colocarme parte de la ropa limpia que Liam ha dejado bajo su cama, Nathan, entrando en el baño, me avisa:

—Vida, ve a cenar que se está enfriando, yo ya he terminado, voy a ducharme.

Salgo con energía renovada, sintiéndome casi como una persona distinta, y cuando veo el caldo de pollo y el asado que me aguarda, a punto estoy de llorar de alegría.

Ismael se ha emperrado en hacer la primera guardia y yo he sido incapaz de negarme. Tras la ducha y con el estómago lleno, ahora mismo soy como un bebé que necesita desesperadamente dormir.

Me despierto acurrucada entre los brazos de Nathan. Con cuidado de no despertarle, me deshago de su abrazo, deslizándome fuera de la pequeña cama de noventa en la que hemos dormido.

—Ismael, descansa, yo hago guardia —digo, obligándole a dejar la silla en donde, de frente a la puerta, lleva horas sentado—. Dame el arma.

—¿Recuerdas lo que te enseñé anoche? —pregunta, tendiéndome el objeto.

—Sí. Aquí se quita el seguro, aquí se pone y así se sostiene —repito siendo una alumna ejemplar.

—Espero que nunca debas usarla —susurra tumbándose sobre unas mantas tras la silla.

Que largos pueden ser los minutos cuando estás atrapada entre la penumbra y el silencio.

No dormirme me ha costado bastante, por eso he dado gracias cuando Nathan se ha despertado, tomando asiento en la silla y sosteniéndome en su regazo.

No hemos hablado para no despertar a Ismael, sin embargo, acariciarle el brazo o dejarme acariciar el cabello, sintiéndole cerca, ha hecho la guardia más llevadera.

La llave encajando en la cerradura hace que me ponga en pie, con Nathan imitándome.

—Dámela —ordena Ismael saliendo del sueño de forma abrupta.

—Buenos días, mi compañero no tardará en venir, debéis moveros —asegura Liam cerrando la puerta tras él.

—¿Volvemos a la sala?

—No es buena idea, esta noche han pasado unos hombres ofreciendo recompensa por información acerca de vosotros.

Os llevaré al camarote de mi hermana, allí podéis aguardar hasta que los pasajeros despierten y empiece la fiesta…

—Sonríe de forma cómplice antes de volver a abrir la puerta y salir tranquilamente.

Tras una pequeña señal de que tenemos la vía libre, comenzamos un recorrido rápido y calculado hasta un pasillo cercano, en donde una mujer madura de ojos oscuros y pelo rizado nos espera dentro de su dormitorio.

—Hola, soy Amanda Miller, encantada de conoceros —saluda de forma cálida, haciéndome dar las gracias al cosmos por haber topado con esta familia maravillosamente desinteresada y buena.

—Gracias por todo —le digo a Liam antes de que nos deje solos con su hermana.

—Debo ir a las cocinas, aquí podréis aguardar hasta la hora del desayuno, apenas falta una hora. —Nos señala un reloj que reposa sobre su mesita de noche y antes de despedirse, declara—: Os deseo toda la suerte del mundo.